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Carlos Miguel Jiménez



Carlos Miguel Jiménez (Pilar, 5 de julio de 1914Asunción, 29 de agosto de 1970) fue un compositor y poeta paraguayo.

Carlos Miguel Jiménez nació en la ciudad de Pilar, Paraguay el 5 de julio de 1914, hijo de Amalia Felisa Jiménez; su padre fue el inmigrante alemán Carlos Federico Brackebusch. Una vez en Asunción, estudió en el Colegio Nacional de la Capital, donde participó activamente en movimientos que reclamaban la defensa del Chaco.

Perseguido por sus ideas, fue confinado a la Isla Margarita (Paraguay). Allí, lejos de dejarse ganar por el abatimiento que significaba estar privado de su libertad y del libre ejercicio de sus derechos cívicos, fundó una pequeña escuela primaria para los otros reclusos y los hijos de éstos, siendo él mismo el maestro.

Valiéndose de la casualidad, pudo escapar de su encierro y logró ganar la frontera con la Argentina. Estuvo primero en Resistencia, Chaco argentino, integrando junto a Julián Alarcón su conjunto “Los veteranos”, en 1936, y luego, en 1939, llegó a Buenos Aires.

En la capital porteña conoció a grandes figuras del arte paraguayo con quienes alternó y logró trabajar su bellísima vena poética: José Asunción Flores, Mauricio Cardozo Ocampo y Félix Pérez Cardozo, entre otros.

El mensaje esperanzador y a la vez crítico de sus poemas hizo que se lo bautizara como “el poeta de la unidad nacional”. Su total desapego hacia las cosas materiales lo llevó a devenir en un menesteroso y a vivir de la caridad pública, sin que por ello perdiera su visión optimista acerca del futuro de su patria, a la que amó profunda y visceralmente.

Agustín Barboza, el gran maestro de la música popular paraguaya, que llevara a la canción algunos de sus más hermosos versos, dice de él en su libro autobiográfico “Ruego y Camino”: “Carlos Miguel Jiménez fue un sacerdote del idioma. Hizo un pacto con las musas que le permitió llegar a los niveles más profundos de la palabra y dueño de ese secreto le insufló el vuelo transparente de una gota de lluvia o el color encendido de las flores... Excelente poeta, aunque él dijese que era tan solo un verseador, supo captar en poemas dotados de escalas musicales la lírica luz de las estrellas, el verde extendido de nuestros campos, la belleza de la mujer y el canto entrecruzado de los arroyos y las aves.

Humanista decidido e identificado fielmente con el buen destino del hombre, nos cantó en versos claros y rotundos las penurias y las necesidades de nuestro pueblo y esa honradez y valentía le fueron pagadas con la prisión...

Carlos Miguel Jiménez, que no se amilanaba por nada, se largó a los caminos a seguir buscando el sueño de todos. En su peregrinación encontró la soledad, la tristeza, el abandono y la miseria, y humano al fin se ofreció en holocausto de ceguera y aguardiente para que esa patria soñada fuese nuestra y para siempre”.

Falleció en Asunción el 29 de agosto de 1970, ciego y en la más absoluta decadencia, sin nada en absoluto.


Su producción como letrista en la historia de la música popular paraguaya es notable. Entre sus poemas musicalizados figuran:

Fundó y fue el primer presidente de la Asociación de Escritores Guaraníes (ADEG). El Ministerio de Defensa Nacional le confirió una Medalla de Reconocimiento.

Recibió el Premio Nacional de la Música en 1997 por su composición “Mi patria Soñada”.



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