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Centro Cultural de España en Tegucigalpa



El Centro Cultural de España en Tegucigalpa, conocido popularmente como el CCET, es un centro cultural en Tegucigalpa, Honduras del Gobierno de España por medio de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo y la Embajada de España en Honduras. El centro es considerado un espacio de referencia para artistas y creadores hondureños.[2]

El centro fue inaugurado en el 2007 como parte de la red de centros culturales de la AECID. El centro se dedicada a promover la cultura, la creatividad y la diversidad cultural como factor de desarrollo. El centro ofrece programación, clases y actividades en temas como las artes visuales, ciencias, tecnología, literatura y patrimonio y publica numerosos libros sobre el mundo creativo hondureño. Es visitado por unos 50.000 personas al año.[3]

Con el primer Tratado de Paz y Amistad,[4]​ firmado en Guatemala el 27 de agosto de 1895 se sientan las bases de la mutua cooperación y entendimiento entre la República de Honduras y el Reino de España, plasmándose 10 años más tarde en un nuevo Tratado sobre reconocimiento mutuo de validez de títulos académicos y de incorporación de estudios,[5]​ permaneciendo este vigente hasta 1935.

Al amparo de los diferente acuerdos existentes, a finales del siglo XIX y comienzos del XX, y especialmente bajo el impulso del Presidente Luís Bográn, el Doctor Antonio Abad Ramírez y Fernández Fontecha (Cádiz 1855), Cónsul Honorario de España en Tegucigalpa[6]​ e igualmente Rector de la Universidad Central de la República de Honduras, Presidente de la Academia Científico-Literaria y Presidente del Consejo Supremo de Instrucción Pública, organizó "misiones culturales" con la finalidad -incentivando una inmigración de profesionales españoles- de contratar artistas y docentes[7]​ para fortalecer el sistema educativo hondureño (universidad, colegios, escuelas de artes y oficios y escuela militar). Así, viajaron -entre otros- al país[8]​ Manuel Montorio, como docente de Química en la Universidad Central, y Tomás Mur, escritor y autor dramático. A iniciativa de este último se fundó la Academia Privada de Bellas Artes, antecedente de la apertura de la Escuela de Bellas Artes en 1940.

En 1921 se convocan por primera vez las becas para ayudar a realizar estudios en España a los estudiantes de las Repúblicas Hispanoamericanas, beneficiándose los primeros años el pintor naturalista Max Euceda y en 1925 y años posteriores el también pintor Pablo Zelaya Sierra de una beca para cursar estudios en la Escuela especial de Pintura, Escultura y Grabado de Madrid. Con ambos se comienza una sucesión de becarios hondureños que participarán en lo que décadas más adelante se conoce como becas MAEC-AECID, vigentes en la actualidad.[9]

En 1946[10]​ el Gobierno español crea por ley el Instituto de Cultura Hispánica en Madrid, como una corporación de derecho público, con personalidad jurídica propia, destinada a fomentar las relaciones entre los pueblos hispanoamericanos y España. A raíz de esa creación se genera una red de instituciones homólogas por toda Iberoamérica cada una con una personería jurídica fruto de sus particulares procesos de constitución.

En 1948 se constituye en Tegucigalpa la Academia Hondureña de la Lengua, correspondiente de la Real Academia Española (RAE). La cual desde 1960, con la ratificación en Colombia del Convenio Multilateral sobre Asociación de Academias de la Lengua Española, cuenta con el respaldo del Gobierno de Honduras, ya que «Cada uno de los Gobiernos signatarios se compromete a prestar apoyo moral y económico a su respectiva Academia nacional de la Lengua Española, o sea a proporcionarle una sede y una suma adecuada para su funcionamiento.»[11]

En febrero de 1950, llega a Honduras la "misión poética"[12]​ con los poetas Antonio Zubiaurre, Luis Rosales y Leopoldo Panero, así como el Embajador -e igualmente poeta- Agustín de Foxá,[13]​ previo al restablecimiento de relaciones diplomáticas entre ambos países. Lo cual no tendrá lugar hasta el 21 de noviembre de 1950.[14]​ Un año después, el Instituto de Cultura Hispánica en Madrid convoca la Primera Bienal Iberoamericana de Arte, y en aquella ocasión histórica para el arte iberoamericano, participaron los pioneros de la internacionalización de la creatividad hondureña José Antonio Velasquez, Carlos Zúñiga Figueroa, Max Euceda, Ricardo Aguilar y Ricardo López Rodezno:[15]​ un acontecimiento que fue recordado por décadas, y que sirvió de aliciente a nuevas generaciones artísticas.

Como refuerzo a estas nuevas relaciones, Honduras se incorpora al movimiento de Institutos de Cultura Hispánica, y el 12 de octubre de 1951, se crea a iniciativa del Dr Jorge Fidel Durón el Instituto Hondureño de Cultura Hispánica, como institución local de derecho privado. Así, desde su creación esta asociación privada e independiente, homóloga de la creada en Madrid, se convertirá los años posteriores en un socio fundamental[16]​ de la acción cultural de la Representación Diplomática de España en Honduras, que recientemente había sido elevada al rango de Embajada.Ref

En 1957, se firma el Tratado de Intercambio Cultural entre el Gobierno de Honduras y el Estado Español,[17]​ que será sustituido en 1994 por el Convenio de Cooperación Cultural, Educativa y Científica entre el Reino de España y el Gobierno de Honduras.[18]​ Unos años antes (1972) el Convenio de cooperación económica entre la República de Honduras y el Estado Español reconocía la importancia de la cooperación cultural al excluir del mismo las interpretaciones que limitaran el cumplimiento de las medidas «relativas a la defensa del patrimonio nacional artístico, histórico o arqueológico».

En 1972 se crea por convenio la Cátedra de Cultura Hispánica en la Escuela Superior de Profesorado Francisco Morazán.[19]

Con el precedente del impulso de 1992 a los proyectos de rescate patrimonial, en 1996 el Ministerio de Cultura de España organiza el Encuentro Cultural España-Centroamérica. Así, se articula con fuerza el contenido de cooperación cultural previsto en la III Comisión Mixta Hispano-hondureña:[20]​ «Ante la evolución constante que se produce en el terreno de las Artes y de las Letras y muy particularmente en el área audiovisual, se acuerda impulsar con mayor prioridad programas y proyectos en materia de cooperación cultural. Estos tendrán por objetivo defender y desarrollar el patrimonio cultural hondureño y trenzar una nueva vinculación entre los agentes culturales hondureños y españoles que permita aunar esfuerzos y afianzar la convergencia de industrias y actividades comunes en el área cultural». Supondrá un repunte de los proyectos vinculados a cultura y al rescate patrimonial: así, surgirán proyectos emblemáticos como Comayagua Colonial, Rescate de Archivos Municipales de la Ruta Minera, se dotará de equipamiento a la Escuela de Bellas Artes y al Archivo Nacional, se convocará una gran feria del libro incluyendo la muestra bibliográfica "Libros de España" con 2.000 ejemplares, además de una gran cantidad de actividades culturales haciendo especial énfasis en los procesos formativos, así como en las asistencias técnicas para el fortalecimiento institucional de las organizaciones culturales de Honduras.

En las últimas décadas del siglo XX, el antiguo Instituto de Cultura Hispánica en Madrid, sufre cambios y refundaciones que acaban generando en el 2008 la nueva Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID).

Esos cambios van acompañados con nuevos documentos rectores de la política de cooperación española y nuevas estrategias sectoriales (incluida la de Patrimonio para el Desarrollo, Cultura para el Desarrollo, Educación para el Desarrollo, Pueblos Indígenas, etc…). Ese proceso repercute en Honduras con evoluciones de las Comisiones Mixtas de Cooperación España-Honduras y la firma de nuevos acuerdos de cooperación.

La nueva perspectiva de la cultura como factor de desarrollo, acabará cristalizando en Honduras en la creación del Centro Cultural de AECID, un espacio anhelado por años con sede en Tegucigalpa, aunque con vocación nacional.

Esta labor de incentivación de las expresiones culturales y la creatividad se verá reforzada igualmente por las convocatorias anuales del Premio de Estudios Históricos Rey Juan Carlos I[21] (15 de septiembre) y el Premio de la Cooperación Española de la Antología de las Artes Plásticas de Honduras (15 de noviembre) y el Premio Nacional de Narrativa Infantil y Juvenil convocado conjuntamente con la Secretaría de Cultura, Artes y Deportes, Editorial Santillana y la Secretaría de Educación.

Creado a mediados del 2007,[22]​ en un edificio rehabilitado de la periferia del Casco Histórico de Tegucigalpa, éste fue definido por la fallecida historiadora hondureña Leticia de Oyuela, como un espacio con prosapia, «ya que fue el anterior sitio en donde se desarrolló la antigua Galería Portales, que constituyó un primer intento de crear un vínculo de desarrollo entre cultura y pueblo».[23]

En palabras de María Teresa Fernández de la Vega; «espero se convierta en un poderoso agente dinamizador de la vida cultural de Tegucigalpa y de todo este querido país»,[24]​ por lo que tras la inauguración el CCET ha destacado por una intensa y variada programación.

Las publicaciones de la acción cultural española en Honduras son herramientas claves para conocer la evolución de la creatividad hondureña. Destacan por su valor documental las siguientes colecciones:

Así como publicaciones del tipo de:

Igualmente, a través del MediaLAB los últimos años se ha incursionado con formatos audiovisuales.



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