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Amado González Hevia



Amado González Hevia, conocido como "Favila", es un pintor y escultor español, nacido en Grado, Asturias, en 1954.[1][2][3]

Amado González Hevia, Favila, nacido en Grado e hijo del escultor Amado González Fernández, ha asumido su oficio como la persistencia en el tiempo del ambiente artístico en el que se crio. Su niñez discurrió entre los muros del taller moscón de su padre, jugando con las pinturas, dibujando sobre el estuco de los muros, amasando y modelando la arcilla que posteriormente su progenitor convertiría en boceto escultórico.

La pintura no apareció en su vida como resultado de una vocación latente pero escondida, sino que supuso la continuidad natural de su discurrir vital, en cierto modo empujada por un padre que había renunciado por circunstancias personales a trasladarse becado a Madrid para completar su formación. Y mientras colaboraba siendo un adolescente en el taller avilesino paterno, comenzó los estudios en la Escuela de Artes y Oficios de Avilés al tiempo que recibía clases de Santarúa, quién incidiría en una formación rigurosa y académica del joven Favila. Una y mil veces el dibujo, la construcción y la valoración del objeto como forma primitiva de conocimiento de un arte que, a la postre, le llevaría hacia el camino que su disposición personal y creatividad le indicase.

Residía en Avilés desde 1966, hasta 1975. La formación avilesina le permitió comenzar los estudios de Bellas Artes, y así partió para Valencia (Facultad de Bellas Artes de San Carlos), tal y como él reconoce, tras los pasos de la tierra de su tan admirado Sorolla. En ella se tituló en 1980, destacando Favila de esta etapa de formación las clases de dibujo al natural, anatomía y dibujo del movimiento, enseñanzas que reaparecen en su producción cuando se enfrenta a los grupos humanos. En la capital del Turia también se acercó a la creación de Benlliure estudiando con admiración los bocetos y moldes que de sus esculturas se conservaban. Así fue como el museo de la ciudad se convirtió en su segunda casa. [4]

De regreso a Asturias y asentado de nuevo en Avilés, entró a formar parte del equipo docente de la Escuela de Artes y Oficios, tras capacitarse para ello en la misma Valencia, compatibilizando las clases hasta 1986 con su taller en la calle de Rivero. A pesar del incendio de la Escuela, mantuvo la actividad educativa tanto en institutos como en el estudio referido, regresando al centenario centro avilesino una vez reabierto en 1995. Tan importante para él han sido las enseñanzas oficiales como las impartidas particularmente, y destacados discípulos de Favila, formados en uno u otro ámbito, han visto reconocida su labor, un magisterio que aún mantiene compatibilizándolo con cursos intensivos para alumnos de las escuelas de arquitectura como de las de Bellas Artes, y con la docencia especializada en algunos temas o géneros como puede ser el retrato.

Sea el ámbito que sea Favila sostiene que su método docente se basa en la formación académica, en el rigor transmitido por Santarúa y que él sintetiza en dos palabras: dibujo y valoración. Considera que la formación de un joven artista debe incidir en la construcción de la forma, en las proporciones y el claroscuro, eso le permite crear de forma académica, pero al tiempo le genera un poso que sabrá manejar en el futuro por cualquiera que sea el camino elegido y en cualquier manifestación y sabiendo que con ese fundamento siempre será una elección consciente. Para alcanzar estos objetivos considera necesario un seguimiento directo del alumno, unas normas básicas que reitera hasta la saciedad y para las que se sirve del dibujo basado tanto en modelos clásicos como en objetos cotidianos. Lo que nos rodea tiene validez para el aprendizaje, que fructifica en sus discípulos en una etapa inicial de claras referencias al maestro pero que con el tiempo, tal y como él les transmite, abandonarán para encontrar su identidad.

Y con todo, Favila tiene una producción elevada de obra fundamentalmente al óleo o acrílica siempre en lienzo de lino sobre el que mejor discurre el pincel. Normalmente su piezas son de tamaño medio, pues suele trabajar en el formato de 81 x 100 cm., sin embargo no desprecia el pequeño formato y en menor medida las creaciones de grandes dimensiones como se aprecia en la obra destinada a la Cofradía de Pescadores de Avilés o en los trabajos que actualmente ejecuta para su aventura americana. Y junto a ellos, también se ha atrevido con encargos de entidad como los destinados a la Iglesia de El Cristo o la Plaza de toros de Oviedo donde la tauromaquia, objeto de su interés, es protagonista como lo fue en otras obras de pequeño formato.

Y si éste es el continente, su característico contenido está definido por la figuración, un pretexto y en ocasiones un reto, pues para él cualquier cosa es susceptible de llevar al lienzo, si bien reconoce el gusto preferente por ciertos temas que le llevan a una producción continuada, sin etapas, en las que crece con mayor confianza en el uso del colorido y la complicación de la composición, una labor en la que persevera aún en la actualidad. No obstante, esa figuración no es la forma única de expresión de su espíritu indagador. Existe otro Favila, aún no conocido por el público, que se sirve de la abstracción para plasmar sus inquietudes personales, un “pintor de jazz” que improvisa sobre la superficie.

Pero en la obra que ahora nos muestra aparece como lector de cuanto le rodea susceptible de ser elevado a la categoría de motivo artístico, y parece encontrar con frecuencia en la arquitectura de su entorno inmediato disculpa para la creación. Rincones conocidos de Avilés, calles de Oviedo, arquitecturas singulares de villas y pueblos asturianos sirven de tema para conjugar los verdaderos verbos con que se escribe su pintura; para componer y trazar, para encajar, para soltar la mano y construir. Sobreponiéndose a un dibujo que el artista valora enormemente y que se evidencia en el encaje, es la pincelada, ancha, generosa las más de las veces, la que edifica o reedifica sobre el lienzo los caños de Rivero y la Capilla de San Pedro, la avilesina Iglesia de los Padres, Galiana, la plaza del Ayuntamiento de Oviedo o la Calle Magdalena.

Una pasión levantina por la luz que entre otras cosas le llevó a la Escuela de San Carlos de Valencia, siguiendo la pincelada larga, empastada y vigorosa de Sorolla late en toda su obra. Pasión por la luz y su captación en todos sus matices; en su carácter cambiante al aire libre, en la humedad suspendida de la atmósfera asturiana, pero también en la penumbra y en la elaborada luz artificial de escenas interiores. Entre estas últimas destacan los interiores de bares avilesinos de solera como Casa Lin o Casa Tataguyo, que pudieran leerse como reedición a escala de los locales parisinos que tanta atracción tuvieran sobre los primeros impresionistas. De hecho, realizará obras en el mismo Avilés, Oviedo o Pillarno concebidas como decoración interior de algunos de estos locales.

Familiarizado en Avilés con las escenas portuarias, Favila tiene algo de cronista pictórico de la actividad pesquera. Lleva al lienzo escenas de descarga de pescado, tareas de pesca y marisqueo o del trasiego del puerto, con sus mariaxes entre maromas y redes. Muy próximo en ocasiones a conocidos pintores asturianos del realismo despliega al completo en otros casos los rasgos de su personal factura y que afecta no sólo a los temas pesqueros sino que también es latente en sus marinas. Bio de Favila.

La herencia de la pintura asturiana precedente se hace especialmente evidente cuando es el mundo rural el que se convierte en motivo pictórico. La huella de Piñole y aún más la de Mariano Moré se percibe en sus romerías; el uso del color, la textura y la composición de Telesforo Cuevas late en la arquitectura popular de sus quintanas. El propio autor confiesa que “la vida al completo es objeto de su interés pictórico”; una vida que se manifiesta en las bulliciosas calles abundante de figuras que retrata en más de una obra, en los mercados donde late siempre la impronta de su tierra de origen, Grado, o en las calles vestidas y vividas de carnaval en Avilés.

Algunos de los personajes que pueblan estas calles se convierten en protagonistas de las telas; titiriteros, músicos o arte- sanos, son al tiempo retratos nominales y anónimos, pericia en la captación de los rasgos y cita genérica. Pero su producción no concluye en el lienzo. El compromiso de este autor con el tejido asociativo asturiano y su versatilidad como artista le llevará a realizar también trabajos artísticos en el ámbito del cartelismo, la ilustración o la escenografía, manteniendo en cada uno de ellos los inconfundibles rasgos del oficio de Favila.

En abril de 2009 el Ayuntamiento de Grado, aprobó en Junta de Gobierno, dar su nombre a una calle de la urbanización de El Palmeral, en la capital del concejo.[2]

En su obra pictórica destacan las obras: Arcos, Cine, Charanga, Fiesta, Mariscando, Músicos, Paisaje, Picador, Siesta, Sidrería, Oviedo, Romería, Galla, Rula vieja de Avilés, Saxo, Echador de sidra y Carnaval de Avilés.[2]​ Respecto a su obra escultórica, cabe mencionar entre muchas: Alejandro Casona, Lolita Pluma y Tinerfeño.[2]

Sin fecha:

Participa en las exposiciones que el Colectivo de Pintores Avilesinos organiza cada año en el pub Biblos de Avilés.[2]

«Homenaje al minero».[2]



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