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Agorista



El agorismo es una teoría política sobre cómo alcanzar una sociedad anarquista de mercado usando una estrategia revolucionaria llamada «contraeconomía»[1][2]​ (uso del mercado negro para obtener una revolución pacífica) y una búsqueda de la superación del trabajo asalariado[3][4]​ a través del autoempleo.[5]

Esta teoría fue planteada por Samuel Edward Konkin III en su obra, Manifiesto neolibertario,[6]​ publicado en 1980. Anteriormente, la filosofía se presentó en la novela de ficción de J. Neil Schulman, Alongside Night de 1979, que se inspiró para retratar las ideas de Konkin en la forma de ficción al estilo de la novela de Ayn Rand, La rebelión de Atlas.[7]

El término agorismo fue acuñado Samuel Edward Konkin III y deriva del griego antiguo ἀγορά (ágora), que se refiere a un lugar abierto para asamblea y mercado en las polis (ciudades-Estado de la Antigua Grecia).[8]

Los primeros proponentes del agorismo provienen de los «rothbardianos de izquierda» —inspirados por Murray Rothbard—, una facción del movimiento libertario que se rehusaba a participar de la política electoral del Partido Libertario que, por iniciativa de Konkin, usaba el término «izquierda» para referirse al espíritu revolucionario anti-partidos,[9][10][11]​ para restaurar y continuar la alianza entre el libertarismo y la Nueva Izquierda estadounidense,[12][13]​ designando Konkin como derecha al gradualismo en los métodos y el reformismo en los objetivos.[14][9]​ Sin embargo esta caracterización como izquierda no es aceptada por algunos académicos, como David DeLeon, que consideran que los anarquistas que hacen hincapié en «el individualismo de mercado no regulado» (anarquismo de mercado), son ''libertarios de derecha'', mientras los libertarios de izquierda son anarcosocialistas.[15][16]

Para algunos agoristas, siguiendo una terminología sugerida por Konkin a inicios del siglo XXI, el libre mercado es distinto y contrario al capitalismo.[17]​ Konkin argumentó que estaba adoptando esa nueva e inusual terminología para retomar el uso dado a esas palabras a inicios del siglo XIX por Thomas Hodgskin.[18]​ No todos los agoristas parecen haber seguido a Konkin en este cambio de significado de términos.

El agorismo defiende la consecución de una sociedad anarquista a través de la masificación de la economía informal: la «contraeconomía». Esta masificación deberá conducir al desarrollo de un sector privado con la fuerza defensiva suficiente para protegerse del Estado y abolirlo.[19]​ En general, los agoristas son abstencionistas y se oponen a las reformas políticas.[20]​ En cambio, subrayan la importancia de estrategias alternativas a la política de partidos para lograr una sociedad libertaria. Tales estrategias alternativas consisten de una mezcla de educación y acción directa de tipo empresarial e informal.

Konkin describe de la siguiente manera los distintos tipos de mercado dentro de la teoría agorista:[21]

Por otra parte, Konkin señala que el mercado blanco también son actividades de mercado bajo el control del Estado y el «imperativo agorista es transformar el blanco en negro», es decir, sacar esas actividades fuera del control del Estado por medio de la contraeconomía.[4]

Los agoristas mantienen la teoría de que las clases están separadas unas de otras sobre la base de los beneficios que obtienen de la existencia del Estado, muy similar a la teoría liberal de las clases sociales usada por Rothbard. Los agoristas hacen una distinción en tres partes, entre las víctimas del Estado, neutrales y estatistas.

Konkin alegó que, si bien estas tres clases son diferentes, hay anarcocapitalistas que suelen confundir la primera y la segunda así como los «marxoides y colectivistas vulgares» confunden las tres.[9]

La oposición agorista a la votación se diferencia de otros anarquistas de mercado, como Murray Rothbard, quien defendió el acto de votar.[22]​ Rothbard denunció abiertamente el agorismo de Konkin, alegando: «Toda la teoría de Konkin habla sólo de los intereses y preocupaciones de las clases marginales que están autoempleadas. La gran mayoría de la gente son trabajadores asalariados a tiempo completo: son gente con trabajo fijo. El konkinismo no tiene por tanto nada que decir a esta gente. Por tanto, adoptar la estrategia de Konkin sólo sobre esta base sería un callejón sin salida para el movimiento libertario. No podemos triunfar si no hay posibilidad de hablar de las preocupaciones de la gran mayoría de los asalariados en este y otros países».[23]

Konkin respondió a parte de esa crítica diciendo que no niega «el beneficio histórico del trabajo asalariado», pero cree que la sociedad de contratistas independientes que él propone es un avance significativo en la organización social.[4]



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