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Antonio de Espinosa



Antonio de Espinosa (nacido en 15¿? en Jaén, España) Fue el segundo impresor de la Nueva España y es considerado el mejor tipógrafo del siglo XVI.

Antonio de Espinosa era originario de Jaén, España, su padre fue Miguel de Espinosa y su madre Sabina Gutiérrez, tuvo cuatro hermanos, dos hombres y dos mujeres. En 1550 era mayor de diecisiete años y menor de veinticinco; nació, desde luego, entre 1526 y 1532.[1]​ Aprendió el oficio en Alcalá de Henares, Granada y Sevilla y por lo menos en un periodo de seis años, se forma como cortador de punzones.[2]​ Fue aprendiz de Juan Canalla en 1547, de Jáen.[3]​ Llegó a la Nueva España en 1550. Se casó y tuvo una hija llamada María Espinosa. Murió en el año de 1576.

Juan Pablos fue el primer impresor de la Nueva España, trabajando en el taller de Juan Cromberger, al morir éste su familia ignoró el negocio. Entonces Juan Pablos escribió al virrey Antonio de Mendoza manifestándole que la imprenta no le daba para vivir y que se sostenía de la merced a las limosnas que recibía.[4]​ En 1548 Juan Pablos recibió en préstamo 500 ducados de oro de Bartolomé Fontana, factor en México del comerciante florentino Baltasar Gabiano, residente en Sevilla.[4]​ Con el dinero mejoró la imprenta y contrató a Tomé Rico como “tirador” (prensista), a Juan Muñoz como “componedor” (cajista) y a Antonio de Espinosa como “fundidor cortador”, acompañándolo Diego de Montoya, posiblemente su ayudante. Cuanto Espinosa trabajó en el taller en 1554, remplazó los caracteres góticos por tipos romanos y cursivos y también utilizó grabados en madera. La prosperidad de la imprenta de Juan Pablos debió excitar la codicia de Espinosa, pues durante los años que trabajó en ese taller, tuvo conocimiento de las ventajas y desventajas de la empresa. Una de las grandes ventajas de que gozaba Pablos consistía en haber obtenido prórroga a la licencia de los Cromberger para ejercer con exclusividad el arte de la imprenta en la Nueva España: el virrey don Antonio de Mendoza le había otorgado el monopolio por ocho años, prolongándolo luego cuatro años más. Don Luis de Velasco, su sucesor, hizo extensivo en 1554 este privilegio por otros cuatro años. De este modo, la licencia era válida hasta 1558, y con tal seguridad, no debió Juan Pablos preocuparse mucho por su monopolio. [5]

Antonio de Espinosa, sabía que era difícil terminar con el monopolio de Juan Pablos en México, así que viajó a España llevando el caso ante el Consejo de Indias junto con otros impresores Antonio Álvarez, Sebastián Gutiérrez y Juan Rodríguez, diciendo que Juan Pablos siendo el único impresor de la Nueva España no sé preocupaba por la calidad de los libros y los vendía a precios muy altos. En la corte de Valladolid se encontró a Martín Córtes, el segundo marqués del Valle y no mucho tiempo después obtuvo la cédula con la cual acababa con el monopolio de Juan Pablos. Espinosa no regresaría inmediatamente de España pero con él llegan algunos de sus hermanos.

Al llegar Espinosa a México, exhibía sus cédulas y las presentaba al virrey don Luis de Velasco y a la Real Audiencia, el 2 de agosto de 1559:

<<En la ciudad de México, a dos días del mes de agosto de mill e quinientos y çinqüenta y nueue años antel muy illustre señor don Luis de Velasco, visorrey e gouernador, capitán general por su Magestad en esta Nueva España y presidente en la Audiencia Real, pareçió Antonio de Espinosa, vezino desta ciudad, presentó esta cédula de su Magestad, librada en su real Consejo de Yndias, y pidió della cumplimiento; y por su señoría vista, la tomó en sus manos, dixo que le obedezía y obedeçió con acatamiento y rreuenrencia deuida, y en quanto al cumplimiento della, quél está presto de hazer y cumplir lo que por ella su Magestad manda. Y que así se asiente por auto.- DON LUIS DE VELASCO.- Pasó ante mí, ANT[ONI ]O DE TURÇIOS.>>[6]

Tenía su establecimiento en la casa que hoy es la No. 2 de la Calle de S. Agustín.[7]​ El primer libro que imprimió fue Grammatica Maturini del Fray Maturino Gilberti.

En 1572 María Sansoric, al ser procesado su esposo Pedro Ocharte por la Inquisición, se queda a cargo del taller y se asocia con Antonio de Espinosa para acabar de imprimir dos obras Pasionero y Antifonario Dominical.

La imprenta de Antonio de Espinosa, después de su muerte, es heredada a María Espinosa en 1576, ella renta el equipo a Pedro Balli y luego de veinticinco años es devuelto. Se casa con el tipógrafo Diego López Dávalos, quien dirige el taller de 1597 a 1602 en el Convento Franciscano de Tlatelolco. Para el año 1605 Diego López Dávalos había obtenido las imprentas de Juan Pablos, Pedro Ocharte y Antonio de Espinosa, además usaba el sello de Antonio en algunas ediciones.[8]​ Luego vendió los enseres de la imprenta a Diego Garrido, posteriormente su viuda traspasó el taller a Diego Gutiérrez, que trabajó con la viuda de Bernardo Calderón y posiblemente allí lo cedió a Manuel de los Olivos. Así terminó la actividad de la imprenta de Antonio de Espinosa, que había sido la mejor equipada de la nueva España en el siglo XVI.[9]

Impresos realizados por Antonio de Espinosa (1559 – 1576)


Impresos de los cuales no se han encontrado ejemplares.

Desde el año inmediato siguiente de 1566, Espinosa introdujo en la tipografía mexicana la práctica, antes no acostumbrada, de poner en los libros que imprimía un escudo de armas, habiendo sido el primero en que lo estrenara el tratado De Sacramentis de fray Bartolomé de Ledesma.[10]​ De éste, Espinosa hizo dos grabados diferentes. Representan un ancla atravesando una calavera de vaca con cuernos rotos; la calavera está fijada al ancla por una cinta que pasa por las órbitas y los cuernos, y la parte inferior de la misma ancla tiene un anillo con un cartucho que lleva las iniciales A. E. En el grabado grande, el anillo superior del ancla lleva una cinta, la cual no se encuentra en el grabado pequeño. En ambos, el escudo está colocado dentro de un marco.[11]​ Además algunos escudos contenían una frase que dice: Virtus in infirmitate perficitur I. Corinthiorum. II. (La virtud es conseguida en la debilidad) ubicada en una de las Epístolas paulinas, Corinthios II-12; 8 y 9.



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