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Dolor crónico



El dolor crónico es el dolor que se prolonga más allá del tiempo de curación normal y carece del sentido normal de advertencia nociceptiva. Habitualmente esto significa períodos continuos de dolor que superan los tres a seis meses de duración. Suele no responder a los tratamientos y acompañarse de trastornos psicológicos.[1][2][3]

La clasificación del dolor crónico puede realizarse por ubicación anatómica, origen (oncológico y no oncológico), por sistema (neuropático, no neuropático), por causa (traumático, no traumático). De acuerdo con todas estas posibilidades, expertos clasifican el dolor crónico en siete tipos:[1]

El dolor crónico primario es aquel que afecta una o más regiones anatómicas en forma persistente o recurrente durante más de tres meses, asociado a un trastorno emocional relevante o que produce algún grado reconocible de incapacidad, y que no se puede incluir en otras clasificaciones de dolor.[1]

a) Reumatoideo.

b) Vascular. Relacionado con una alteración del flujo sanguíneo por patología obstructiva o vaso espástica.

c) Trastorno por dolor, una enfermedad psiquiátrica.

Es frecuente en tumores y metástasis óseas. Puede ser debido al proceso maligno, la terapia antineoplásica o a otras causas:

a) Dolor causado por el tumor. Se debe a infiltración o compresión sobre determinadas estructuras (huesos, plexos, raíces, nervios periféricos, vísceras).

b) Dolor causado como resultado de la terapia (postcirugía, postquimioterapia, postradioterapia).

El dolor neuropático crónico puede ser espontáneo o secundario a una lesión aguda; sus características más importantes son la respuesta exagerada ante un estímulo doloroso (hiperalgesia) o una respuesta dolorosa anormal ante estímulos no dolorosos (alodinia). Se extiende por el territorio de uno o más nervios y su diagnóstico se logra con exámenes de imágenes, biopsia, o pruebas neurofisiológicas.[1]

La cefalea y el dolor orofacial crónicos se definen como dolor de cabeza u orofacial en más del 50% de los días durante a lo menos 3 meses continuos. El origen más frecuente son los trastornos de la articulación temporomandibular.[1]

El dolor crónico de origen no oncológico es la causa más frecuente de incapacidad en el mundo. La prevalencia, de acuerdo con distintos estudios, varía entre un 8 a un 45% de la población general, y entre un 10 a un 15% en la consulta de atención primaria. La prevalencia se incrementa con la edad. Un 88% de los pacientes con dolor crónico padece una enfermedad crónica. Entre un 20 a un 50% de ellos padece concomitantemente una depresión. [4]

Escalera analgésica de la OMS (Tratamiento del dolor)



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