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Edgar Wallace



Richard Horatio Edgar Wallace (Greenwich, Inglaterra, Reino Unido, 1 de abril de 1875Beverly Hills, Estados Unidos, 10 de febrero de 1932) fue un novelista, dramaturgo y periodista británico, padre del moderno estilo thriller y aclamado mundialmente como maestro de la narración de misterio. Además es el autor del guion original de la película King-Kong.

Nació en el número 7 de Ashburnham Grove, en el distrito londinense de Greenwich. Era hijo ilegítimo del actor Richard Horatio Edgar y de la actriz Marie (Polly) Richards. Su madre le hizo bautizar por un sacerdote católico y lo inscribió en el registro parroquial como hijo de «Walter Wallace», un personaje ficticio. Fue adoptado por George Freeman, mozo del mercado de pescado de Billingsgate. Entre los 12 y los 16 años trabajó en varias imprentas, una zapatería, una fábrica de impermeables, como cocinero en un buque, como albañil y como repartidor de leche.

Prestó sus servicios en el Regimiento Real de West Kent, en Inglaterra, de 1893 a 1896, y en el Cuerpo Sanitario Militar de Sudáfrica de 1896 a 1899; compró su renuncia militar en 1899 para dedicarse al periodismo. Durante la Primera Guerra Mundial sirvió como subinspector de la sección de Lincoln's Inn de la Policía Especial (para velar por la seguridad del Palacio de Buckingham), y trabajó para el Ministerio de la Guerra como interrogador especial de los ex prisioneros procedentes de los campos de concentración alemanes. Fue corresponsal en Sudáfrica de la agencia Reuter (1899-1902) y del Daily Mail (1900-1902); fundó y dirigió el Rand Daily Mail, de Johannesburgo (1902-1903); dirigió The Week-End Racing Supplement y la sección de carreras de caballos del Evening News (1910-1912); fundó los periódicos deportivos Bibury's Weekly y R. E. Walton's Weekly (1913); dirigió Ideas y The Story Journal (1913); colaboró en Town Topics, que luego dirigió (1913-1916); fundó The Bucks Mail (1930); dirigió, solo nominalmente, la revista Hush (1930-1931); dirigió el Sunday News (1931). Colaboró asimismo en más de cincuenta publicaciones periódicas de Sudáfrica, Inglaterra y Estados Unidos. Fue presidente reelegido del Club de la Prensa (1923-1924) y fundó el Press Club Fund, institución benéfica para periodistas, aún vigente. Instituyó el Derby Lunch (1923), comida anual en honor de la Carrera Derby, y motivó al Jockey Club para que modificase el reglamento de las carreras de caballos (1929). Dirigió varias obras teatrales, así como las películas Red Aces (1929) y The Squeaker (1930), basadas en obras suyas. Trabajó como actor en The Crimson Circle, inspirada en su famosa novela El Círculo Carmesí (1929).

Presidió la junta directiva de la compañía cinematográfica British Lion Film Corporation a partir de 1927. En 1931 se presentó como candidato al Parlamento por el Partido Liberal, sin éxito. Ese mismo año marchó a Hollywood, donde falleció después de escribir para la R.K.O. el guion original de King Kong (10 de febrero de 1932).

Escribió poesía, artículos, crítica teatral (en el Morning Post), teatro, cine, cuentos, historia y novelas. Su labor periodística le puso en contacto frecuente con el mundo del crimen. Tan pronto se encontraba investigando el rapto de un embajador en Marruecos como averiguando en el Congo si los funcionarios belgas practicaban la tortura, o sonsacando por los barrios bajos de Vigo a un contramaestre ruso el motivo de que su barco hubiera disparado contra la costa inglesa (por esta causa, el contramaestre fue ejecutado tras sufrir un consejo de guerra).

Visitaba con frecuencia Old Bailey (Tribunal de lo Criminal, en Londres) para hacer sus reportajes, e interrogaba a condenados a muerte (llegó a ofrecer 5 000 libras al Dr. Armstrong para que le confesase la historia completa de sus envenenamientos). Invitaba a comer a ex presidiarios y gustaba de relacionarse con personajes del hampa, hasta el punto de que estuvo asociado durante seis meses con "Ringer" Barrie, estafador del mundo de las carreras de caballos, a quien alquiló un negocio ilegal donde se vendían tips (pronósticos hípicos confidenciales) a cinco libras.

En tres ocasiones practicó la estafa por correo para estudiar las técnicas con que se realiza. El resultado fue el interesante artículo "Yo pude haber sido un delincuente con éxito". Era asiduo lector del Police Journal, una publicación reservada a la Policía y que él recibía periódicamente, y conocía la obra de criminalistas clásicos como Mantegazza y Krafft-Ebing. Su prestigio como conocedor del mundo del crimen motivó que la policía alemana reclamara su ayuda para atrapar al "Vampiro de Dusseldorf", y que se le nombrase subinspector de la Policía Especial para proteger la vida de Su Majestad.

Edgar Wallace creó el thriller con su novela Los cuatro hombres justos (1905), y consolidó este género narrativo con su obra posterior. Las investigaciones detectivescas realizadas en sus novelas requieren siempre un profesionalismo, y suelen desplegarse con el concurso de la maquinaria policial, lo que las diferencia de la corriente de la «novela problema» o «novela enigma», donde se supone que el lector dispone de todos los indicios necesarios para resolver por sí mismo el misterio, rivalizando así con el protagonista de la narración, generalmente un detective aficionado. No obstante, Wallace sí brinda frecuentemente al lector la posibilidad de ejercer sus propias dotes de detección. Recordemos como ejemplo los problemas de habitación cerrada planteados en The Four Just Men (1905) Los cuatro hombres justos, The Clue of the Twisted Candle (1917) (traducida como El misterio de la vela doblada) o The Clue of The New Pin (1923) (La pista del alfiler). No obstante, incluso en estas novelas prepondera la acción sobre el análisis. Esto se debe a que, como cultivador del thriller (narración inquietante), Wallace da preferencia a la tensión dramática y a la unidad narrativa sobre la lenta exposición de indicios característica de la «novela enigma».

Esta estructura externa ha llamado a menudo a engaño a los críticos, que han creído ver en él más un autor de novelas de aventuras criminales que un cultivador de novelas detectivescas. En Wallace, los elementos del enigma están diluidos en la acción. Son sucesos aparentemente incongruentes, y es precisamente esta incongruencia la que actúa como acicate de la curiosidad del lector. Solo al final encajan las piezas del rompecabezas, y una nueva lectura de la narración pone de relieve que los indicios ya habían sido expuestos, y de manera tan evidente que resulta admirable cómo el lector no había caído en la cuenta de su significado.

Cuando el inspector Parr, en el capítulo IX de El círculo carmesí, dice, sin que venga a cuento, que «los hijos son una gran responsabilidad», el lector medio pasa por alto la frase, considerándola posiblemente como una pequeña extravagancia; pero si relee el libro advierte su significado a la luz de la solución final. Es debido a esta duplicidad suceso-significado intelectual que Wallace se distingue de la generalidad de los cultivadores del thriller. Con una mano escribe una novela sensacionalista y con la otra despliega un enigma dirigido a la mente.

La reputación de Wallace dista de estar limitada a su éxito mundial como cultivador de la novela de misterio. Existen numerosos aficionados a este autor que nunca leen novelas de detectives. Unos buscan el humor de la serie de Evans El Ilustrado, que recuerdan el casticismo de nuestro Arniches y el ingenio de nuestra picaresca; otros, los aficionados a la narrativa clásica de temas exóticos, tienen predilección por los cuentos ambientados en África; otros, en fin, prefieren los irónicos artículos periodísticos publicados en el Daily Mail (cuya lectura recomendó James Joyce).

En sus momentos mejores, Edgar Wallace se caracteriza por la viveza chispeante del diálogo, el interés hipnótico de la narración, el ingenio límpido y cristalino de los desenlaces, la agudeza del humor, el aliento juvenil de la aventura, el certero diseño del mundo de la picaresca londinense y la audacia imaginativa de los argumentos; en sus momentos peores adolece de mecanicismo, autorrepetición, abuso del factor coincidencia y descuido general en la urdimbre de la trama. Sus novelas no tienen la xenofobia propia de sus contemporáneos ("Sapper", por ejemplo), pese a que se le ha querido acusar de tal. Es cierto que las narraciones ambientadas en África están enmarcadas en un entorno colonialista, pero no todas las virtudes están achacadas a la raza blanca, ni todos los defectos a la nativa. En las narraciones detectivescas, los protagonistas suelen ser ingleses, pero también los hay de otras etnias: el chino Yeh Ling, tan distinto del «oriental siniestro» propugnado por Sax Rohmer, es uno de los protagonistas de La pista del alfiler; el judío Israel Kensky es la figura central de The Book of All Power (1921) (El libro de la omnipotencia), y entre los miembros integrantes de Los cuatro hombres justos figuran un francés y un español. Rome, creada para los escenarios de Londres y Estados Unidos, tiene música de José Padilla.

A. Educated Evans (Webster Publications, 1924). Edición española: Evans el Ilustrado (Editorial Bruguera: Barcelona, enero de 1945). Número 2 de la Colección Alondra. Comprende los relatos siguientes:

B. More Educated Evans (Webster Publications, 1926). Edición española: Otra vez Evans (Editorial Bruguera: Barcelona, mayo de 1945). Número 11 de la Colección Alondra. Comprende los relatos:

C. Good Evans (título alternativo: The Educated Man-Good Evans) (Webster Publications, 1927). Edición española: Evans el Bueno (Editorial Bruguera: Barcelona, agosto de 1945). Número 21 de la Colección Alondra. Contiene las narraciones:



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