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Carnaval ayacuchano



El Carnaval Ayacuchano es una festividad realizada en la ciudad de Ayacucho, Perú, en el mes de febrero, durante tres días. Fue declarado por el Instituto Nacional de Cultura del Perú (INC) como Patrimonio Cultural de la Nación.[1]


Como muchas de las expresiones culturales venidas de Europa, los carnavales se reinterpretan en el Perú, dotándolos de un contenido diverso al que tuvo en su origen medieval. Hasta hoy en Europa se habla de la temporal inversión del orden, para instaurar casi un caos temporal, donde surgen imágenes, personajes y símbolos festivos que rompen con la vida cotidiana y el trabajo.

La observación minuciosa de los carnavales en el Perú, nos muestra que estos son la afirmación de conceptos culturales propios y expresiones artísticas que corresponden a las culturas nativas o mestizas con contenidos propios, integrándose a la vida social contemporánea. Durante su celebración, los diversos sectores sociales involucrados se reafirman y expresan sus formas de pensar y sentir de acuerdo con las normas de las culturas de tradición oral, a las que pertenecen.

Dentro de los tres días de celebración - días en los que ya no solo salen a tomar las calles las comparsas rurales, sino también las comparsas urbanas - es donde la ciudad se llena de colorido y gases por todas las calles de la ciudad, especialmente en las zonas céntricas donde se reúnen en mayor cantidad las comparsas, al mismo tiempo que se celebran los "corta montes" por todos los barrios de la ciudad.Y se establecen de esta forma:

En el primer día de carnavales se inicia con la entrada del "ÑO Carnaval" a la plaza de la ciudad. Después de la entrada del "Ño Carnaval", inmediatamente hacen su entrada a la plaza las comparsas urbanas, cantando y bailando con gran entusiasmo ante la mirada de miles de pobladores reunidos para esta celebración; a medida que van saliendo las comparsas, las calles que ahora ya no solo del centro, sino de toda la ciudad, se van llenando de estas comparsas, las cuales bailarán y cantarán hasta altas horas de la noche, escuchándose por toda la ciudad la alegría que llevan en su andar.

En el segundo día es en el que se reúnen mayor cantidad de comparsas por todas las calles de la ciudad, estas bailan y cantan entre serpentinas y talco, entre canciones en quechua y castellano. El "Ño Carnaval" este día no se aparece por la ciudad, este día es de las comparsas.

En el último gran día, las comparsas incasables aún siguen bailando y los "corta montes" por las noches continuarán, pero este día está marcado por la quema del "Ño Carnavalón". Él será quemado en la plaza de la ciudad ante la vista de todos los pobladores y turistas, rodeado de comparsas. Este día tanto grandes y chicos buscan despedir los carnavales a lo grande, no faltan en las calles las familias que juegan con sus globos llenos de agua, o sus baldes de pintura y su infaltable talco; las comparsas bailan y cantan a viva voz por última vez en el año; y los "corta montes" al igual que todo, llegan a su fin.


Los grupos de comparsas, de esta festividad, salen en forma organizada por un jefe que va delante de la comparsa, cantando y bailando por las calles de la ciudad con instrumentos musicales típicos. Su vestimenta o indumentaria está compuesta por disfraces de diversos tipos de vestidos multicolores, destacando entre ellos, el traje típico de Huamanga.

En las comparsas o pandillas que bailan en carnavales por plazas y calles, en las que los bailarines representan barrios, comunidades o clubes sociales, del mismo modo que en los bailes alrededor del árbol cargado de regalos -denominados umisha, yunza, sachakuchuy o cortamonte- econtramos una admirable capacidad de organización de los pueblos para afirmar su derecho a hacer arte, continuando con antiguos ritos o celebraciones en homenaje a la vida, en lo que se denomina Puqllay.

Puqllay, que es juego y duelo -duelo entre dos que compiten pero que no se eliminan-, es una suerte de carnaval indígena, que se inicia luego del solsticio de verano, que se cumple en diciembre y que coincide con Navidad. A partir de enero se llevan a cabo una serie de actividades festivas que forman parte del puqllay. Estas incluyen el cambio de autoridades comunales, luego de las celebraciones de "compadres y comadres", después la llegada de las lluvias, el florecimiento de las plantas y el apareamiento de los animales. Y entonces coinciden estas celebraciones rituales andinas con el carnaval llegado de occidente. Los carnavales andinos desbordan, pues, el concepto de carnaval europeo, reafirmando los lazos familiares, sociales, culturales y desarrollando los lenguajes artísticos propios.

Los lenguajes artísticos se expresan integralmente en los carnavales: la poesía en las coplas, con contenidos tanto eróticos como políticos; los juegos y duelos de los jóvenes enamorados que expresan su deseo de formar pareja y que muchas veces son parte de las danzas; la música con diversidad de ritmos e instrumentos que afirman una memoria colectiva e histórica, con sus propios valores estéticos.

Ni aún en la época más violenta, entre 1980 y 1990, se dejó de celebrar carnavales. Al contrario, la tansa situación social y política, la violación sistemática de los derechos humanos, la amenaza permanente contra la vida y la libertad, hicieron que las comparsas expresaran, cantando, todo aquello que no se podía decir abiertamente por miedo a la represalia, que podía venir tanto de los grupos terroristas como de la policía, los grupos paramilitares o del ejército y sus comandos especializados.

Las canciones de carnaval, así como los huainos (waynos), se constituyeron entonces en la mejor manera para la denuncia social:

El tema de las desapariciones se encuentra también en los versos. Recordemos que el Perú es uno de los países con mayor número de desaparecidos -más de 6.000- según las organizaciones que defienden los Derechos Humanos.

Y junto a los textos que critican y denuncian la situación social y política, y expresan el dolor causado por las muertes (aproximadamente 30.000, hacia 1990) continuaron vigentes los versos alusivos a la sexualidad, el amor, el erotismo propio de los carnavales y del tiempo en que los jóvenes solteros y solteras inician relaciones de amor; estuvieron siempre presentes los versos esperanzados en que vendrían tiempos mejores.



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