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Farmacia



La farmacia (del griego φάρμακον /fármakon/, 'medicamento, veneno, tóxico') es la ciencia y práctica de la preparación, conservación, presentación y dispensación de medicamentos; también es el lugar donde se preparan, dispensan y venden los productos medicinales. Esta definición es la más universal y clásica, que se solapa con el concepto de Farmacia Galénica (Galeno fue un médico griego del siglo II, experto en preparar medicamentos).[1]

Antes del siglo XX y principios del mismo, la formulación y preparación de medicamentos se hacía por un solo farmacéutico o con el maestro farmacéutico. A partir del siglo XX, la elaboración de los medicamentos corre a cargo de la moderna industria farmacéutica, si bien siguen siendo farmacéuticos los que coordinan e investigan la formulación y preparación de medicamentos en las grandes empresas farmacéuticas.

Recientemente se considera también práctica de las farmacias aconsejar al paciente en lo que se refiere a su medicación y asesorar a los médicos u otros profesionales sobre los medicamentos y su utilización (farmacia clínica y atención farmacéutica).[2]

Los farmacéuticos también colaboran en grupos de investigación con los químicos, bioquímicos, biólogos e ingenieros para descubrir y desarrollar compuestos químicos (y biológicos) con valor terapéutico. Además debido a las nuevas regulaciones internacionales en materia de higiene y salud públicas (OMS/ ICH), cada vez con más frecuencia se solicita su consejo en temas de salud pública.

La historia de la farmacia como ciencia independiente es relativamente joven. Los orígenes de la historiografía farmacéutica se remontan al primer tercio del s. XIX, que es cuando aparecen las primeras historiografías, que si bien no toca todos los aspectos de la historia farmacéutica, son el punto de partida para el definitivo arranque de esta ciencia.

Hasta el nacimiento de la farmacia como ciencia independiente, existe una evolución histórica, desde la antigüedad clásica hasta nuestros días que marca el curso de esta ciencia, siempre relacionada con la medicina.

La farmacia se ha desarrollado a partir de varias ciencias como la química orgánica, la bioquímica, la fisiología, la botánica, la biología celular y la biología molecular. En sus orígenes la práctica médica y la farmacéutica estaban fusionadas. Luego se separaron y divergieron. Actualmente son complementarias, no se entiende una medicina sin farmacia y no tiene sentido una farmacia sin medicina. Así, la farmacia es, en verdad, una reunión de múltiples disciplinas de la ciencia, y se puede dividir en dos ramas principales:

Ciencias Farmacéuticas y Práctica Farmacéutica.

La farmacología y toxicología, en algunos entornos y quizás por razones históricas, se consideran como ciencias separadas de las ciencias farmacéuticas, en cualquier caso actualmente son básicas en la formación de los graduados en Farmacia. Las facultades de Medicina suelen tener también programas de farmacología en la formación de sus graduados. La farmacología clínica es, en algunos países (USA y Países Bajos son excepciones),[4]​ una disciplina exclusiva para graduados en Medicina, sin embargo la farmacocinética clínica es una disciplina donde los graduados en Farmacia en algunos casos han contribuido a la misma de forma importante en términos académicos y en su aplicación industrial[5]​y en otros supone una parte de la práctica habitual de la Farmacia Hospitalaria.

En los últimos años también se habla del uso de terapia génica como otra forma de remedio contra muchas nuevas enfermedades por lo cual también cobra interés entre los farmacéuticos todo lo relacionado con la biotecnología farmacéutica.

La botica es el lugar o establecimiento donde un farmacéutico ejerce la farmacia comunitaria o proporciona servicio sanitario a un paciente ofreciéndole consejo, dispensándole medicamentos fruto de este consejo o por receta del médico y otros productos de parafarmacia como productos de cosmética, alimentos especiales, productos de higiene personal, ortopedia, etc. Popularmente a la oficina de farmacia se le suele llamar simplemente farmacia y tradicionalmente se le llama botica.[6]​ Una oficina de farmacia puede albergar un laboratorio de análisis clínicos o uno de elaboración de productos medicinales mediante las fórmulas magistrales o preparados oficinales.

En España, las oficinas de farmacia las regula cada Comunidad Autónoma a través de Leyes de Ordenación Farmacéutica [7]​. En ellas se establecen los requisitos que deben cumplir los locales donde se pueden abrir las farmacias[8]​, el precio de las licencias y concesiones de farmacia[9]​, así como otros aspectos como la distancia entre boticas, con lo que se pretende mantener la libre competencia.

La oficina de farmacia es el lugar donde el farmacéutico comunitario desenvuelve su labor profesional. Las oficinas de farmacia pueden ser propiedad de un farmacéutico, o en algunos países propiedad de una cadena de farmacias o empresarios. En cualquier caso, en una oficina de farmacia siempre ha de haber un farmacéutico titulado en todo momento, bien titular o empleado. En cuestión de categorías, en España la ley distingue entre farmacéuticos:

Mientras que por farmacéutico adjunto[10]​ se entiende que trabaja «conjuntamente» con el o los farmacéuticos propietarios o regentes, en el caso de los sustitutos se entiende que actúan «en vez de». En España el número de farmacéuticos adjuntos necesarios está regulado por las Comunidades Autónomas y varía de unas a otras.

Pero en la farmacia también se encuentra personal auxiliar[11]​, que ayuda al farmacéutico en la dispensación y recepción de pedidos[12]​. Poco a poco se van introduciendo los técnicos en farmacia.

El personal cumple las siguientes funciones:

En Latinoamérica la farmacia no puede existir sin el químico farmacéutico, quien debe preparar medicamentos, controlar y supervisar la dispensación de medicamentos, no siempre atiende público, el que atiende público es un idóneo o técnico en farmacia.

Pero en la actualidad la mayoría de los medicamentos son preparados masivamente en una fábrica, aplicando la tecnología más sofisticada como tanques, mezcladores y más instalaciones industriales para elaborar enormes lotes de distintas formas farmacéuticas, sin mencionar el uso de sistemas de control de calidad y de administración que permitan fabricarlos en serie, de la mejor calidad y económicamente viables.

Las farmacias españolas suelen contar con contenedores específicos, denominados Puntos SIGRE,[13]​ en los que los ciudadanos pueden depositar los envases vacíos y los restos de medicamentos, bien al finalizar un tratamiento o cada vez que se revise el botiquín para retirar aquellos que estén caducados, en mal estado de conservación o ya no se necesiten.

De esta manera, el farmacéutico desempeña una importante labor de asesoramiento con los pacientes en todo lo referente al correcto cierre del ciclo de vida de los medicamentos, aconsejando sobre la adecuada manera de desprenderse de los mismos, sin dañar al medio ambiente y evitando la automedicación incontrolada. Así mismo, mediante la custodia del contenedor, también garantiza que los restos de medicamentos o envases depositados en el Punto SIGRE no puedan ser extraídos ni manipulados, con el consiguiente riesgo que esto entrañaría.

La farmacia está representada por muchos símbolos. Los más comunes en Argentina, España y Francia son la Copa de Higía, la cruz griega verde o la cruz pateada, este último especialmente en los luminosos de las oficinas de farmacia. También existen otros como el mortero y la maza, el carácter de receta, (recipere), medidas cónicas, caduceos, Vara de Esculapio o una A roja gótica y estilizada en el caso de Alemania. La A proviene de Apotheke, vocablo germano de Farmacia.

En Chile se utiliza habitualmente el símbolo Rx (Recipe) o Rp, que es la traducción latina, para encabezar las recetas; ambos corresponden con la expresión latina de la entrega del producto curativo.

Cruz griega verde

Mortero y pistilo

Símbolo de receta Símbolo de Recipe (Recibe; Tómese) en Recetas de Chile

"A" estilizada roja alemana

Vara de Esculapio, también usada en la farmacia

Cruz de Malta

Los servicios de farmacia hospitalaria, en España, son, por ley, servicios generales clínicos. Sus funciones fueron descritas por la legislación.[14]​ Jerárquicamente suelen depender de la dirección médica del hospital al igual que los servicios de análisis clínicos, Microbiología o Medicina Nuclear entre otros. En resumen, son responsables de la adquisición, conservación, dispensación y elaboración de medicamentos así como de la selección y evaluación de medicamentos, la información farmacoterapéutica, las actividades de farmacocinética clínica, de farmacovigilancia, el control de productos en fase de investigación clínica y la realización de estudios de utilización de medicamentos. Son responsables de coordinar las comisiones de farmacia y terapéutica de los hospitales y de elaborar y mantener las guías o formularios farmacoterapéuticos. Es decir, cumplen funciones de gestión, logísticas, y clínicas tanto con fines asistenciales, docentes como de investigación.

Recientemente destaca su involucración en el seguimiento y control de tratamientos farmacológicos tanto de pacientes hospitalizados como ambulatorios (atención farmacéutica y farmacia clínica), la elaboración y control de preparaciones parenterales (agentes antineoplásicos, antibióticos y nutrición parenteral) y la automatización de los procesos de dispensación individualizada de los medicamentos a los pacientes ingresados (distribución en dosis unitarias).

Para trabajar en los servicios de farmacia hospitalaria, en España y en muchos países europeos, se exige al licenciado en farmacia además un postgrado que es el título de especialista en farmacia hospitalaria. Este título oficial se consigue superando una prueba nacional de selección para elegir hospital y cuatro años de residencia remunerada (es conocido como el FIR, farmacéutico interno residente). Durante los cuatro años de residencia el farmacéutico adquiere todos los conocimientos y habilidades para ejercer la especialidad. En España el sistema MIR-FIR surgió como adaptación del sistema americano de formación de médicos en los años 60-70 y uno de los hospitales pioneros fue el Hospital Marqués de Valdecilla de Santander. Hoy en día nadie duda de las bondades de dicho sistema de formación por la calidad y excelencia de la misma.

Existen farmacéuticos especialistas en farmacia hospitalaria que además han conseguido diplomas acreditativos de superespecializaciones en Oncología farmacéutica, Farmacocinética clínica, Farmacoeconomía, Farmacoepidemiología y Nutrición Parenteral y Enteral (no oficiales en España pero avalados por instituciones académicas norteamericanas y españolas). Además, muchos farmacéuticos especialistas trabajan a tiempo completo en actividades como farmacocinética clínica, atención farmacéutica en distintas especialidades médicas, seguimiento nutricional, información y documentación farmacoterapéutica, farmacovigilancia y farmacoepidemiología, y educación e información a pacientes ambulatorios entre otras.

En un servicio de farmacia de un hospital de nivel terciario de unas 600 camas, típicamente hay unos 5-6 farmacéuticos especialistas y unos 4-8 farmacéuticos residentes. Además, suele haber estudiantes de 5º de farmacia realizando su estancia de prácticas tuteladas. Aparte de técnicos y/o enfermeros y personal auxiliar. En algunos grandes hospitales (más de 1500 camas) el número de farmacéuticos especialistas puede ser en torno a 15.

Los medicamentos constituyen la tecnología médica más utilizada, disponiendo de una gran variedad de estos fabricados por la industria farmacéutica para la terapéutica, prevención y/o rehabilitación, dispuestos para su distribución, almacenamiento, expendio y dispensación en los establecimientos. La clasificación se establece en la Ley General de Salud en los artículos 224 y 226, de acuerdo a su preparación, naturaleza, venta y suministro; y en la Organización Mundial de la Salud (OMS) por su efecto terapéutico.

Secretaría de Salud.

Esta prescripción se deberá retener por el establecimiento que la surta en la tercera ocasión; el médico tratante determinará, el número de presentaciones del mismo producto y contenido de las mismas que se puedan adquirir en cada ocasión.

Nota: El registro sanitario para la comercialización de medicamentos solamente puede ser otorgado por la Secretaría de Salud. La clave de registro será única, no se podrá aplicar la misma a dos productos que se diferencien ya sea en su denominación genérica o distintiva o en su formulación. El titular de un registro, no tendrá la posesión de dos registros que ostenten el mismo fármaco, forma farmacéutica o formulación.

Los elementos que constituyen la clave de registro son: un número consecutivo asignado por la autoridad sanitaria, la sigla que indica el tipo de medicamento, M para alopático, P para herbolario Y para homeopático, el año en que fue autorizado y las siglas SSA. Las etiquetas de los medicamentos indican además de lo anterior la fracción a la cual pertenecen, como se muestra en el siguiente ejemplo: Reg. No.0310M2009 SSA IV.


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