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Colémbolos



Poduromorpha
Entomobryomorpha
Neelipleona
Symphypleona

Los colémbolos (Collembola) son una subclase de artrópodos hexápodos cercana a los insectos, y a veces se les clasifica dentro de ellos. Son animales diminutos, ubicuos, que ocupan todos los continentes (incluso la Antártida). Son, probablemente, los hexápodos más numerosos de la Tierra: hasta 62 000 individuos por m².[1][2]

Su registro fósil data desde el Devónico (Rhyniella, Protoisotoma, hace unos 400 millones de años) siendo, pues, uno de los animales terrestres más antiguos.[3]

Su nombre lo reciben de un apéndice retráctil (fúrcula o furca) con el cual pueden propulsarse muchas veces el largo de su cuerpo, que no suele superar los 5 mm.

Sobre la cabeza se alzan dos antenas segmentadas (a veces por la subsegmentación parecen tener más segmentos). Tienen 6 segmentos abdominales o menos. Las antenas forman cuatro artejos, los cuales tienen su propia musculatura y pueden moverse independientemente de otros. A diferencia de los insectos, detrás de las antenas se ubica un órgano sensorial postantenal (Órgano de Tömösvary), ausente sólo en colémbolos de vida epigea. Dicho órgano tiene forma variable y se cree que sirve para percibir estímulos químicos ambientales. Los ojos situados detrás de las antenas y del órgano postantenal, son sencillos y de número variable, de uno a ocho a cada lado de la cabeza. El aparato bucal es de tipo masticador en la mayoría de los casos, aunque existen especies de la familia Neanuridae donde hay una prolongación de las distintas piezas bucales, que permite al individuo picar; en su parte ventral, la cabeza tiene una especie de canal que sigue por el tórax hasta alcanzar el primer extremo abdominal.

En el tórax existe un par de patas por cada segmento, tres pares. El abdomen presenta seis segmentos. La abertura genital se encuentra sobre el quinto y está desprovista de estructuras externas relacionadas con la reproducción. En la sección ventral del primer segmento hay una especie de evaginación viscosa denominada colóforo, que sirve al animal para adherirse a sustratos muy lisos, incluso cuando se encuentra en posición vertical, ya que en el principio del tubo ventral, del que salen dos vesículas, está siempre irrigado por una secreción mucosa. Sobre el tercer segmento abdominal del lado ventral hay una formación birramosa denominada tenáculo, doblada bajo el cuerpo cuando el animal no lo utiliza. Los colémbolos poseen además un órgano de salto llamado fúrcula, el cual es retenido por el tenáculo. La fúrcula se compone de manubrio, dientes y mucrón; al ser accionada provoca que el espécimen pueda saltar.[4]

Los colémbolos se alimentan de micelios, esporas y bacterias. Debido a su pequeño tamaño, y a tener su hábitat en el humus o en materia en descomposición, suelen pasar desapercibidos para el hombre; sin embargo algunos de ellos pueden constituir una plaga, como Protaphorura armata (inicialmente Onychiurus armatus), que es uno de los pocos colémbolos herbívoros conocidos.

La forma de reproducirse es característica: el macho no posee órganos de cópula aptos para trasladar los productos germinales a las vías genitales femeninas. En cambio el macho produce un espermatóforo donde los espermatozoides se protegen de la desecación mientras se realiza su deposición y el momento que la hembra los recoge. El espermatóforo se sitúa en la cúspide de un pedúnculo breve que el macho asegura al sustrato. Con frecuencia, antes de la deposición de los espermatóforos, hay un largo cortejo con la hembra. Al término del cortejo, la hembra coloca su abertura genital sobre el espermatóforo. Se han reportado casos diversos de partenogénesis en muchas especies de colémbolos (Folsomia,Tullbergia, Neanura).

Apacentadores de microflora y microfauna especialmente en la rizosfera; consumen desechos vegetales y esqueletos animales; son microdepredadores de nemátodos, tardígrados, rotíferos; realizan dispersión de microorganismos, helmintos y céstodos parásitos; son hospedadores de parásitos; presa de macrofauna; ingenieros del microecosistema.

Los colémbolos del suelo son generalmente sometidos a una fuerte presión depredadora debido a su comportamiento gregario, no obstante, se encuentran en alto número en el suelo y esto plantea la pregunta de si los colémbolos han desarrollado estrategias de defensa contra depredadores. La estrategia más común de los colémbolos para escapar de los depredadores es la habilidad de saltar; pero las especies de Onychiuridae sin ojos que habitan el suelo, que han perdido su habilidad para saltar, liberan fluidos repelentes por medio de pequeñas aperturas cuniculares, los pseudocelos (pueden presentarse en la parte posterior y son exhibidos frente a un ataque) que también pueden secretar señales de alarma. El comportamiento agregado de los colémbolos está estrechamente relacionado con la comunicación y coordinación entre individuos. El mantenimiento de la agregación y su imitación depende de la presencia y actividad de señales. Además, a través de la producción de feromonas sexuales y de agregación, los colémbolos pueden sincronizar las mudas y la reproducción.

Se ha demostrado que en colémbolos, así como en otros artrópodos terrestres, se presentan comportamientos migratorios como reacción a cambios en la calidad del ambiente y también a la polución.

En el verano de 2010, una expedición hispano-rusa se adentró en la Cueva de Voronia (Abjasia) y halló cuatro nuevas especies de colémbolos siendo dos de ellos los artrópodos encontrados a mayor profundidad (en tierra) en el planeta. El espécimen encontrado a mayor profundidad, 1980 metros, fue nombrado Plutomurus ortobalaganensis y es ciego, de color pardo y mide 4 milímetros; el encontrado a 1600 metros, Schaefferia profundissima, mide un milímetro, es amarillento y carece de ojos (o tiene uno residual).[5]

Aún no existe un consenso total acerca de la taxonomía de los colémbolos, incluso no hay consenso todavía sobre si son parte de la clase Insecta o no. Tradicionalmente, los colémbolos se dividen en cuatro órdenes:[3]

En algunas clasificaciones, Poduromorpha y Entomobryomorpha se reúnen en el orden Arthopleona, con el rango de superfamilias (con el nombre de Pudoroidea y Entomobryoidea, respectivamente).[6]

La filogenia más aceptada en la actualidad usa estudios del genoma completoː[7]​ {{clade |1=

Neelipleona Neelus murinus (14048834018).jpg

Poduromorpha Brachystomella parvula juvenile (8204572060).jpg

Symphypleona Dark.round.springtail.1.jpg

Entomobryomorpha Orchesella cincta (6875710316).jpg

Hay más de 8,200 especies descritas de distribución mundial, en más de 670 géneros, 31 familias, 15 superfamilias y 4 órdenes.[8]

Los fósiles son my escasos. La mayoría se encuentran en ámbar.[9]​ Los mejores son del Eoceno de Canadá y Europa,[10]​ Mioceno de América Central[11]​ y Cretáceo medio de Burma y Canadá.[12]​ Presentan algunas características difíciles de explicar.



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