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Casta Gallardo



La Casta Gallardo es una de las siete castas fundacionales de la raza del toro de lidia y que está reconocida por la legislación española, figurando dentro del Libro Genealógico de la Raza Bovina de Lidia del Ministerio de Agricultura español.[1][2]

El origen de esta casta se remonta a mediados del siglo XVIII, derivando del ganado bravo del que disponían los frailes dominicos del Convento de San Jacinto de Sevilla y que desde 1790 estuvo en manos del tratante Francisco Gallardo, del que recibe su nombre. En la actualidad, la única ganadería del campo bravo que mantiene la ascendencia Gallardo es el hierro sevillano de Partido de Resina y que fundó Felipe de Pablo Romero en 1885.

El comerciante Francisco Gallardo, originario de El Puerto de Santa María, adquiría en 1790 la ganadería de toros de lidia que había pertenecido al sacerdote navarro Marcelino Bernaldo de Quirós. Se trataba de una vacada que había creado este presbítero, afincado en la localidad gaditana de Rota, en 1762 donde había mezclado reses de origen navarro con toros y vacas de la ganadería que tenían los dominicos del Convento de San Jacinto de Sevilla.[3][4]

Gallardo regentó su ganadería juntamente con sus hermanos perfilando la crianza del toro bravo hasta obtener un tipo de toro peculiar, especialmente en la suerte de varas. A la muerte del ganadero en 1817, la vacada se disolvió en tres lotes que fueron a parar al ganadero gaditano Domingo Valera, quien se hizo con 500 cabezas de ganado que entremezcló con reses de origen Cabrera. El segundo lote fue adquirido por Gaspar Montero quien, años más tarde, en 1833, se la vendería a Antonio Gil Herrera y éste, a su vez, a Juan Miura en 1842, iniciando la andadura del mítico hierro andaluz de Miura.[5]

El tercero de los lotes, el de mayor tamaño, fue adquirido en 1818 por los empresarios José Luis Albareda y Pedro Echeverrigaray. Los herederos de Albareda, a la muerte del ganadero, se deshicieron de la vacada y pasaron a vendérsela a Juan Miura mientras que los herederos de Echeverrigaray pasó por varias manos hasta llegar, en 1864, a manos de Lorenzo Fernández de Villavicencio, IV duque de San Lorenzo, El aristócrata de origen genovés mantuvo en su poder durante una década la ganadería para terminar vendiéndosela al senador sevillano Rafael Laffite Castro, quien disponía también reses procedentes de distintos encastes.[5]

Las ocupaciones políticas de Laffite hicieron que se desprendiera de la ganadería y pasó a hacerse cargo de ella Carlos Conradi quien, en 1885, la traspasaría al terrateniente hispalense Felipe de Pablo Romero. El nuevo ganadero empezó a desechar los distintos cruces que se habían realizado los anteriores propietarios para intentar recuperar la esencia de la casta Gallardo, creando un tipo de toro que, en líneas generales, ha subsistido hasta la actualidad.[6]

Sus características, aunque común a la mayoría de los ejemplares que integran la raza de lidia, tiene aspectos diferenciadores de carácter étnico y que, por tanto, los convierten como animales de un prototipo singular. Según la legislación española, los toros de casta Gallardo sobreviven a través del encaste Pablo-Romero y tienen las siguientes características:[1]

Los toros de Gallardo subsisten hoy a través de la ganadería de Partido de Resina aunque, según algunos autores, no mantienen la pureza original ya que han sido cruzados con animales procedentes de casta Jijona, Cabrera y Vazqueña.[7]​ De igual manera, otras ganaderías actuales comparten ascendencia Gallardo por los mismos cruces que se han realizado y entre las que se encuentran Palha, Prieto de la Cal o Miura.[8][9]

La ganadería que creó Felipe de Pablo Romero a finales del siglo XIX está considerada como el único hierro que en la actualidad mantiene vivo el origen de los toros de Gallardo entre sus reses, aunque la Unión de Criadores de Toros de Lidia menciona únicamente el origen Jijona-Cabrera de los cruces realizados anteriormente a Conradi.[10]​ Sus particularidades zootécnicas y la antigüedad de la ganadería, sin haber entremezclado sangres de encastes distintos, ha hecho preservar el fenotipo racial de estos toros y que mantienen las características de la casta originaria:[11]

Burgullos

[12]

Santo Domingo



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