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Grigori Sokolov



Grigori Lípmanovich Sokolov (en ruso Григо́рий Ли́пманович Соколо́в) es un concertista de piano. Nació en Leningrado el 18 de abril de 1950.[1]​ A pesar del prestigio internacional que obtuvo tras ganar el Concurso Internacional Chaikovski de 1966, la carrera internacional de Sokolov no despegó hasta finales de 1980.

En 2015 le fue otorgado el DaCapo KlassiK Award - Pianista del año.

Sokolov comenzó sus estudios de piano a la edad de cinco años. A los siete años ingresó en la Escuela musical adscrita al conservatorio de San Petersburgo, donde estudió con la pianista Liya Zelijman, accediendo posteriormente al citado conservatorio donde fue discípulo de Moiséi Jalfin. A la edad de doce años ofreció su primer gran recital en Moscú, donde interpretó piezas de Bach, Beethoven, Schumann, Chopin, Mendelssohn, Skriabin, Liszt, Debussy y Shostakóvich en la Philharmonic Society.[2]​ A la edad de dieciséis años, captó la atención internacional cuando el jurado del Concurso Internacional Chaikovski en su edición de 1966 presidido por Emil Gilels le concedió por unanimidad la Medalla de Oro. Al parecer, la decisión resultó ser una sorpresa: "El pequeño Grisha Sokolov de tan solo dieciséis años había resultado ganador en aquella competición y, sin embargo, nadie lo tomó en serio en aquella época".[3]

Poco conocido fuera de la Unión Soviética hasta finales de los años 80, se situó establemente en la escena internacional con algunos memorables conciertos, como su ejecución del tercer concierto de Rajmáninov en Londres en 1995, que suscitó gran impresión por la maestría técnica y la nobleza de expresión.

En más de cincuenta años de carrera, ha tocado con las mayores orquestas mundiales y con más de doscientos directores, entre los cuales están Valeri Guérguiev, Neeme Järvi, Trevor Pinnock, Myung-Whun Chung, Andrew Litton, Walter Weller, Herbert Blomstedt, Yevgueni Svetlánov, Aleksandr Lázarev.

Ha colaborado con orquestas como Philharmonia Orchestra, Concertgebouw de Ámsterdam, New York Philharmonic, Gewandhausorchester Leipzig, la Filarmonica della Scala, Münchner Philharmoniker, la Montreal Symphony Orchestra.

Desde hace varios años ha disminuido sensiblemente su actividad con orquesta, concentrándose en los recitales en solitario.

Al Festival de Salzburgo debuta en concierto en el 2001 volviendo del 2007 al 2011, en el 2013 y en el 2014 con música de Chopin.

En 2008, participa en el "Festival pianistico internazionale" de Brescia y Bergamo donde se le asignó el premio "Arturo Benedetti Michelangeli".

Sokolov es un artista que prefiere las actuaciones en vivo y da lo mejor de sí mismo en concierto. Su breve discografía está casi toda registrada en directo.

Ha declarado al respecto: "Los discos no son fieles. No dan la posibilidad de valorar realmente la ejecución como la interpretación en directo".

En el 2002, de un concierto suyo en París, ha salido un DVD vídeo, obra del director francés Bruno Monsaingeon, ya autor de importantes documentales musicales (Gould, Richter).

En sus comienzos fue muy influenciado por el estilo sólido de ejecución de Emil Guilels pero con los años se ha ido decantando por un estilo más fluido, próximo al más etéreo de Vladímir Sofronitski.

Actualmente está considerado sin duda como uno de los mayores pianistas vivientes (para muchos grandes críticos sería el mejor). “The greatest pianist alive today”, según «International Piano». Posee gran variedad tímbrica, enorme dominio técnico del instrumento y un fraseo amplio y de impresionante potencia con uso muy natural del legatto. Sus interpretaciones son muy originales y siempre fruto de una notable lucidez y profundad de pensamiento musical.

Todo su interés se concentra en la música y desconfía profundamente de cualquier cosa que no sea interpretar partituras, descubrir sus segundas y terceras lecturas.[4]​Respecto a sus versiones de las obras dice: "La interpretación es un proceso que sólo se da durante el concierto o el recital. Es algo muy cambiante y está en continua evolución. Varía después de cada concierto. Cada día cambio y evoluciono como artista, y así también mi forma de interpretar las obras. Respecto a la intuición, creo que ésta se sitúa en un nivel superior si atendemos a cómo funciona nuestro cerebro. La esencia de la interpretación es el amor profundo que depositamos en una obra, adecuado a la libertad interior del intérprete".[5]

Mago del sonido y poeta del teclado, Sokolov da habitualmente unos recitales llenos de momentos reveladores, prodigios técnicos y desbordamientos de sensibilidad.[6]

De su estilo interpretativo dice el crítico Arturo Reverter: "Lo primero que aplaudimos del teclista de San Petersburgo es la mecánica, la infalibilidad, el ataque preciso. Después, el manejo de las dinámicas, de una notable amplitud, el control de un pedal que le permite extraer insólitas luces y recrear múltiples colores, con un magnífico sentido de la articulación. La exposición, siempre bien ligada, es así fluida, iridiscente y minuciosa; sin que el discurso pierda un formidable ensimismamiento. Escuchar su dramático y bien medido Beethoven, su refinado Chopin, quizá en exceso severo, pero no exento de un sabio rubato, su coloreado Schumann o su espiritual y abstracto Bach es siempre una experiencia enriquecedora. Libera tensiones en Chaikovski, sin recurrir a un pathos exagerado; lo canta con una extraña naturalidad. Resultados sorprendentes, fruto de un trabajo de ensayos stajanovista. Lo difícil es lograr que la interpretación parezca, ya en el concierto, espontánea. Sokolov lo consigue".[5]

Respecto a su elección de las obras dice: "Me someto a una única regla a la hora de elaborar un programa: sólo toco la música que amo, esas obras que me impulsan en este momento la necesidad de tocar. Un amor que nace de forma automática y que desconozco de dónde procede. Sí que debe existir una relación interna entre las obras, pero también es posible encontrar conexiones dentro de los contrastes. Hay que comprender que los contrastes pueden de igual forma establecer lazos de unión".[5]

Profundo conocedor de su instrumento, hasta de sus detalles constructivos, tiene la costumbre de ensayar largamente incluso el día del concierto, para familiarizarse con el piano sobre el que deberá tocar. Dice al respecto "Normalmente ensayo durante unas cuatro horas. Luego me voy al hotel, reposo una hora y regreso al teatro para hacer el recital".[7]



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