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Clarinete



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El clarinete es un instrumento musical de la familia de los instrumentos de viento-madera que consta de una boquilla con caña simple. Dentro de la orquesta, se encuentra en la sección del viento-madera, junto a la flauta, el oboe y el fagot.

El clarinete pertenece a la familia de los instrumentos de viento-madera, al igual que la flauta, el oboe y el fagot. Es un aerófono de lengüeta simple. La lengüeta está hecha de caña de la especie Arundo donax. El cuerpo del instrumento puede estar hecho de madera (tradicionalmente de ébano o granadillo),[1]ebonita,[2]ABS y su perfeccionamiento, en el siglo XIX, con un sistema de llaves mejorado lo situó en un lugar privilegiado entre los instrumentos. La belleza de su timbre lo hace apto para interpretar pasajes como solista además de ser un instrumento de enorme agilidad y sonoridad, en especial para la ejecución de trinos y cromatismos.

El nombre proviene del término clarín, que se usaba antiguamente para referirse a trompeta natural empleada en su registro más agudo. En el Barroco se exigía un uso cada vez más amplio de esos agudos de la trompeta porque de esta manera se podía aprovechar el registro melódicamente más completo, ya que al subir por la gama de armónicos estos se encuentran más unidos ahí que en el registro grave donde los intervalos son más grandes. Hoy en día esto se combate en los instrumentos de metal mediante el uso de pistones o válvulas pero en el siglo XVII los trompetistas tenían que conseguirlo gracias a su técnica y habilidad, combinando la fuerza del diafragma y la destreza de la embocadura. Además tenían que saber interpretar líneas melódicas bastante virtuosas con todo tipo de alteración cromática. Así que a veces facilitaban esa difícil tarea empleando un chalumeau en su registro agudo o un "clarinete" (pequeño "clarín"). Por eso, el registro más grave del clarinete se llama 'chalumeau' y el siguiente, constituido por los primeros armónicos, 'clarín'.

El timbre del clarinete es rico en matices y posibilidades expresivas. Junto a la flauta y el violín es el instrumento más ágil de la orquesta; puede emitir cualquier matiz extremo en cualquiera de sus registros, lo que hace de este instrumento una voz sumamente versátil, dicha capacidad de emitir matices extremos en cualquier registro es única entre todos los instrumentos de viento. También es uno de los instrumentos con una de las extensiones más grandes en su registro: el soprano alcanza casi cuatro octavas (desde un mi2 y por encima hasta las posibilidades del músico) y los modernos clarinetes bajos ampliados sobrepasan las cuatro octavas.

Su característico timbre se debe a la geometría cilíndrica de su cuerpo, lo que produce una casi anulación de los armónicos pares, lo que —desde el punto de vista espectral— lo hace parecido a una onda cuadrada. Como consecuencia, cuando el ejecutante abre el portavoz, el salto de nota no es de ocho notas como en el oboe, el fagot (cuya geometría es cónica) o la flauta (en la que, aun siendo cilíndrica, el tubo es un cilindro abierto), sino de doce (o sea, una octava más una quinta). El segundo armónico (par) ha sido ignorado. El sistema más generalizado actualmente en el diseño de las llaves del clarinete es el de Böhm.

Se han escrito grandes obras y conciertos para el clarinete, entre los que destaca uno de los conciertos mejor valorados de la historia, el Concierto en la mayor para clarinete y orquesta de Wolfgang Amadeus Mozart.

El clarinete procede de un instrumento muy antiguo. Hay constancia de que existía en el medio oriente (véase el Zummarah o el Arghul) y que se fabricaban instrumentos primitivos y pastoriles que serían los ancestros del clarinete, haciendo un corte, para la boquilla en un palo de caña o bambú y añadiendo unos agujeros más abajo para cambiar las notas. En Europa se creó un instrumento todavía muy simple, el chalumeau, que llegó a ser popular en Francia en los siglos XV y XVI y que constaba de 7 agujeros. Entre finales del siglo XVII y comienzos del XVIII, el chalumeau fue modificado para que una de las llaves, hasta entonces usada para añadir notas extras al registro de fundamentales, se aprovechara como llave de registro para producir armónicos a una doceava (octava+quinta) por encima de su registro fundamental. En este momento y de este principio nació el primer clarinete. Este desarrollo se suele atribuir al fabricante de instrumentos, el alemán Johann Christoph Denner. Los originales instrumentos de Denner tenían pocas llaves y le faltaban algunas notas entre el registro grave —el chalumeau— y el 'clarín', pero él y otros fabricantes iban añadiendo llaves hasta acabar de rellenar el hueco o 'paso' entre los dos registros Se fabricó un instrumento por primera vez con una extensión cromática completa de más de dos octavas y medio en el año 1791, el mismo año en que se ocupó el primer puesto de profesor de clarinete en el Conservatorio de París y también en el que Mozart escribió su celebre concierto para el instrumento.El clarinete clásico de Mozart típicamente tenía ocho agujeros para los dedos y cinco llaves.

Esto marca el comienzo de la evolución del instrumento hasta su estado actual, en el que hay fundamentalmente dos tipos de clarinetes según el mecanismo: el sistema Boehm usado en casi toda Europa, Asia y América y el Öhler utilizado en Alemania, Austria y algunos países del este.

El constructor del clarinete alemán Fritz Wurlitzer (padre de Herbert Wurlitzer) desarrolló en 1949 una variante del clarinete francés, que llamó un "Reform-Boehm"-clarinete. Es un clarinete con un sistema de digitación francés, cuyo sonido es muy cercano al del clarinete alemán a través de un orificio interno diferente y otra boquilla.[3]​ Este tipo de clarinete todavía encuentra amantes en algunos países.

El clarinete fue acogido rápidamente por las orquestas y su sonido se iba amoldando y cuajando con la textura de los demás vientos de la orquesta. A Mozart le encantaba el sonido del clarinete que él consideraba como lo más cercano a la voz humana, y escribió numerosas piezas para el instrumento. Ya en los tiempos de Beethoven (c. 1800-1820), el instrumento realizaba un papel imprescindible en cualquier orquesta.

Igualmente el clarinete se ha empleado en el jazz desde las primeras agrupaciones jazzísticas y en las big bands.

Para realizar los siguientes efectos de manera satisfactoria es recomendable emplear una lengüeta muy flexible, elástica y con suficiente cuerpo.[4]

Existe toda una familia de clarinetes según el registro: desde sopraninos afinados en mi bemol, fa o la bemol, hasta octocontrabajos afinados en si bemol. Los más utilizados son:

Además, hemos de agregar dos tipos de clarinetes muy utilizados durante el clasicismo musical (que son justamente los utilizados en la mayor parte de las obras de Mozart):

En los inicios, y debido a la dificultad del clarinete para interpretar en tonalidades con varias alteraciones, por su primitivo estado de evolución, era frecuente la utilización de tres clarinetes: do, si bemol y la, dependiendo de la tonalidad de la obra o movimiento. Aún hoy son habituales, fundamentalmente en el repertorio operístico y en la música contemporánea, si bien el Clarinete en do hoy en día no tiene uso, pues frecuentemente se acostumbra al uso clarinete en si bemol, y al clarinete en la en determinadas obras orquestales con tonalidades más allá de dos sostenidos (re mayor, la mayor, mi mayor, etcétera).

Casi todos estos instrumentos son transpositores. La razón más plausible es que, tras la evolución del clarinete en los siglos XIX y principios del XX, al adquirir la capacidad para tocar en todas las tonalidades, el clarinete soprano en do (hoy en desuso) era demasiado estridente, por su gran contenido de armónicos agudos, por lo que se prefirió el clarinete en si bemol (el más empleado) y en la (con una sonoridad mucho más dulce y oscura que el clarinete en si bemol). Una vez fijado el soprano de la familia, los demás miembros se establecieron en relación al segundo.

Desde la incorporación del clarinete a la orquesta en el siglo XVIII, muchos compositores han dedicado grandes páginas a este instrumento, tanto como solista de concierto como formando parte de diversas agrupaciones camerísticas. De estos autores hay que destacar a Mozart, que nos dejó entre otras obras un magnífico concierto y un quinteto, Claude Debussy, Carl Maria von Weber, Johannes Brahms, Ígor Stravinski o Luciano Berio.




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