Blasonamiento




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En heráldica, el blasonamiento, en su sentido más frecuente, es la acción de leer (describir), y descifrar las armas.

Esta lectura se ejecuta según un orden muy riguroso, que en principio y según unas armas dadas, debería corresponder un texto y solo uno. Para las armas simples, la práctica confirma bastante bien este principio. En cambio, desde el momento en que las armas se complican, se pueden encontrar bastantes versiones sinónimas.

En su sentido más extendido, el blasonamiento describe el conjunto de armerías. En este caso, salvo el escudo obligatoriamente descrito primero, el orden de citación es más fluido.

Si el escudo acompañado de sus ornamentos, es la representación gráfica de las armerías, el blasonamiento es su representación verbal.

Nacidos de la práctica en los torneos, los heraldos (que darían su nombre a la heráldica) y de la necesidad de constituir verdaderos anuarios (los armoriales) con la doble función de recoger identidades y de depósito de exclusividad, en una época donde la ilustración, sobre todo en color es una empresa de larga duración, el blasonamiento se desarrolla como una verdadera lengua, con vocabulario y sintaxis, lleno de rigor y precisión, permitiendo describir rápidamente y sin ambigüedad los blasones más complejos.

La identidad heráldica, estando por mucho tiempo limitada a los elementos portados por el escudo, el blasonamiento se contenta frecuentemente con no describir más que aquello que estaba en el mismo ya que los ornamentos no tomaron importancia sino tardíamente y el blasonamiento completo busca integrarlos.

La constitución es el hecho de crear un blasón particular con todas sus características.

Las armas bien constituidas deben ser a la vez fáciles de blasonar (es decir de describir) y de componer (es decir de representar). Ellas deben también ser conforme a la estética heráldica general. Los tres criterios no conducen a juicios absolutos e inamovibles, sino a identificar, sino a identificar en qué peca una composición y sus vías de mejoramiento.

Descripciones lógicamente correctas, pueden llevar a representaciones ilegibles, principalmente cuando los detalles resultan muy pequeños. Se puede así imaginar un blasón "de vero reticulado de armiño y clavado del campo", todo es comprensible pero es imposible representarlo correctamente. Los detalles deben siempre mantenerse suficientemente completos para que su esmalte pueda ser representado por líneas en las representaciones grabadas.

Composiciones que no son posibles (o fáciles, o evidentes) de blasonar son también mal constituidas. Es el caso de numerosas "armas modernas" de países o de municipios, que integran en sus escudos imágenes, aun cuando son más estilizadas, que no están construidas siguiendo la lógica del blasón, sino una lógica de difusión publicitaria (ver las "armas" de Manaus en Brasil por ejemplo). Por estas razones las composiciones pueden, poco o mucho, presentar una analogía con los blasones (logotipos, banderas, letreros viales, timbres postales, etcétera) y son raramente legibles en términos heráldicos.

En fin, la constitución no debe alejarse demasiado del uso heráldico corriente y debe evitar, por ejemplo, inscribir divisas sobre el escudo mismo o componer cuadros demasiados complejos.

Así, las armas de Lieja son bastante típicas de una heráldica tardía, que tiende a estar mal constituida. Sin embargo se pueden blasonar sin mucha dificultad: "De gules al perron alzado, soportado por tres leones en tres grados, montadas de una piña de pino, cimada de una cruz paté, el todo de oro, acompañada de una L y G mayúsculas de lo mismo". La mala constitución de estas armas lleva a dos tipos de defectos:

El heraldista no describe al mismo nivel de detalle dependiendo qué es lo que haga blasonar las armas o especificar o describir una representación particular de las armerías.

En la composición de un blasón, es normal seguir las prácticas estilísticas de tal o cual región, aun para satisfacer las indicaciones particulares del titular. Por el contrario, cuando se trata de describir el blasón correspondiente, el heraldista debe ejercer una censura fuerte y separar de su descripción todo eso que no forme parte de la naturaleza esencial de las armas sino a su representación particular. Es significativo que un león sea representado sin pelo en las patas, la cola fuera en lugar de adentro, levantada o entre las piernas, la cabeza volteada a la derecha o a la izquierda, la pata levantada o no. Cuando hay duda, es preferible mencionar esta originalidad cuando se trata de describir la representación, pero se debe rehusar el considerar como un signo significativo suficiente para distinguirla de las armas del vecino.

El blasón (es decir la descripción de las armerías) utiliza un lenguaje heráldico técnico, convencional y preciso. Inicialmente hecho por los heraldos en lenguaje corriente de la época, la descripción heráldica se encontraba fijada en su sintaxis y su vocabulario. Lo que ha conducido a algunos a juzgar a la lengua heráldica ensombrecida de un cierto "manierismo" y en el culto de distinciones excesivas (jerga heráldica). Los términos raros describiendo armas antiguas con figuras extrañas pueden aparecer artificiales y condenables en armas de composición más reciente. Muchos se olvidan que esos términos eran los de los materiales de los que estaban compuestos los esmaltes, de donde derivan. Además, como en toda otra disciplina, debe existir un vocabulario "técnico" que no conduzca a ambigüedades o equívocos. Aprenderlos no supone mayor esfuerzo que el de cualquier otra materia, y la cantidad no es grande. Uno acepta los términos de electricidad, medicina, química sin ningún problema, y sin tildarlo de artificial o "snob".

La lengua heráldica sigue la regla llamada "de los 80-20": con un pequeño número de términos (una cincuentena, siendo menos del 20% del vocabulario especializado), se puede describir correctamente cerca del 80% de las armerías conocidas; un esfuerzo de algunas horas basta para aprender a blasonar correctamente las armas más corrientes. Las descripciones que figuran en los documentos antiguos utilizan evidentemente el vocabulario y las maneras de la época. Para dominar esta lengua heráldica, se debe conocer el significado de términos especializados o de variantes raras: nada permitirá a un lector moderno, aun si es razonablemente culto, adivinar en la lectura qué es "de sable a un águila de sinople encendida y armada de gules". Se puede pensar, dejando un poco el tema de lado, que no hay razón para expresarse de manera hermética, cuando parece también preciso e infinitamente más claro decir, de manera estrictamente equivalente, que las armas son "negras con un águila verde, con los ojos y las garras rojas". Esta aparente significación no hace más que complicar el lenguaje porque el empleo de "rojo" no dispensa conocer el más exacto "gules".

Pieza principal y único elemento de identidad de las armerías, el escudo es el primer elemento descrito en el blasonamiento, el cual se limita, usualmente, a esta descripción, sea porque las armas descritas no tienen más que este elemento, sea porque los ornamentos exteriores no aporten nada significativo.

El primer componente del escudo a describir es el campo. El cual puede ser simple o compuesto.

Se enuncia el color del campo y después se describen los cargos: De gules al chevrón de oro (Les Essarts).
Un campo no cargado se conoce como "llano". (A la derecha: de armiño llano que es de Bretaña).

Se anuncia la partición, después cada "cuartel" con la necesidad de su orden de aparición: en el primero, en el segundo...etcétera: cuartelado en sotuer: en el primero de azur al donjón de plata, el segundo de gules al racimo de uvas, tallado y hojado de plata, en el tercero de gules al dextrocero de plata con el índice puntado, vestido de azur sembrado de flores de lis de oro, del cual caen dos gotas también de plata, en el cuarto de azur a tres flores de lis de oro mal ordenadas (a la izquierda, Écrouves).
Si dos cuarteles son idénticos, lo que es frecuente, son descritos juntos en el momento de la aparición del primero de los dos: Cuartelado, en el primero y el cuarto de gules a la cruz de plata, en el segundo y el tercero palados de oro y de gules de seis piezas. (a la derecha, Bonneville)

Toda vez, si está cargado, que los cargos se blasonan como "brochantes" sobre el campo compuesto: Burelado de plata y de sable a los dos cirios de oro encendidos de gules pasados en sotuer brochante sobre el todo. (a la derecha Ognéville)

Después del enunciado del campo, se enumeran los cargos, que pueden ser piezas o muebles, comenzando, si es que los hay diferentes, por aquellos que aparecen como principales, por ser los más centrales, de tamaño más importante o simplemente el más significativo.

Una pieza es introducida con el artículo definido: De plata a la faja de gules (a la izquierda, Rosny-sur-Seine).

Si la pieza presenta particularidades de forma, estas son descritas antes del color. Si la pieza está ella misma cargada, ésta se blasona después.
Ej: de armiño al jefe encajado de gules cargado de una concha de oro (a la derecha, Mortrée)

Un mueble es introducido con un artículo indefinido (no es una pieza del escudo): de plata con una rosa de gules (a la izquierda, Pacy-sur-Eure).

Si el mueble presenta particularidades (de forma, de postura, etcétera), debe ser blasonado con los términos específicos (a menudo con participios). Los muebles pueden también estar cargados, aunque esto sea más bien raro.
ej.: de gules con una estrella de ocho puntas de oro cargada de un águila bicéfala de sable, membrada, bocada y diademada del campo (a la derecha, Marqués de Sade)

Nótese de cualquier modo que las piezas raras concernientes cambian de nombre al volverse muebles: la cruz se vuelve cruceta, el sotuer se vuelve flanquís, el escusón se vuelve escudete...

Aclaración general: la regla del uso del artículo definido o indefinido es poco seguida, lo que no presenta ningún problema.

Después de anunciar el cargo principal y su descripción completa, incluso todo lo que lo carga a él mismo, se procede a la descripción de los cargos secundarios que eventualmente le acompañan sobre el mismo campo.

Se blasonan los ornamentos exteriores después del escudo, yendo del primer plano al último y del escudo hacia el exterior, pero este orden no ha sido rigurosamente fijado.

Los ornamentos exteriores (tocados, collares y cordones, tenantes y terraza, mantos, banderas, armas, bastones, cetros y manos de justicia, llaves, cruces, divisas, lambrequines, etcétera) rodean el escudo para formar las armerías completas y precisan, a veces, los atributos del titular (su rango o su función).

Estos ornamentos exteriores pueden ser muy variados, y se describen normalmente con el mismo lenguaje que el del escudo. Por otro lado, el rigor es mucho menos en el exterior del escudo que en el interior y esto se aplica también al lenguaje usado, que debe adaptarse a todas las fantasías, lícitas en esta parte de las armerías.

Como para el escudo, las reducciones son un requisito: así para las armerías que lleven banderas, es teóricamente posible describir cada una, sin embargo es más claro y más simple indicar la presencia de banderas "de Francia", "de Alemania" y "Polonia", en lugar de hacer una descripción individual.

Algunas figuras son específicas de los ornamentos exteriores (banderas y mantos), pero en principio todos los otros ornamentos exteriores pueden figurar en las armerías.






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