x
1

Garito



Tablaje era el nombre que recibían en España las casas de juego o garitos. Se llamaban también tablajería, casas de conversación, leoneras, mandrachos, encierros pues los tahures gustaban de usar un lenguaje particular.

Al establecimiento de estas casas llamaban abrir tienda, asentar conversación de tablaje. Las tenían todo tipo de gente desde los más altos personajes como dice Cervantes hasta los más bajos. Sus dueños se llamaban coymeros o mandracheros. Otros se llamaban gariteros con alusión a unos aposentos de las galeras llamados la garita y otros, los de chivitil, en alusión a las chocillas en las que los pastores defendían del frío a los chivatillos o cabritillos, siendo estos los tablajeros más bajos y viles.

El barato era aquella cantidad que se estipulaba se debía dar al huésped o dueño de la casa por el uso de ella y por proveer de luces y barajas la cual era mayor o menor según se jugaba más o menos recio y a esto llamaban sacar el barato, sacar sus derechos o aranceles. La ganancia que sacaba el tablajero cuando en su casa se jugaba día y noche, se llamaba gotera en payla.

Baraja es voz antigua castellana, que antes se decía baraya y barata, que quiere decir riña, contienda, disputa, confusión, desorden. Y así como ahora se dice el libro de las cuarenta hojas, se llamaban en el siglo XVII ætatem Mahometicam, latín tan fácil y admitido que todos lo entendían. Se llamaba así por alusión a los 48 años que dicen que vivió Mahoma y, en efecto, incluidos los ochos y nueves consta la baraja de 48 naipes. En algunas barajas antiguas se pintaban mujeres en lugar de hombres sobre los caballos o palafrenes y en algunas de Andalucía se pintaban cuatro cartas en figura de muchachos desnudos que eran el as de espadas, el as y el dos de bastos y el as de copas. De los jugadores unos se llamaban tahures o tafures, como se dice en el Ordenamiento de las Tafurerías que hizo y ordenó Maestro Roldán en el año 1276. Otros se llamaban fulleros, otros sagas y otros sages dobles por su mayor sagacidad.

Estas sagacidades y cautelas de que usaban los fulleros se llamaban tretas, flores, pandillas, que son sinónimos de trampas, engaños, hurtos. Estas tretas se hacían de diversos modos y tenían diferentes nombres.

Como estas casas de juego eran una especie de tráfico donde unos a otros se robaban el dinero, además de los jugadores, concurrían otros vagabundos, gente sin oficio ni beneficio que se valían de este peligroso arbitrio para sustentar la vida. Estos tenían varios empleos y nombres:

A los que se ocupaban en hacer gente y en buscar y enganchar jugadores, daban también diversos nombres:

Se leen estas noticias curiosas en el referido libro del mencionado Luque Fajardo que pondera vivamente la robos, las estafas, las maldiciones, las blasfemias y otras picardías que se cometían en estas casas de juego, tan comunes e introducidas en su tiempo (que era el de Cervantes) a pesar de tantas leyes y pragmáticas en que se prohibían. Al principio, solo jugaban a los naipes los hombres pero ya se quejaba el referido licenciado Fajardo de que algunas mujeres empezaban a jugar a los naipes y en efecto, se hallaban ya entre ellas tan buenas fulleras como entre ellos.

Diccionario histórico enciclopédico, 1833



Escribe un comentario o lo que quieras sobre Garito (directo, no tienes que registrarte)


Comentarios
(de más nuevos a más antiguos)


Aún no hay comentarios, ¡deja el primero!