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Adelfopoiesis



La adelfopoiesis ―conocida en latín como fraternitas iurata y ordo ad fratres faciendum― era una ceremonia practicada por varias iglesias cristianas durante la Edad Media e inicios de la Época Moderna en Europa para «hermanar» o «unir espiritualmente» a dos personas del mismo sexo (habitualmente hombres).

El término adelfopoiesis (literalmente ‘hacer hermanos’) proviene del griego ἀδελφός (adelfós), ‘hermano’, y ποιῶ (poió), ‘hacer’.

La primera noticia moderna que se tiene del rito de la adelfopoiesis (en eslavo pobratimstwo) es de 1914, cuando Pável Florenski[1]​ publicó el libro The Pillar and the Ground of The Truth: An Essay in Orthodox Theodicy in Twelve Letters y citó los elementos clave de la liturgia del rito:

Una de las oraciones, que se recitan durante la ceremonia, es la siguiente:[cita requerida]

En la Iglesia católica, los sacerdotes rara vez participaban en tal rito hasta bien entrada la época moderna, ya que no fue introducida hasta el Concilio de Trento. Asimismo, la ejecución efectiva fue mucho más tardía en algunos países. Esto y algunos otros hechos hablan en contra de que el rito de la adelfopoiesis ―en latín ordo ad fratres faciendum―, tuviera una gran implantación en Occidente. Sin embargo todavía se pone en práctica en la Iglesia católica antigua.

Si no era en el marco de una misa y ante un sacerdote, los «hermanos» juraban de todas formas sobre un altar y lo anunciaban a la comunidad en la puerta de la iglesia. Pero más que el juramento, era el enterramiento común lo que daba una vertiente religiosa al «parentesco artificial». De la extensión de esta práctica son testigo los cementerios ingleses e irlandeses, en los que se pueden encontrar numerosos enterramientos con los nombres de dos hombres.[2]​ Las inscripciones son a menudo una muestra del cariño que se tenían: «El amor los unió en la vida. Que la tierra los una en la muerte».

Una de las fuentes más tempranas que describe el rito en el Occidente latino es el escrito de propaganda antirlandesa Topográphica hibérnica, de Giraldus Cambrensis (1146-1223).[3]​ Se trata de una exageración satírica que trata de imputar a los irlandeses la perversión del rito cristiano con elementos paganos:

Doscientos años después de la polémica de Geraldus sobre los ritos de hermanamiento irlandeses, se encuentra el siguiente texto en una crónica oficial de los años de la guerra civil sobre el primer encuentro de Eduardo II de Inglaterra (1284-1327) y Piers Gaveston (1284-1312):

Ese tipo de descripciones tenían un modelo en la Biblia, concretamente en David y su «hermano» Jonatán:

También la literatura mundana elevó el amor entre dos hermanos de sangre al ideal romántico. Esto lo demuestran innumerables obras, que, en parte, contenían relatos populares, como la historia de Horn y su hermano jurado Ayol, Adam Bell, el romance entre Floris y Blancheflour, el Guy of Warwick o la balada de Bewick y Graham.

Otro ejemplo es la versión de Amys y Amylion realizada por un sacerdote en latín antes del siglo XIV. Amys y Amylion, siendo una mezcla de literatura religiosa y secular, es una saga popular que se ha encontrado en diversas culturas desde la India hasta el Atlántico. En su versión cristianizada trata de dos hermanos de sangre que lucharon para Carlomagno y que tras su muerte fueron enterrados por separado. Pero en el transcurso de la noche los cadáveres se movieron hacia el otro y a la mañana siguiente se les encontró acostados uno al lado del otro. De forma similar a la inscripción funeraria mencionada más arriba, la historia comenta «Así como Dios los había unido en vida a través de la armonía y el amor, así no quiso que estuviesen separados en la muerte».

Debido a la relativa uniformidad con la que fue empleada la fórmula, se puede suponer que se trata de una referencia al Evangelio según Mateo, donde Jesucristo funda la indivisibilidad del matrimonio con las palabras: «Pues bien, lo que Dios unió no lo separe el hombre» (Evangelio de Mateo, capítulo 19).

El rito del hermanamiento o adelfopoiesis ha ganado en relevancia entre los historiadores que se ocupan de la historia de la homosexualidad en los últimos años, ya que ha modificado la imagen que se tenía de la Edad Media y el inicio de la Edad Moderna. El historiador y escritor estadounidense John Boswell (1947-1994) tomó la institución como demostración de que el cristianismo no siempre fue contrario a la homosexualidad en su libro Same-sex unions in premodern Europe (Uniones homosexuales en la Europa premoderna), también publicada como The marriage of likeness (El matrimonio de semejanza). Boswell da el texto y la traducción de una serie de versiones de esta ceremonia en griego y la traducción para una serie de versiones en eslavónico. Sin embargo, Boswell presupone una acepción moderna de la homosexualidad, que en la Edad Media no tenía sentido alguno: la consideración del homosexual como una tipología de persona.

El historiador británico Alan Bray (1948-2001) estudió la adelfopoiesis con más detalle, tomando como base las fuentes inglesas. En su obra póstuma The friend intenta reconstruir la institución desde el punto de vista y la sociedad medieval. Relaciones de parentesco «artificiales», de las que el hermanamiento parece no ser más que una variante, tenían una función central en el apuntalamiento horizontal de la familia en los hogares premodernos. No solo se defendían con las armas el uno al otro, lo que en la sociedad feudal era un aspecto que no se puede sobrevalorar, sino que los hermanamientos unían familias completas, por lo que tales amistades eran a menudo fomentadas por los padres. Así, si uno de los hermanos se casaba más tarde y tenía hijos, el hermanamiento servía de elemento de seguridad: si uno de los hermanos moría, el otro estaba obligado a apoyar la familia de su hermano de sangre con los medios que tuviera disponibles. Similar era la institución de la compaternitas (padrino), por la que la responsabilidad de los hijos —que durante su juventud vivían a menudo en varios hogares— se colectivizaba hasta cierto punto.

Debe destacarse que la institución no fue concebida como alternativa al matrimonio. El hermanamiento no debe verse como una institución exclusivamente romántica, sino que debe considerarse bajo los aspectos de seguridad material y personal, a pesar del marco literario y litúrgico que resaltan el amor y la fidelidad.

Los teólogos cristianos se interesan a menudo por la cuestión de si tales uniones fueron «castas», sobre todo como consecuencia del trabajo de Boswell, que interpretan a menudo como un ataque a sus doctrinas.[4][5]​ La pregunta no se puede contestar de forma generalizada con las fuentes existentes. Alan Bray lo dice de la siguiente manera:



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