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Baltasar Ibán



Baltasar Ibán es la ganadería brava fundada por el empresario madrileño Baltasar Ibán Valdés en 1957 y que está inscrita dentro de la Unión de Criadores de Toros de Lidia.[1]​ Las reses, que pastan en la finca "Cortijo Wellington", en el término municipal de El Escorial (Madrid), por la singularidad de su procedencia, disponen de un encaste propio, que parte de sangre de origen Domecq y Jijona-Contreras.[2]

Los toros de Baltasar Ibán se distinguen por tener una muesca en ambas orejas como señal, además de lucir divisa sobre el morillo con los colores rosa y verde. El hierro de la ganadería supone una superposición de las grafías "B" e "I", en alusión al nombre de su primer propietario: Baltasar Ibán Valdés.

La ganadería obtuvo su antigüedad, tras lidiar una novillada completa en la Plaza de toros de Las Ventas, el 15 de agosto de 1957, y que lidiaron Miguel Mateo Miguelín, Roberto Ocampo y José Luis Lozano.[3]

La parte Jijona que corresponde a la ganadería de Baltasar Ibán procede de la venta que, en 1925, se hizo de la antigua vacada de Vicente Martínez, una de las más prestigiosas de esta casa. Uno de los lotes fue a parar a Pedro Fernández Martínez quien, a su vez, la vendería a María Montalvo, esposa de Antonio Pérez-Tabernero; y el otro recabó en manos de Julián Fernández Martínez quien en 1929 se deshizo de las reses, vendiéndoselas a Jerónimo Díaz Alonso, quien formó su ganadería con estos animales juntamente con los que, por otra parte, había adquirido de Fernando Sánchez Rico. Las reses de las disponía éste, eran, en efecto de procedencia "Contreras", es decir de la ganadería que había conformado Juan Contreras Murillo con anterioridad a 1920.

En manos de Díaz Alonso estuvo la ganadería hasta 1939, momento en el que la adquirirá para sí Manuel González Martín, conocido como Machaquito. El éxito que obtiene este nuevo ganadero llevará a que empiece a vender parte de sus reses a otros propietarios que estaban conformando sus propias ganaderías, como ocurre con los hermanos Ángel y Rafael Peralta o con el empresario madrileño Baltasar Ibán quien, en 1957, adquirirá algunos lotes del citado hierro de origen Jijona-Martínez.[4]

Sostiene García Sánchez que, "por la cortedad de pitones y el peligro de la consanguinidad" el nuevo ganadero Baltasar Ibán decidiera acudir a otros encastes para conformar el tipo de toro deseado. Así, en 1969, junto a su socio Antonio Arribas, adquieren la ganadería de María Antonia Fonseca, de origen puramente Domecq.

El empresario Baltasar Ibán Valdés había probado fortuna en 1952 promocionando la construcción de un gran hotel de lujo en el centro de Madrid como era el famoso Hotel Wellington, situado en la calle Velázquez.[5]​ A raíz del éxito cosechado en éste y otros negocios decide dedicar parte de sus ganancias y beneficios a la crianza del toro bravo, creando para ello una ganadería capaz de articular un toro bravo con las características de la tauromaquia de aquellos años, en la línea de Contreras, con las nuevas pautas que se iban marcando por parte de los públicos, quienes requerían de un toro con más volumen y mayor envergadura en sus pitones.

Por esta razón Ibán decide hacerse, en un primer instante con una punta de ganado de la ganadería de Manuel González Machaquito y, más tarde, con las reses de origen Domecq - de mayor tamaño y seriedad - procedentes de la vacada de María Antonia Fonseca. De esta manera genera una ganadería con el cruce de ambos encastes, siendo la base genética de la actual de Baltasar Ibán; mientras que, paralelamente, con los toros de Domecq sobrantes, inicia un segundo hierro familiar: Los Guateles, que mandará a pastar a la finca "Botoa", en Badajoz, que había sido propiedad de Lisardo Sánchez.[6]

En 1976 el ganadero Baltasar Ibán muere de un infarto y, de acuerdo con su testamentaría, todos su bienes pasan a manos de los jesuitas y de la Universidad Pontificia de Comillas, regentadas también por la Compañía de Jesús. En cambio, las ganaderías pasan a control de la familia y de los allegados a Ibán: el primer hierro de la casa a manos de su sobrino José Luis Moratiel Ibán, quien lidiará bajo el nombre de "Herederos de D. Baltasar Ibán", y el segundo, el de Los Guateles, a Antonio Carnerero "mano derecha de Baltasar".[7]

En 1997 muere José Luis Moratiel, quien había regentado la ganadería en colaboración de Antonio Vaamonde y el mayoral Francisco Santos. A partir de entonces asumirá las riendas de la ganadería su sobrina, Cristina Moratiel Llarena quien, desde 2004, pasa a lidiar bajo el nombre de Baltasar Ibán, contando con el apoyo del mayoral Domingo González.

Del tesoro genético acumulado por la familia Ibán-Moratiel desde 1957, cabe destacar el nombre de los tres grandes sementales de la casa - Peluquero, Clavillero y Santanero[8]​ - de los cuales sigue saliendo la nueva simiente de la ganadería, como se ve al respecto de los toros lidiados en la actualidad y que mantienen el mismo nombre de sus antecesores.

Los toros de Baltasar Ibán están determinados por la mezcla de sangres de origen Jijona y Vistahermosa, a través de Vicente Martínez y de Juan Pedro Domecq. Esto es lo que, según García Sánchez, proporciona una singularidad entre ambos encastes y que origina uno nuevo basado en: la cortedad de pitones, la diversidad de pelajes (castaños, ensabandos, salpicados, burracos, sardos...) y en la nobleza y humillación, la repetición y la bravura temperamental que desarrollan durante la lidia.[7]


La selección realizada por la ganadería de Baltasar Ibán desde 1957, sin la necesidad de acudir a otras ganaderías y encastes para refrescar la genética de su casa, ha llevado a que los expertos consideren a este hierro como una fuente propia de sangre brava, bajo el encaste "Baltasar Ibán". Esto no ha impedido, sin embargo, que otras ganaderías de orígenes diferentes hayan acudido a la vacada escurialense para seguir alimentando la bravura de sus reses como es el caso de:[15]



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