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Colecciones



El coleccionismo es una forma de ocio consistente en reunir, conservar y mostrar todo tipo de objetos, pero también perseguía un fin propagandístico, como el caso de la colección de libros realizada por los reyes Ptolomeos para su Museion, con el que deseaban sacudirse parte del complejo de inferioridad heleno ante la cultura egipcia, según Escolar (2001). Así mismo, y desde tiempo de los asirios se conoce un afán coleccionista por motivos de conocimiento, lo que actualmente se llamarían motivos científicos, caso del intento de reunir en Nínive todas las tablillas o copias de las mismas existentes en el Imperio Asirio.[1]

Es en la Edad Moderna cuando los reyes, la Iglesia y los nobles comienzan a desarrollar esta clase de ocio con el fin de reunir, rodearse y disfrutar de todo tipo de objetos, pero especialmente en aquellos ejemplares bellos, raros o valiosos del mundo natural, arqueológico, numismático, medallas u objetos de uso cotidiano, dándoles un fin para el que nunca fueron concebidos.[2]

Probablemente el primer coleccionismo nació con la invención de la escritura y la fijación del conocimiento. El primer registros que se tiene de un deseo de reunir objetos, en aquel caso tablillas de barro, lo realizó el rey asirio Asurbanipal cuando ordenó reunir en su palacio todas las tablillas grabadas con textos existentes en su imperio. Pero este esfuerzo no fue continuado por los imperios que sucedieron a los asirios. Los medos conquistaron Nínive y arrasaron la ciudad con el palacio, la biblioteca y los colección de tablillas, pero por estar hechas en barro la mayoría soportó las llamas. En el siglo VI a.C. los persas tampoco tuvieron afán de coleccionar textos escritos, poseían archivos con un fin práctico, pero no un intento de reunir todos los títulos posibles.[1]

Unos dos siglos después, filósofos como Platón en su Academia o Aristóteles en su Liceo reunieron colecciones de libros para mejorar sus enseñanzas (Escolar, 2001). Sin embargo, fueron los reyes helenísticos los que crearon las bibliotecas más grandes de su tiempo. En principio perseguían el mismo fin que los asirios, reunir el conocimiento, mucho más teniendo en cuenta que aquellos macedónicos debían gobernar en territorios desconocidos para ellos, con religiones, lenguas y pueblos muy diferentes a los suyos y poseer colecciones de libros con información útil para saber gobernar aquellos nuevos reinos.[3]

Es durante el siglo XVI cuando se amplía el ámbito del coleccionismo a todo tipo de objetos bellos, raros y valiosos. Son los reyes, la Iglesia y los nobles quienes realizan esta labor, incluso compitiendo por la obtención de piezas extremadamente raras o magníficamente conservadas. Pero con la caída del Antiguo Régimen, la llegada de la burguesía y la decadencia de las antiguas aristocracias cuando esas colecciones son compradas o donadas a los estados. De estas colecciones privadas nacerán muchos de los museos actuales como El Prado, Louvre, el Ermitage o los Vaticanos.

El coleccionismo puede ser muy variado,[2]​ pero hay algunos temas muy populares que han creado un mercado propio en el que se compran, venden e intercambian objetos de la colección.

Algunos tipos de coleccionismo:

Sin un nombre específico y ordenados alfabéticamente:



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