Basura cero



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Cero basura, basura cero o residuo cero[1][2]​ es un concepto de vida sostenible, basado en la reutilización de residuos que de otra manera serían almacenados o incinerados, contribuyendo así a la descontaminación del ambiente.[3]

Bajo este enfoque, se busca reducir la producción de residuos, reciclar y revalorizar la mayor cantidad posible de materiales, así como promover la fabricación de producto de larga vida útil. Su premisa básica es el cambio de modelo de consumo, primando la reducción de productos de un solo uso y la reutilizando productos ya fabricados. Asimismo, se promueve la separación en origen, que consiste en que cada ciudadano separe los residuos reciclables de los que no lo son y que pueda desecharlos de manera diferenciada.[4]

La primera ciudad en aplicar este tipo de legislación fue Canberra (Australia) que en 1995 se planteó no producir desechos para el año 2010.[cita requerida] La ciudad de San Francisco, en Estados Unidos, con siete millones de habitantes, también la aplicó al mismo tiempo y logró reducir en un 50 % sus residuos urbanos en diez años.[cita requerida]

El movimiento adquirió notoriedad y alcanzó su punto álgido entre 1998 y 2002, y desde entonces ha pasado de la teoría a la acción, centrándose en cómo se estructura y se comporta una comunidad de cero residuos. El nacimiento de organizaciones como Zero Waste International Alliance, Eco-Cycle y GrassRoots Recycling Network, realizan actividades de capacitación y concientización sobre este tipo de prácticas.[5]

La Junta de Gestión Integrada de Residuos de California estableció un objetivo de cero residuos en 2001.[6]​ El Departamento de Medio Ambiente de la ciudad y el condado de San Francisco estableció el mismo objetivo en 2002,[7]​ lo que condujo a la Ordenanza de Reciclaje y Compostaje Obligatorio de la ciudad en 2009.[8]​ Con su ambicioso objetivo de cero basura y sus políticas, San Francisco alcanzó una tasa de desviación récord del 80% en 2010,[9]​ la más alta de cualquier ciudad norteamericana. La ciudad recibió una puntuación perfecta en la categoría de residuos en el Índice de Ciudades Verdes de Estados Unidos y Canadá de Siemens, convirtiéndose según esta última compañía en la ciudad más ecológica de Norteamérica.[10]

Bea Johnson, una activista franco-americana de California, decidió aplicarlo en su hogar de cuatro personas. En 2009 empezó a compartir su experiencia a través del popular blog Zero Waste Home y, en 2010, apareció en The New York Times. El artículo, que introdujo a la corriente principal el concepto de vida sin residuos, recibió muchas críticas de personas que lo confundían con un estilo de vida bohemio. Estas críticas empezaron a cambiar después de que las imágenes de la familia y su interior se difundieran ampliamente en los medios de comunicación de todo el mundo.[11][12]

En 2013, Johnson publicó Zero Waste Home: The Ultimate Guide to Simplifying your Life by Reducing your Waste. Este libro ofrece una serie de estrategias para eliminar la cantidad de residuos producidos en un hogar promedio. Traducido en 27 idiomas, este bestseller internacional ayudó a difundir el concepto a un amplio público.[13]​ Algunos de los seguidores y lectores de Bea iniciaron sus propios blogs, como Lauren Singer, una activista que vive en Nueva York, cuyos canales de medios sociales difundieron el concepto a las nuevas generaciones.[14]

Por su parte, Marie Delapierre abrió la primera tienda sin envases en Alemania (basada en el concepto de Unpackaged)[15]​ y Natalie Bino se encargó de crear una de las primeras fundaciones defensoras del concepto de cero basura, llamada Zero Waste Switzerland.[16]​ A lo largo de los años, este estilo de vida ha experimentado un importante aumento de seguidores. Han surgido en todo el mundo miles de canales de medios sociales, blogs, tiendas sin envases, líneas de reutilización y organizaciones. Y a su vez, la rápida evolución del movimiento de base creó una demanda para que grandes empresas, como Unilever y Procter and Gamble, concibieran alternativas reutilizables a los productos desechables.[17]

En México el movimiento cero basura fue popularizado por la activista ambiental Gabriela Baeza con el cortometraje Cero Basura, que se viralizó después de que Baeza buscó ayuda en Greenpeace para que la idea se hiciera realidad.[18]​ Días después de la reunión, el cortometraje fue utilizado en la campaña de Greenpeace cero plásticos y la cantante mexicana Ximena Sariñana lo publicó en su redes sociales. De ahí la idea fue adoptada por diferentes empresas y por el gobierno federal para diferentes campañas. Tras el éxito del cortometraje, Baeza continuó trabajando para que el movimiento logre mayor relevancia, invitando mediante diversas campañas a unirse al reto de vivir sin basura.[18]

En México aún no existen programas oficiales de Cero Basura apegados a la filosofía internacional Zero Waste (o residuo cero); sin embargo, la Organización de Educación Ambiental A.C. la voz ciudadana que promueve un mundo sin basura y Metropolitana Compañía de Seguros, implementaron el primer programa piloto empresarial de cero basura, transformando los depósitos de basura en un centro de residuos limpios y separados con una recuperación cercana al 90%.[19]

Ante la problemática ambiental ocasionada por la basura, la cual afecta social y ambientalmente a las comunidades, la Organización de Educación Ambiental creó el programa Cero basura en mi Escuela, el cual, en alianza estratégica con Praxair México y United Way World Wide se implementó en varios estados del país, bajo un esquema de Responsabilidad Social y Mejores Prácticas. En 2016, el programa fue reconocido por la Comisión para la Cooperación Ambiental de América del Norte quien, en el marco de la Alianza de América del Norte para la Acción Comunitaria Ambiental (NAPECA, por sus siglas en inglés), otorgó una subvención para ser implementado en escuelas públicas de la Ciudad de México, donde el programa se consolida como una herramienta innovadora para la enseñanza del manejo correcto de residuos en el sector escolar.

Este programa modelo funciona bajo la normatividad internacional y los principios de la Zero Waste International Alliance, la cual promueve la máxima recuperación de residuos reciclables, así como la eliminación de los vertederos. A fin de expandir el programa a los estados del país, la ONG creó la Red Ambientalista del Programa Cero Basura, conformada por reconocidas organizaciones a nivel nacional. Hasta 2017, el proyecto ha sido financiado con fondos extranjeros de Praxair, United Way Worldwide, la Comisión para la Cooperación Ambiental de América del Norte y NAPECA. La primera empresa mexicana en sumarse a este esfuerzo es Café del Pacífico Caffenio (Hermosillo).

Según Pierre Terrás, coordinador de la campaña de Tóxicos de Greenpeace en México, en la propuesta de Gabriela Baeza, se deben tomar en cuenta "tres ejes fundamentales, uno de ellos es fijar metas de reducción en la generación de residuos a corto, mediano y largo plazo; por otra parte, comprometer e involucrar a productores, comerciantes y comercializadores para que rediseñen sus productos y cambien tipos de embalajes; y por último, fortalecer los programas de reciclaje y separación de residuos".

Desde su nacimiento, el movimiento Cero basura has sido defendido y promovido por varias personas alrededor del mundo. A continuación se relacionan algunas de las personalidades más destacadas de esta iniciativa.



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