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Gernikako arbola (canción)



Gernikako arbola (El Árbol de Guernica) es el título de una canción (en forma de zorcico) escrita en el siglo XIX por el bardo vasco José María Iparraguirre en homenaje al Árbol de Gernika y los fueros vascos. Su música es de Juan María Blas de Altuna y Mascarua, concertista de órgano y primer organista de la basílica de Lekeitio.

La canción es un himno no oficial de unión de todos los vascos, aunque el himno oficial de la Comunidad Autónoma del País Vasco (Eusko Abendaren Ereserkia) es el Gora ta gora de Sabino Arana.

La canción fue compuesta en Madrid, donde se residía José María Iparraguirre, alrededor del año 1853. Pocos días después de su composición, la mayor parte de la numerosa colonia vascongada residente en Madrid se reunía una noche en el Café de San Luis (situado en la calle de la Montera) con objeto de escuchar al popular bardo que entre otras producciones, se decía iba a cantar un nuevo zortzico suyo.

A la hora señalada el Café se hallaba completamente lleno y se aguardaba con impaciencia la presentación del artista vascongado. Poco después, Iparraguirre, acompañado al piano por su paisano y compañero Altuna, daba á conocer su composición al Árbol de Guernica, que produjo verdadero entusiasmo entre los concurrentes.

El zortzico se repitió una y otra vez entre los más espontáneos bravos y aplausos; aquella misma noche lo aprendieron de memoria todos los vascongados que asistian a la memorable velada, y a última hora el Árbol de Guernica era cantado en coro por cincuenta, sesenta o más voces, e Iparraguirre y Altuna eran objeto de una verdadera ovación.

Según José Manterola, al año siguiente, Iparraguirre regresó al país vasco, y en una de las frecuentes romerías que el bardo amenizaba con sus cantos y su guitarra, dio a conocer ante una inmensa muchedumbre su último zortzico, que llenó de entusiasmo a los concurrentes y promovió una pacífica pero imponente manifestación, que movió al gobierno a extrañar del suelo vascongado al poeta y al cantor, cuya permanencia en él juzgaba peligrosa para la pública tranquilidad.

El Guernicaco Arbola obtuvo allí la sanción de las muchedumbres, como poco antes la había alcanzado en Madrid de clases más ilustradas, y se elevó ya desde este momento a la categoría de un verdadero canto histórico-popular entre los vascos.

En un elocuente discurso en defensa de los fueros vascongados que pronunció el antiguo ministro isabelino Pedro de Egaña en el Senado el 16 de junio de 1864, se dio a conocer la letra de la canción en castellano. El carlista andaluz José Suárez de Urbina compuso además una original letra de este himno en castellano.

Gernikako arbola
da bedeinkatua
Euskaldunen artean
guztiz maitatua.
Eman ta zabal zazu
munduan frutua
adoratzen zaitugu
arbola santua

Mila urte inguru da
esaten dutela
Jainkoak jarri zuela
Gernikako arbola.
Zaude bada zutikan
orain da denbora
eroritzen bazera
arras galdu gera

Ez zera eroriko
arbola maitea
baldin portatzen bada
Bizkaiko Juntia.
Laurok hartuko degu
pakian bizi dedin
euskaldun jendia.

Betiko bizi dedin
Jaunari eskatzeko
jarri gaitezen danok
laister belauniko.
Eta bihotzetikan
eskatu ezkero
arbola biziko da
orain eta gero.

Arbola botatzia
dutena pentsatu
denak badakigu.
Ea bada jendia
denbora orain degu
erori gabetanik
eduki behar degu.

Beti egongo zera
uda berrikoa
lore aintzinetako
mantxa gabekoa.
Erruki zaite bada
bihotz gurekoa
denbora galdu gabe
emanik frutua.

Arbolak erantzun du
kontuz bizitzeko
eta bihotzetikan
Jaunari eskatzeko,
gerrarik nahi ez degu
pakea betiko,
gure lege zuzenak
hemen maitatzeko.

Erregutu diogun
Jaungoiko Jaunari
pakea emateko
orain eta beti.
Eman indarra ere
zerorren lurrari
eta bendezioa
Euskal Herriari.

Bendito es el Árbol de Guernica,
amado por todos los euskaldunes.
Da y extiende tu fruto por el mundo,
te adoramos, Árbol sagrado.

Hace unos mil años que se dice
que Dios plantó el Árbol de Guernica.
Manténte en pie ahora y siempre,
si caes estamos perdidos.

No caerás, Árbol querido,
si la Junta de Vizcaya se porta.
Nos uniremos a ti las cuatro provincias
para que viva en paz la grey éuscara.

Arrodillémonos todos para pedir al Señor
que nuestro Árbol viva para siempre.
Y si se lo pedimos de corazón,
el Árbol vivirá ahora y siempre.

Todos sabemos
que han planeado tumbar el Árbol.
Ea, paisanos, esta es nuestra hora,
mantengámoslo en pie sin que se caiga.

Vivirás siempre en primavera,
antigua flor sin mancha.
Apiádate de nosotros, querido Árbol,
danos tu fruto sin perder más tiempo.

El Árbol nos responde que vivamos alerta
y que se lo pidamos a Dios con fervor.
No queremos guerra, sino paz duradera
para que se respeten nuestras rectas leyes.

Pidamos a Dios nuestro Señor
que nos conceda paz ahora y siempre,
y que dé también fuerza a tu tierra
y su bendición al país vasco.



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