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Asociación de Estudiantes Católicos



La Asociación Católica de Propagandistas (ACdP) es una asociación privada de fieles católicos españoles cuyo modo de perseguir el ideal religioso es la propagación de la fe católica y el apostolado, formando e instando a minorías selectas destinadas a dirigir la vida pública de la sociedad y la acción social y política de los católicos, entre los que ejercerían un papel aglutinante; interpretando en clave de dirigentes y dirigidos los conceptos evangélicos de "levadura" y "masa".[1]​ La organización, con el nombre de Asociación Católica Nacional de Jóvenes Propagandistas (ACNdJP), fue fundada en 1909 por el sacerdote jesuita Ángel Ayala.[2]

De la ACdP han nacido la Editorial Católica; la Confederación Nacional de Estudiantes Católicos; la primera Escuela de Periodismo de España, vinculada al diario El Debate; los diarios Ya, Hoy de Badajoz e Ideal de Granada; el Instituto Social Obrero; la Biblioteca de Autores Cristianos (BAC); el Instituto Social León XIII; Cáritas Española; la Asociación Pío XII de agricultores; la Escuela de Ciudadanía Cristiana de la Iglesia; los congresos y jornadas Católicos y Vida Pública; el Colegio Mayor Universitario San Pablo de Madrid y la que es la principal obra de la ACdeP en la actualidad, la Fundación Universitaria San Pablo CEU (antiguo Centro de Estudios Universitarios -CEU-), de la que hoy dependen tres universidades (San Pablo de Madrid, Cardenal Herrera de Valencia y Abat Oliba de Barcelona) así como diez colegios de primaria y secundaria en Madrid (3), Valencia, Barcelona (2), Alicante, Murcia, Sevilla y Vitoria, además de diferentes centros de posgrado, una escuela de magisterio y dos escuelas de negocios.

Durante la dictadura franquista, los propagandistas constituyeron una de las familias más influyentes del régimen, especialmente tras la derrota del Eje en la Segunda Guerra Mundial y el desplazamiento de los sectores falangistas en beneficio del nacional-catolicismo representado por los propagandistas, hasta la aparición de los tecnócratas del Opus Dei. Tras el Concilio Vaticano II, algunos propagandistas, como Joaquín Ruiz-Giménez se convirtieron en moderados opositores al franquismo, en tanto que otros, integrados en el grupo Tácito, presionaron en favor de la reforma del régimen. Muchos propagandistas tuvieron un papel muy influyente durante la Transición, llegando uno de ellos, Leopoldo Calvo-Sotelo a la presidencia del Gobierno.

La Asociación Católica de Propagandistas tiene su origen en un grupo de congregantes marianos de los Luises de Madrid, que reúne el 4 de noviembre de 1908 el padre Ángel Ayala, jesuita. El deseo que había manifestado el nuncio de la Santa Sede en España, monseñor Vico, al padre Ayala era la fundación de la Juventud Católica Española. El nombre original fue el de Asociación Nacional de Jóvenes Propagandistas. Un año después, tras un periodo de activa propaganda, el grupo se fue cohesionando y se celebró el primer acto de imposición de insignias. Fue el 3 de diciembre de 1909, en una ceremonia a la que acudió el cardenal Vico y que tuvo lugar en la iglesia de Areneros que los jesuitas tenían en la calle Alberto Aguilera de Madrid. El primer presidente de la asociación fue Ángel Herrera Oria. La Asociación lograría movilizar a los católicos, a través de mítines y el uso de la prensa.

El 1 de noviembre de 1911 se inicia, bajo la dirección de Ángel Herrera y en el seno de la Asociación, una segunda época de El Debate, que había sido fundado un año antes. Para esta nueva etapa del periódico se funda la Editorial Católica, de notable importancia en el mundo de la comunicación en los años venideros. Durante la II República se intensificó la actividad política de los propagandistas que ya con anterioridad habían participado en la creación del Partido Social Popular e incluso habían tenido responsabilidades en los gobiernos del Directorio militar del general Primo de Rivera. La Asociación de Propagandistas no era política, pero sus miembros podían y debían serlo, según sus aptitudes y exigencias de las circunstancias. Y como éstas lo exigieron imperiosamente, se prestaron a tomar parte en ella sus elementos más destacados. Junto al intelectual católico Ramiro de Maeztu, tres propagandistas, Eugenio Vegas Latapie, Víctor Pradera y José María Pemán, fundaron en octubre de 1931 la sociedad cultural Acción Española. Esta sociedad fundó una revista con el mismo nombre como revista doctrinal católico-monárquica cuyo primer número apareció en diciembre de 1931. El último número regular publicado fue el 88, de junio de 1936. También en 1931, la ACdP participa en la creación de Acción Nacional, que luego por imperativo legal pasó a llamarse Acción Popular y cuyo líder principal fue el propagandista salmantino José María Gil-Robles.

Las Cortes constituyentes de 1931 contaron con cinco propagandistas como diputados, Ricardo Cortés en las listas de Acción Nacional, José María Gil-Robles y José María Lamamie de Clairac por el Bloque Agrario, el nacionalista vasco José Antonio Aguirre (que sería el primer lehendakari del gobierno vasco en 1936) y el tradicionalista Marcelino Oreja Elósegui por la Minoría Vasco-navarra.

En 1933, Ángel Herrera es designado presidente de la Junta Central de Acción Católica. En 1933, se crean el Centro de Estudios Universitarios (CEU), embrión de lo que hoy son las universidades San Pablo de Madrid, Cardenal Herrera de Valencia y Abat Oliba de Barcelona, y el Instituto Social Obrero, del que Ángel Herrera es nombrado primer presidente. “Fue una Escuela Social Obrera donde se formaron muchos de los directivos que luego intervinieron en el C.E.S.O. (Confederación Española de Sindicatos Obreros), y antes en la F.E.T. (Federación Española de Trabajadores)”.

En las elecciones de noviembre de 1933, fueron elegidos diputados unos 34 propagandistas, unos 30 en las listas de la CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas) de la que Acción Popular es el grupo más importante, José Antonio Aguirre y Marcelino Oreja por la minoría vasco-navarra, Santiago Fuentes por Renovación Española y José María Lamamie de Clairac por el grupo agrario. Por Badajoz salió elegido el propagandista sevillano Manuel Giménez Fernández entrando a formar parte del gobierno, un año después, como ministro de Agricultura. El propio Marcelino Oreja Elosegui moriría asesinado en la revolución de 1934 a manos de miembros del comité revolucionario. En 1935 Ángel Herrera, tras veintiséis años como presidente, dejó el cargo de presidente de la ACdP, siendo elegido como sustituto Fernando Martín Sánchez.

En mayo de 1936, poco antes de la sublevación militar que dio origen a la Guerra Civil, Ángel Herrera se trasladó a la universidad suiza de Friburgo para cursar los estudios necesarios para su ordenación sacerdotal.

La Guerra civil española supuso un importante quebranto, tanto material como de vidas humanas, para la ACNdP. Más de ochenta propagandistas fueron fusilados por distintas fuerzas en la retaguardia republicana. Entre ellos destaca el propio Secretario General de la Asociación y del CEU, Luis Campos Górriz, proclamado beato por la Iglesia católica, el exministro Federico Salmón, el diputado Víctor Pradera y el fundador de las JONS, Onésimo Redondo. El diario El Debate fue incautado y los archivos de la Asociación, destruidos. Salvo contadas excepciones, la inmensa mayoría de los propagandistas apoyaron la sublevación militar activamente. Una excepción notable fue el exministro Giménez Fernández que residiendo en Chipiona, incluso, estuvo a punto de ser fusilado por falangistas y requetés[3][4]

En los inicios de la dictadura franquista destacó un reconocido miembro de la ACNdeP, Máximo Cuervo Radigales, que era miembro del Cuerpo Jurídico Militar y que fue nombrado director general de Prisiones por el régimen.[5]​ Máximo Cuervo reorganizó los servicios carcelarios primero en la zona sublevada y luego, acabada la contienda, en todo el territorio español.[6]​ También destacó como fundador de la Biblioteca de Autores Cristianos (BAC) junto a José María Sánchez de Muniain.[7]

Al terminar la Guerra Civil, tanto Ángel Herrera (ya sacerdote y párroco en la diócesis de Santander) como el propio Gil-Robles cayeron en el ostracismo ante el predominio que en el régimen de Franco ostentaron los sectores azules de la Falange, hostiles a la línea nacionalcatólica que encarnaba la ACNdeP. Pero la situación cambiaría tras la derrota del Eje, que obligaría a Franco a desplazar a Serrano Súñer y su círculo de falangistas. El general Franco requirió entonces el apoyo de la Iglesia católica española para darle un aire nacionalcatólico al Régimen y así granjearse el aval de la Santa Sede para salir del aislamiento internacional. De acuerdo con esta nueva política, la ACNdeP pasaría a copar los puestos ministeriales en los gobiernos de Franco. En 1945 fue nombrado ministro de Asuntos Exteriores el propagandista Alberto Martín Artajo. Otros ministros propagandistas de Franco fueron José Larraz López (Hacienda), José Ibáñez Martín (Educación), Joaquín Ruiz-Giménez (Educación), Fernando María Castiella (Exteriores) y Federico Silva Muñoz (Obras Públicas). Alberto Martín Artajo fue el artífice del Concordato con la Santa Sede del año 1953. Hasta el año 1957 el tono político de los consejos de ministros de Franco lo habría marcado la ACNdeP[cita requerida] bajo el liderazgo primero de Fernando Martín Sanchez y luego de Francisco Guijarro y Alberto Martín Artajo.

En 1957 se produjo un cambio sutil en los equilibrios internos de poder de la dictadura ante el desafío falangista al orden nacionalcatólico que supuso la propuesta de José Luis de Arrese, secretario general del Movimiento Nacional. La pugna sorda establecida entonces entre falangistas y propagandistas la solventó Franco eligiendo apoyarse en un tercer sector, el de los tecnócratas del Opus Dei con el almirante Carrero Blanco, Gregorio López Bravo y Laureano López Rodó como cabezas visibles.

En 1947, Ángel Herrera Oria fue consagrado como obispo de Málaga, siendo Pío XII el papa en aquel entonces. En 1952, Herrera Oria fundó el Instituto Social León XIII y son también fundaciones suyas en ese periodo las escuelas rurales de Málaga, la Asociación Pío XII de agricultores y la Escuela de Ciudadanía Cristiana de la Iglesia. En 1957 el secretariado nacional de Acción Social de la ACNdeP creó el embrión de lo que sería Cáritas diocesana en España. En 1967, Herrera Oria sería nombrado cardenal por Pablo VI, falleciendo al año siguiente. Su muerte marcó el final de la época más destacada de la ACNdeP y el comienzo de una época de desconcierto y debilitamiento, en el seno del profundo debate interno que provocó en España el posconcilio, con la revisión del nacionalcatolicismo hasta entonces imperante, del cual la ACNdeP había sido el principal baluarte entre los laicos con su liderazgo de la Acción Católica.

Tras el Concilio Vaticano II y el cambio de paradigma político que supuso para los católicos, un grupo de propagandistas con Joaquín Ruiz-Giménez a la cabeza se pasa a la oposición al régimen de Franco, con iniciativas como la fundación de la revista Cuadernos para el Diálogo, en la que se daría cabida a la oposición democristiana al régimen. También participarán en el llamado «Contubernio de Múnich» los propagandistas José María Gil-Robles e Íñigo Cavero, mientras que el propagandista José María Pemán evolucionando hacia posturas monárquicas juanistas en esos años. En contraste con esta línea de oposición democristiana, el también propagandista Blas Piñar se convirtió en adalid del llamado "bunker" del Régimen, la línea dura defensora de las esencias nacionalcatólicas del franquismo. Sin embargo, Blas Piñar terminó por pedir la baja en la Asociación, en desacuerdo con su línea cada vez más crítica con la dictadura.

En 1973 se creó en el Colegio Mayor San Pablo el grupo Tácito, el cual tuvo un papel relevante en la etapa final del franquismo y principios de la Transición. Este grupo aglutinó a un selecto grupo de propagandistas crítico con el Régimen de Franco, muchos de los cuales terminarían por formar parte de los gobiernos de la Democracia. La presencia de propagandistas fue importante en esta etapa en la fundación de Alianza Popular (con Federico Silva Muñoz jugando un papel destacado) pero, de manera especial, en la creación de la Unión de Centro Democrático, que ganó las elecciones de 1977. Bajo el paraguas de la figura del cardenal Tarancón, la ACdP se convirtió entonces en un baluarte de la Democracia Cristiana española,[cita requerida] pues muchos de sus miembros fueron ministros en los gobiernos de Adolfo Suárez. Marcelino Oreja en Exteriores consiguió la firma de los acuerdos Iglesia-Estado de 1979 que siguen hoy vigentes. José Manuel Otero Novas en Educación, Landelino Lavilla en Justicia, Alfonso Osorio en Presidencia e Íñigo Cavero (futuro presidente del Consejo de Estado) también en Justicia fueron otros ministros de los gobiernos de la UCD que realizaron un destacado papel en la Transición junto a Fernando Álvarez de Miranda, que presidió el Congreso de los Diputados entre 1977 y 1979. Con todo, la principal responsabilidad política asumida por un propagandista en estos años fue la Presidencia del Gobierno de España asumida por Leopoldo Calvo-Sotelo en 1981.

Más adelante, jugaron un papel reseñable en la política española los propagandistas militantes del PP Jaime Mayor Oreja (ministro del Interior y cabeza de lista al Parlamento Europeo) y Eugenio Nasarre (diputado en el Congreso y portavoz de Educación del PP). En 2006 fue nombrado por la Conferencia Episcopal Española presidente ejecutivo de la cadena COPE el expresidente de la ACdP Alfonso Coronel de Palma.



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