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Diego Fernández de Córdoba, III conde de Cabra



Diego Fernández de Córdoba y Mendoza (1460-Baena, 11/15 de agosto de 1525), fue un noble y militar castellano, III conde de Cabra, III vizconde de Iznájar, I señor de Valenzuela y V señor de Baena. Participó activamente en la Guerra de Granada contra el Reino nazarí y a favor de las fuerzas castellanas de los Reyes Católicos. Asimismo, ocupó los cargos de alcaide de Alcalá la Real, virrey, gobernador, embajador y Grande de Castilla.

Hijo de Diego Fernández de Córdoba y Carrillo de Albornoz, II conde de Cabra, II vizconde de Iznájar y IV señor de Baena, y de María Hurtado de Mendoza y Luna, hija menor del II marqués de Santillana y I duque del Infantado. Durante su infancia desarrolló una gran experiencia militar, llegando a acompañar a su padre en batallas durante la Guerra de Granada; de hecho, su padre había conseguido la hazaña de capturar al emir Boabdil en la Batalla de Lucena en 1483.[1]

Diego sucedió a su padre como jefe del condado en 1487, sustituyendo a su padre en la guerra granadina. En 1488 los Reyes Católicos le dan instrucciones de atacar el Reino nazarí desde el Reino de Murcia, concluyendo este hecho bélico con grandes éxitos como la conquista de Baza y Huéscar. Al año siguiente, los monarcas lo envían a Guadix, desde donde se pensaba realizar la ofensiva final a la capital de los nazaríes, juntando sus ejércitos con los de su tío Martín Alonso de Córdoba y Montemayor y llegando a conquistar la práctica totalidad de la Alpujarra en 1490, con ciudades como Purchena, Tabernas o Almuñécar. Del mismo modo, los reyes le indicaron la defensa de Baza e incluso acompañó a Fernando el Católico el 23 de abril de 1491 durante la tala de la Vega de Granada para evitar que el enemigo consiguiera suministros. En diciembre de ese año estaría presente en las denominadas Capitulaciones de Santa Fe, así como más tarde en la rendición de Granada el 2 de enero de 1492. Una vez terminada la guerra, los monarcas le entregan las villas de Canillas de Aceituno, Árchez y Churumbela por sus esfuerzos.[1]

El 11 de junio de 1499 fue nombrado virrey y gobernador de Castilla junto a Gómez Suárez de Figueroa. Además, fue designado embajador en Inglaterra para formar parte de la comitiva que partió el 26 de agosto de 1501 para acompañar a la princesa Catalina de Aragón con motivo de su matrimonio con el príncipe Arturo Tudor.[1]

La última etapa de su vida la dedicó a una labor conciliadora en el Reino de Córdoba, especialmente durante la Guerra de las Comunidades de Castilla, hecho que fue agradecido por el emperador Carlos I de España. También dedicó parte de su vida a las letras, traduciendo obras del historiador romano Salustio junto a Pedro Mártir de Anglería. Fallecería en Baena el 11 de agosto de 1525, dejando como heredero a su primogénito Luis Fernández de Córdoba.[1]

Casó en primeras nupcias con Beatriz Enríquez (n. c. 1462) —una hija de Alonso Enríquez de Quiñones (c. 1432-1485), II conde de Melgar y Rueda— de quien tuvo un hijo:

Casó en segundas nupcias con Francisca de Zúñiga y de la Cerda, fallecida en Baena el 22 de enero de 1511, hija de Diego de Zúñiga, el Duque de Oro, señor de Traspinedo y pretenso duque de Béjar, y Juana de la Cerda y Castañeda, IV señora de Villoria, fallecida en 1503, y nieta paterna del I duque de Béjar, con la que tuvo mucha descendencia:

También tuvo varios hijos ilegítimos que nombró en el testamento:[3]



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