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Exposición de Artes Decorativas de 1925



La Exposición Internacional de Artes Decorativas e Industrias Modernas (en francés, Exposition Internationale des Arts Décoratifs et Industriels Modernes) fue una Exposición Internacional celebrada en París en el año 1925 que tenía como finalidad mostrar los adelantos industriales y en las artes decorativas.

La premisa primera del certamen era la modernidad. Al certamen era obligado acudir con creaciones novedosas. En consecuencia, los proyectos debían alejarse de la tradición, excluyéndose las obras historicistas y las secciones retrospectivas del pasado. En efecto, el artículo 4 del Reglamento de la Exposición advertía que sólo serían admitidas las obras de una “inspiración nueva y de una originalidad real”, y serían “rigurosamente rechazadas las copias, imitaciones y derivaciones de estilos antiguos o anteriores”.[1]

La Exposición de París de 1925 fue visitada durante el tiempo que estuvo abierta al público por más de 16 millones de personas, convirtiéndose en un evento clave en para la denominación y la difusión internacional del estilo que a partir de entonces se denominaría Art decó. Como mostraba la propia exposición en su uniformidad, el estilo ya hacía tiempo que había madurado y dado muy importantes frutos en apartados como el diseño gráfico, la arquitectura, la pintura o la esculturas”[1]​.

Las conclusiones que se derivaban de esas manifestaciones de arte moderno, actualmente obvias pero entonces revolucionarias, serían sintetizadas en el ámbito de la arquitectura por el ingeniero J. Eugenio Ribera. "El estilo moderno no puede asemejarse a los de las épocas anteriores, cuyas características cultivaban un reducido número de artistas, que reproducían indefinidamente las disposiciones y ornamentos perfeccionados en un período de muchos años y, a veces, de siglos, recurriendo como único material a la piedra labrada, que a su vez contrae las proporciones a reglas precisas y sólo pueden aplicarse a templos o palacios. Hoy son infinitos los destinos de las construcciones. Cada una de ellas debe proyectarse con proporciones y con materiales diferentes; asimismo su decoración varía con el carácter suntuoso, utilitario o industrial que se persigue... Lo que evidencia la Exposición es que puede prescindirse de los cánones arquitectónicos tradicionales, que resultan incongruentes para nuestra época; que las necesidades y las costumbres actuales deben satisfacerse con belleza y alegría mediante el armonioso empleo de materiales fáciles de aplicar; por último, que el buen gusto debe perseguirse por igual en la suntuosidad de un palacio que en la más modesta vivienda obrera, pero siempre con sencillez, sin ostentaciones ridículas y sin grotescas imitaciones”[1]​. Estas conclusiones eran aplicables a otras múltiples creaciones.

Se ha destacado que la Exposición de 1925 y el art-déco que surge de ella no es tanto un cambio de sensibilidad cuanto de respuesta a las nuevas realidades materiales de la época, en especial las industriales y la fabricación en serie. En este sentido, el título de la Exposición, que relacionaba las "Artes Decorativas" con las "Industrias Modernas", era particularmente adecuado.[2]



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