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Culturas indoeuropeas



Indoeuropeo es el nombre de una familia de lenguas y también de la lengua hipotética de la que desciende esta familia. Las lenguas indoeuropeas, antiguamente llamadas lenguas indogermánicas, se hablan actualmente desde la India hasta Europa (de ahí su nombre), además de hablarse en muchas otras partes del mundo como resultado de la colonización europea. Estas lenguas tienen algunos rasgos comunes entre sí y diferentes a las de otras lenguas, incluso habladas en zonas próximas del mundo; sin embargo lo que da unidad a las lenguas indoeuropeas es sobre todo que la historia de la familia se ha podido reconstruir con bastante detalle gracias al método comparativo.

La palabra indoeuropeo también se emplea para referirse a los pueblos históricos que originariamente hablaron esas lenguas (pueblos indoeuropeos), a su sociedad (sociedad indoeuropea), a su religión (religión indoeuropea) y a su cultura (cultura indoeuropea).

El término indoeuropeo se utiliza principalmente en las ciencias sociales (antropología, antropología lingüística, arqueología, etnología, filología, geografía e historia) y muy especialmente en la lingüística histórica. Se ha empleado también en pseudociencia en determinados contextos, por lo que ocasionalmente ha sido objeto de especial polémica ("el problema indoeuropeo"), como justificación de posiciones ideológicas (el nordicismo).[1]

Nació como un concepto filológico, dada la identificación que la filología comparada comenzó a hacer entre un gran conjunto de lenguas actualmente habladas desde la India hasta Europa. Se suele citar a William Jones como primera persona que observó los paralelismos entre el latín, el griego clásico y el sánscrito, y dedujo que estas lenguas, y otras, derivaban de un antecesor común.

El concepto de indoeuropeo pasó a aplicarse también a los pueblos históricos que originariamente hablaron esas lenguas (pueblos indoeuropeos), a su sociedad (sociedad indoeuropea), a su religión (religión indoeuropea) y a su cultura (cultura indoeuropea).

De forma intercambiable se utilizaban los términos indogermano o indogermánico, especialmente en el ámbito de habla alemana,[2]​ aunque se acuñó inicialmente en francés.[3]​ El término "indoeuropeo" se empleó inicialmente en inglés.[4]​ Diferentes denominaciones usadas para el mismo concepto fueron jafético[5]​ u otras relativas a lo sánscrito,[6]​ a lo celta (indocelta),[7]​ a lo ario (arioeuropeo)[8]​ o a lo tocario.[9]

Los conceptos indoario, indoiranio e indohitita son utilizados de una manera diferenciada, pero confluyente.[10]

No debe confundirse, en cambio, con el concepto de lo indogriego, completamente diferente, pues se refiere a la influencia helenística en la India posterior a Alejandro Magno.[11]

Hay muy distintas hipótesis sobre la ubicación inicial, en el tiempo y en el espacio (alrededor de 4000 a. C., en el entorno de la extensa zona esteparia entre la Europa suroriental y el Asia central -Urheimat-) de las que debieron ser "primeras" manifestaciones de lo indoeuropeo: lo protoindoeuropeo; y con ellas, la denominada lengua protoindoeuropea, el pueblo o conjunto de pueblos que la hablarían (pueblo protoindoeuropeo) y la reconstrucción arqueológica de sus posibles rasgos culturales y sociales (religión protoindoeuropea, cultura protoindoeuropea, sociedad protoindoeuropea).

Ambos términos (indoeuropeo y protoindoeuropeo) se usan especialmente en oposición al de preindoeuropeo, que designa al sustrato anterior al de la llegada de los indoeuropeos (o en su caso preindoeuropeos), tanto en India como en Europa o en Anatolia. Para el caso de la protohistoria de España, el término "preindoeuropeo" identifica al área del sur y el este peninsular (Tartessos y el área cultural de los iberos), mientras que el término "indoeuropeo" identifica al área del centro, oeste y norte (identificado a grandes rasgos con el área cultural de lo celta), con la notable excepción de los vascones, de lengua preindoeuropea (el antecedente del euskera).[12]

Por similitud con los conceptos de romanización o arabización, se utiliza el concepto de indoeuropeización para designar a la aculturación que se produjo como consecuencia del contacto con los pueblos indoeuropeos o protoindoeuropeos.[13]

Entre los más importantes indoeuropeístas (los dedicados a estudios indoeuropeos, especialmente la filología indoeuropea) están William Jones, Rasmus Rask, Franz Bopp, Friedrich Schlegel, Jakob Grimm, Georges Dumézil,[14]​ y Ferdinand de Saussure;,[15][16]Émile Benveniste, Jerzy Kuryłowicz, André Martinet, Winfred P. Lehmann, Tamaz V. Gamkrelidze y entre los hispanohablantes Francisco García Ayuso, Antonio Tovar, Francisco Rodríguez Adrados y Francisco Villar Liébana.[17]

Como consecuencia del empleo diferente que puede darse al concepto (científico o pseudocientífico), muy diferentes instituciones llevan el nombre de "estudios indoeuropeos":

El filólogo Giovanni Semerano dedicó su vida a trazar los orígenes de las lenguas europeas y afirma que la hipótesis del indoeuropeo no es plausible. En sus obras "Los orígenes de la cultura europea" y "La fábula del indoeuropeo" critica las ideologías que pueden favorecer el racismo. Para Semerano la teoría del indoeuropeo es una hipótesis mantenida con vida para que sirva a una ideología definida como etnoracista, socioclasista y de castas.

Tras examinar varios miles de términos de las llamadas lenguas indoeuropeas, afirma haber localizado la correspondencia de estos en el léxico de las antiguas lenguas mesopotámicas. Compara antropónimos, topónimos, hidrónimos, teónimos y etnóminos europeos y mediterráneos, y plantea relaciones y correspondencias con antiguas palabras en acadio (lengua semítica) y el sumerio (lengua aislada). Sus propuestas no tienen sustento lingüístico ni histórico, de acuerdo al conocimiento existente.

El filósofo Enrique Dussel desarrolla a lo largo de su extensa obra las motivaciones para perpetuar idea, que para él es un mito. En su trabajo [20]​ explica como la "ideología" prusiana en relación a lo "indoeuropeo", que sitúa la historia del Asia como una prehistoria de Europa, permite unificar de manera directa la cultura clásica griega con la alemana y moldear un pensamiento racista: el "ario".

Martin Bernal propone que Friedrich Schlegel inaugura este movimiento en 1803. En su obra "Atenea negra, las raices afroasiátiacas de la civilización clásica" dice que:



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