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Fábrica de San Pedro



La Fábrica de San Pedro (en latín Reverenda Fabrica Sancti Petri) es un ente creado expresamente para la gestión del conjunto de las obras necesarias para la realización arquitectónica y artística de la Basílica de San Pedro en el Vaticano. El ente se encarga de la gestión del complejo.[1]​ Según la constitución apostólica Pastor Bonus de Juan Pablo II la Fábrica de San Pedro se ocupa de todo cuanto sea necesario para la conservación y el decoro del edificio, de la disciplina interna de los guardias y los peregrinos y obra de acuerdo con el Capítulo de la Basílica Vaticana. Recientemente el Vaticano ha abierto los archivos a los estudios: entre los preciados documentos catalogados hay miles de notas, proyectos, contratos, recibos, correspondencia (por ejemplo entre Miguel Ángel y la Curia Romana), que constituyen una documentación sui generis en la vida práctica cotidiana de los artistas implicados.

El actual presidente es el cardenal italiano Angelo Comastri, nombrado por Juan Pablo II.

Fue creada en 1523 por papa Clemente VII. La Fábrica de San Pedro fue instituida como una comisión para encargarse de la supervisión de las obras de la Basílica Vaticana.

En 1589, el papa Sixto V pasó la presidencia de La Fábrica al Arcipreste de la Basílica de San Pedro. El papa Clemente VIII cambio la comisión por un órgano colegial denominado Congregazione della Reverenda Fabbrica di San Pietro, que seguía asumiendo las mismas funciones que la antigua comisión. En 1863, el papa Pío IX suprimió la congregación, pasando a la Congregación del Concilio.

En 1908, Pío X, redujo las funciones de la congregación y en 1967, con la reforma de la Curia de Pablo VI, la Congregación fue suprimida.[2]

En 1988, Juan Pablo II mediante la Constitución Apostólica Pastor Bonus estableció que la Fábrica de San Pedro "continuara ocupándose de todo lo que se refiere a la Basílica del Príncipe de los Apóstoles en lo relativo a la conservación y al decoro del edificio, a la disciplina interna de los custodios y de los peregrinos que visitan el templo”.[3]

El emplazamiento de la inmensa obra de la basílica no pasó desapercibido en la cultura popular romana y fuera de ella. Cuando pasaban los materiales al sitio de construcción por la aduana no tenían el deber de pagar ninguna tarifa. Esto dio origen a la expresión en latín: A.U.F. (Es decir, ad usum Fabrice - a saber, la intención - " para ser utilizado en la fábrica , " implicación de San Pedro) . En la tradición popular romana nació la forma verbal "auffo" o "auffa", utilizada en Roma y en muchas otras localidades italianas que formaban parte del Estado Pontificio, para indicar a alguien que quiere obtener servicios o bienes de modo gratuito. Del mismo modo, incluso hoy en día, cuando hablamos de una obra en permanente proceso de construcción, se acostumbra a compararlo con San Pedro.



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