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Averly



Averly fue el taller más grande de Aragón en fundición industrial y artística en hierro fundido y bronce. Suministró maquinaria para la industria, la agricultura, la sanidad y el transporte. También fundió obras artísticas, ornamentales y de mobiliario urbano. Está situada en Zaragoza.

En enero de 1853 el francés Antonio Averly y Françon constituyó junto a Goybet, Montgolfier, y los banqueros zaragozanos Villarroya y Castellano, la Sociedad Maquinista Aragonesa (S.M.A.) (razón social Julio Goybet y Cía), instalando en el barrio de Torrero de Zaragoza un taller dotado con turbina hidráulica de 15 CV con el objeto de dedicarse a la fundición y construcción de máquinas.[1]

La fundación de la empresa se enmarcaró en la apertura financiera y bancaria del Bienio Progresista y en las facilidades creadas para las inversiones exteriores. Por esas fechas, y durante la década de los sesenta, pequeños establecimientos de fabricación de hierro y de fundición atendían una escasa demanda local y regional.[2]

En 1861 se produjo la reestructuración de S.M.A. sobre una nueva base de capital y se trasladaron a un nuevo edificio que se situó en la que había sido la Torre de la Baronesa de la Menglana, frente al Camino de Miraflores, próximo al zaragozano paseo de las Damas.[1]

En 1863 Antonio Averly inició otra etapa con la apertura de talleres propios en la calle San Miguel de Zaragoza.[1]

En 1875 se constituyó la sociedad Juan Mercier y Cía para dedicarse a la fundición de todo tipo de piezas y donde Averly era el administrador y principal propietario, y Mercier se ocupó de dirigir los trabajos de fundición. En 1876 formó la sociedad Averly, Montaut, Bardey y Cía con talleres en la calle de la Torre para construir maquinaria de molinería, fábricas de harinas, etc.

En 1880 se produjo el traslado a unas nuevas instalaciones en Campo Sepulcro, junto a la estación de ferrocarril, donde hoy sigue. En 1886, coincidiendo con el surgimiento de las grandes empresas siderúrgicas vascas, le llevó a fundar en Bilbao la fábrica Averly y Cía. Fundiciones y Construcción Mecánica del Nervión, ubicándose próxima a los altos hornos y junto al ferrocarril de Portugalete, taller que llegaría a tener mayor número de trabajadores que el de Zaragoza.[1]

En 1900 ocupaba 10 000 metros cuadrados, de los que unos 4.000 estaban edificados. Los edificios eran: viviendas, oficinas, taller de mecanización y montaje, calderería, carpintería y modelos, almacén, fundición y dependencias. Parte de los mismos permanecen en la actualidad.[2]

En 1903 Antonio Averly dejó la dirección de todos sus negocios en manos de sus hijos y la empresa pasaría a llamarse Hijos de Antonio Averly. En 1912 Fernando Averly se convirtió en el único propietario y director y la empresa pasó a llamarse Hijo de Antonio Averly.[1]

En 1918 se convirtió en sociedad anónima, Averly S.A., y pasó a ser dirigida por Faustino Bea hasta 1960, año en que le sustituyó Guillermo Hauke Bea.[1]

A comienzos del siglo XX, tenía una capacidad de fundición de 4.000 kg. por hora y contaba con 140 operarios. Fabricaba raíles para tranvías, turbinas hidráulicas en notable cantidad y grado de especialización, engranajes, poleas, cojinetes, toda clase de elementos de transmisión, miles de ruedas dentadas de diversos modelos y aplicaciones, material sanitario especializado, maquinaria e instalaciones de molinería, panadería, extracción de aceites y vinos, generadores y autoclaves de vapor, instalaciones para riegos y diverso material para la agricultura, como arados, etc.[2]

La fundición aragonesa participó destacadamente en la Exposición de 1908 en Zaragoza, y cuenta en su haber con más de sesenta medallas otorgadas en exposiciones nacionales y extranjeras, como Chicago, Londres, París, La Haya, Bruselas (1910), Esmirna, Suez y El Cairo.[2]

Dado el desarrollo de la ciencia y de la tecnología en España y en Aragón a fines del XIX y principios del XX, Averly contó siempre, como la gran mayoría de las empresas españolas de cierta envergadura, con el trabajo y la asistencia de ingenieros y técnicos extranjeros: los ingenieros franceses Jules Foucault (1870-h. 1900) y Luciano Mietton; Luis Butticar, ingeniero suizo; Constantino Roy, delineante francés; Francisco Laborie, maestro fundidor francés; Amadeo Mercier, ajustador francés; Guillermo Dur, ajustador austriaco y Ramón Roux, forjador francés. Averly tuvo un marcado carácter de escuela de formación de trabajadores.[1]

La actividad industrial de esta empresa, desde los años sesenta del siglo XX, estuvo centrada fundamentalmente en la fabricación de prensas rápidas con accionamiento hidráulico autónomo de elevada producción, para embutición, estampación, forja, fabricación de refractarios, etc., y equipos para el pretensado del hormigón, material de laboratorio para ensayos de hormigones y bancos de pruebas para ensayo de prefabricados de hormigón. En los años ochenta el encarecimiento de la energía motivó una reactivación de la especialidad de turbinas hidráulicas.[2][3]

En fundición industrial realizaba piezas de todo tipo de fundición gris, fundición nodular y fundición perlítica hasta 5 Tm. Principalmente se fundían pequeñas series y piezas unitarias como bancadas, engranajes, poleas, palancas, placas, cuerpos de bomba, piezas para turbinas, rodetes de turbinas y bombas, reductores y tuberías especiales.[3]

A lo largo de toda la trayectoria de Averly, su carácter de proveedor de bienes de equipamiento y consumo para todo tipo de industria, comercio, agricultura o infraestructura y mobiliario urbanos, conllevó una muy variada actividad productiva. Desde la provisión de materias primas o elaboradas, la fase proyectiva y elaborativa de los distintos productos con toda la problemática de diseño de piezas adaptadas a las instalaciones que posee el cliente y su puesta en funcionamiento, potencia necesaria de las máquinas, transporte, etc., hasta las de publicidad, contabilidad y control de entradas y salidas, tamaño y peso de piezas, tiempo de fabricación y otros muchos aspectos, pueden seguirse detalladamente a lo largo de las distintas series documentales de su archivo.[1]

Averly fue un medio de canalización o introducción de tecnología desde Europa: métodos, técnicas de trabajo y maquinaria. Esto se comprueba por la amplitud de su biblioteca y colección de revistas técnicas con que llegó a contar su oficina.[1]

Junto con los productos metálicos de uso industrial, en Averly se desarrolló muy especializadamente la fundición artística. Algunos ejemplos a resaltar sobre el escenario urbano zaragozano:

Tuvo una gran actividad en la fundición de mobiliario urbano y ornamentación:

En 2013, la constructora Brial compró la fábrica para construir pisos, respetando únicamente lo que había sido declarado Bien de Interés Cultural (la vivienda de la familia y la entrada principal).[4]​ Se creó una plataforma ciudadana para salvar las naves de Averly.

La Dirección General de Patrimonio de la Gobierno de Aragón catalogó solo el 30% de la propiedad. En febrero de 2014 las Cortes de Aragón desestimaron dos proposiciones no de ley que pedían catalogar la totalidad de la vieja factoría zaragozana.[5]

En julio de 2014, la Gerencia de Urbanismo del Ayuntamiento de Zaragoza suspendió el derribo por un procedimiento administrativo.[5]

Finalmente, en julio de 2016, Brial comenzó los trabajos de demolición de las naves no catalogadas dentro del conjunto de Averly.[6]

Desde 1863 en Averly se encuentran buena parte de relevantes aspectos de la historia económica regional y un material indispensable para la historia del arte y del urbanismo.[2]​ En el fondo documental de Averly están:



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