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Domovoi



Domovói (ucraniano: Домови́к, Domovik), (ruso: Домово́й, Domovói) es la deidad del hogar, que cuida de la vida de toda la familia que vive en la casa.

Literalmente significa el espíritu de la casa en el folclore eslavo.

Con la abolición del paganismo el año 988 (véase Cristianización de la Rus de Kiev), el cristianismo lo convierte en un ente negativo.[1]​ También se considera que en los tiempos primitivos el Domovik era el dios del fuego del hogar, y probablemente dios benévolo que se oponía al diablo.[2]

En la cristiandad el Domovói adquiere una apariencia esquiva, y se empieza a percibir como una fuerza impura y que puede ser dañina en la casa. Se convierte en la fuente de problemas y confusiones domésticas.

No se han conservado nombres especiales para los dioses Domovói, pero algunos de ellos parecen ser Chur (Чур), Tsur (Цур) y Pek (Пек). Son voces que originan las palabras eslavas orientales de seguridad, peligro.[3]

En Ucrania se considera al Domovói como el espíritu que vive al lado del fuego, defiende a la familia pero su disgusto trae mala suerte y el gafe al hogar.

Se dice que el Domovói parece un niño, con pies de cabra, pantalones rojos, sombrero en forma de cuerno con un tubo largo.

Los Domovóis (la forma plural correcta es Domovýie) son masculinos, pequeños, muchas veces están totalmente cubiertos de pelo. De acuerdo con algunas tradiciones, el Domovói toma el aspecto de los actuales o antiguos habitantes de la casa, y tiene una barba gris, unas veces con cola, otra con cuernos.

En algunas leyendas se dice haber visto al dueño de la casa en el jardín, aunque de hecho estuviese el dueño real dormido en su cama. En algunas tradiciones lo describen como un perro o un gato, pero la descripción más extendida no es esta.

No le gustan los espejos ni la gente que duerme cerca de las puertas. A veces se oye, por la noche, como hace algunos trabajos de la casa. La gente respeta a Domovik, y cuando alguien habla de él, le llaman respetuosamente abuelo o dueño.

En la tradición ucraniana se considera el Domovói como un reputado antepasado de la familia, con un aspecto bonachón, que remarca el carácter de comodidad y bienestar. Los campesinos creían en él, viviendo el Domovói en las chispas, ayudando a las personas en el manejo de la casa. Hay leyendas en las que los habitantes obtenían Domovóis para ellos mismos: tomando un pequeño huevo de gallina, colocarlo debajo de un ratón, y llevarlo durante 9 días. El décimo el nuevo Domovói será un sirviente de la voluntad del dueño de la casa, así como llevándose los demonios que acechan a los niños, y quemándolos en una vieja estufa.

La tradición dice que toda casa tiene un Domovói. No se convierte en demonio a menos que se le disgusta con un mal mantenimiento de la casa, un lenguaje soez o descuidado. Se ve al Domovói como el guardián de la casa, y que algunas veces ayuda con pequeñas reparaciones. Tradicionalmente se le trata como un miembro de la familia, aunque ninguno le vea, y se le dejan regalos por la noche, como leche y galletas en la cocina.

Para atraer al Domovói, se sale fuera de la vivienda vistiendo las mejores ropas, y se dice en voz alta Dédushka Dobrojot (benévolo abuelo), por favor entra en mi casa y ayuda a los tuyos. Para librarse de un Domovói rival, hay que golpear las paredes con un haz, gritando abuelo Domovói, ayúdame a echar el intruso. En caso de mudanza, se dice ¡Domovói, Domovói, no permanezcas aquí y ven con nuestra familia!

Cuando una nueva casa es construida, la tradición polaca atrae un Domovói colocando un trozo de pan debajo de la estufa o cocina, mientras que en la tradición rusa se invita al antiguo Domovói de la casa que ha acompañado a la familia con el ofrecimiento de una bota vieja como lugar para alojarse en la casa nueva. En la tradición ucraniana, cuando una familia cambia de casa, dicen que la última noche antes de cambiarse, hay que dar a Domovik de comer y beber, y pedirle que vaya con todos a la nueva vivienda, ya que la economía doméstica depende de él.

Un pan salado envuelto en una tela blanca sirve apara apaciguar al espíritu, y la colocación de un lino blanco y limpio en la habitación, es una invitación a que coma con la familia. Colgar botas viejas en el patio, es otra forma de honrarlo.

El lugar favorito para vivir estos espíritus es debajo de la puerta o debajo de la estufa o cocina. El centro de la casa es su dominio también. El domovói mantiene la paz y el orden, y disfruta con una casa bien ordenada. Los campesinos lo alimentan por la noche como pago a la protección de su casa.

El Domovói era también un oráculo, y su conducta podía indicar o prevenir sobre el futuro. El Domovói le tiraría del pelo a la mujer para prevenirla de un hombre cruel. Aullaría o gemiría para advertir de los problemas que vienen. Si el Domovói se deja ver, es un anuncio de una muerte, y si solloza, se dice que habrá una muerte en la familia. Si se ríe, se esperan buenos tiempos, si frota un peine, habrá una boda en el futuro.

El Domovói tiene además un lado más malicioso. Aunque cuando uno posee un Domovói, se le considera un aliado, el Domovói de una casa vecina trae infelicidad. El folclore ruso dice que el Domovói puede molestar a los caballos en el establo toda la noche, así como robar grano al vecino para alimentar sus propios caballos. También el Domovói puede hacerse amigo de otro, y se dice que para organizar ruidosas veladas invernales.

La tradición indica que en la casa permanecen únicamente los animales que el Domovói quiere, atormentando a los que rechaza.

En invierno vive al lado de la estufa, pero si el dueño tiene caballos o cuadra pasa el invierno allí. Si le gusta el caballo, le cuidará, le hará trenzas de su crin y rabo, le dará comida y si no le gusta lo hará sufrir (a veces hasta puede matarlo).

Si el Domovói se vuelve infeliz, le juega malas pasadas a los miembros de la casa. Esto incluye el movimiento de pequeños objetos, rotura de platos, ensuciando con pequeñas manchas de barro, causando el crujido de las paredes de la casa, golpeando ollas o gimiendo. Si la familia puede determinar la causa del descontento del Domovói, pueden rectificar la situación volviendo las cosas a la situación normal. En caso contrario, la actuación del espíritu se incrementará en intensidad. Lo habitual es que la familia viva en armonía con el espíritu, y no ocurran problemas. Si quiere a alguien le hace trenzas en el pelo y si tiene antipatía le da pellizcos, hasta cardenales. También puede asustar por la noche, se echa encima de la persona, mientras esta duerme y empieza a apretarla.

La tradición dice que cuando se escucha llorar a un bebé, pero no hay bebés en casa, lo que se está escuchando es al bebé de Domovik. En este caso, hay que cubrir el sitio del que sale la voz con un pañuelo y la madre del niño te dará respuesta a cualquier pregunta, con tal de que quites el pañuelo a su hijo.

Después de la Revolución de Octubre, los bolcheviques organizaron una campaña de organización de los “Comités de la Vivienda” (algo como una Comunidad de Vecinos), en todas las casas de apartamentos. Esto generó numerosos comentarios jocosos, siendo el “Comité Domovói” (Comité de la vivienda) referido como “el comité de los Domovóis”.



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