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Conde de Lemos



Conde de Lemos es un título de nobleza español, vinculado a la ciudad gallega de Monforte de Lemos. En un principio, el condado de Lemos iba ligado al de Trastámara y al de Sarria, y tenía carácter no hereditario. El condado de Lemos como título autónomo, hereditario y perpetuo comenzó en 1456 con Pedro Álvarez Osorio.

Tradicionalmente ha estado ligado a la familia Castro, según Manuel Murguía, una estirpe «casi real» y según Hermida Balado, el único linaje gallego que pudo haber dado lugar a una saga real.[1]​ Una de las varias teorías que indagan en el origen de la saga de los Castro, nos remite a los Castro de Castrojeriz como descendientes del rey, García de Galicia,[2]​ muerto prisionero en el castillo de Luna en 1090. Sin embargo, varios genealogistas modernos, especialmente el medievalista Jaime de Salazar y Acha, consideran que los Castro vienen de Fernando García de Hita, hijo del conde García Ordóñez y la infanta Mencía Garcés, hija legítima del rey García Sánchez III de Pamplona.[3]

Es uno de los títulos nobiliarios más importantes de España, y se le concedió la grandeza de primera clase en 1520, por el rey Carlos I de España.

El escudo de la rama gallega de los Castro eran seis roeles de azur en campo de plata, los cuales a lo largo de la evolución del familia se fueron complementando con otros, como los lobos desollados de la familia Osorio.

Se pueden distinguir dos etapas claramente diferenciadas en el desarrollo del la historia del Condado de Lemos. La primera englobaba el título de «Condado de Lemos, Trastámara y Sarria,» y carecía de carácter hereditario, concediéndose sucesivamente por el monarca como reconocimiento a los servicios o lealtad demostrada por una persona determinada. A pesar de ello, el título aparece fuertemente ligado a la casa de Castro, siendo Pedro Fernández de Castro, sin ostentar todavía el título de conde, el primer señor jurisdiccional de Lemos; título que si ostentaría su hijo, Fernán Ruiz de Castro, «Toda la lealtad de España», figura histórica más sobresaliente de esta primera etapa, que finaliza al perder el favor real el V Conde de Lemos, siendo confiscados todos sus bienes y títulos. Pero el matrimonio de su hermana Beatriz Enríquez de Castro con Pedro Álvarez Osorio, conllevaría la recuperación del título en la persona de este último, esta vez con carácter hereditario y perdiendo el añadido «de Trastámara y Sarria», pero permaneciendo, sin embargo, ligado desde 1505 al nuevo título del marquesado de Sarria. De esta manera comienza la segunda etapa del condado de Lemos, a partir de la cual se vuelve a iniciar el orden numérico de los condes, lo cual provoca que, a modo de ejemplo, existan dos «I Conde de Lemos» en cada una de las etapas. Esta segunda etapa viene marcada de forma especial por la figura del VII conde de Lemos.

Podemos situar, para mejor comprensión, una tercera etapa al consumarse el agotamiento de la genealogía de los Castro como familia ligada al condado, lo cual tiene lugar después de que sucesivos ostentadores del título fallecieran sin descendencia, y el subsiguiente paso del título a la Casa de Berwick y Alba.

Los condes de Lemos fueron, en su rama principal y más relevante, de la Casa de Castro, una estirpe recordada como amigos de las artes y las letras y grandes protectores y mecenas de escritores y artistas. Respetados como estadistas, hombres de letras, diplomáticos, y destacando, en las personas de algunos de sus más ilustres representantes, por su filantropía, y por un inusitado interés por los avances sociales e intelectuales.

El título en la actualidad corresponde a Carlos Fitz-James Stuart y Martínez de Irujo aunque una rama de los de Castro reclama desde hace años la titularidad de este título alegando motivos cosanguíneos.



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