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Guerra de la Cólera



En el universo Imaginario de J. R. R. Tolkien la Guerra de la Cólera o Gran Batalla es la última batalla de las Guerras de Beleriand. Marca el final de la Primera Edad del Sol, después que Eärendil llegase a Valinor en nombre de los Elfos y los Hombres a pedir perdón por los actos de los Noldor y a pedir ayuda a los Valar en la lucha contra Morgoth.

La Quinta Batalla o Nírnaeth Arnoediad («Lágrimas Innumerables») dejó a Morgoth como potencia dominante de las tierras de Beleriand, si bien existían reinos que no fueron conquistados, tales como: Gondolin del ahora Rey Supremo Turgon, Doriath del Rey de Beleriand Thingol y Nargothrond de Orodreth. Con el paso de los años, estos reinos fueron sucumbiendo uno a uno a causa de traiciones y engaños, en los que la codicia por los Silmarils jugaron a menudo un papel destacado. Finalmente casi nada quedó fuera de los dominios de Melkor, y el dominio total de aquellas tierras estaba casi asegurado.

Tuvo entonces lugar la Guerra de la Cólera, en la que por mediación de Eärendil medio elfo, los Valar acudieron en ayuda de la Tierra Media. Un gigantesco ejército formado por Maiar y Elfos Vanyar y Noldor fieles súbditos de Finarfin llegó del otro extremo del mar, liderados por el Heraldo de Manwë, Eönwë.

El ejército de los Valar, se preparó para atacar Angband, la fortaleza de Morgoth; contaba con la ayuda de los Maiar, las Águilas Gigantes comandadas por el mismo Eärendil en su barco Vingilot, y la compañía de los Vanyar (los Elfos Hermosos) y los Noldor que se quedaron en Valinor. Los Teleri de Alqualondë contribuyeron prestando y conduciendo sus naves, pero no desembarcaron en la Tierra Media, a causa del rencor que sentían por los Noldor, los asesinos de muchos de su raza.

Antes de comenzar el ataque, Eärendil se levantó en el cielo por primera vez a bordo de Vingilot, portando el Silmaril en su frente, con lo que fue señal de esperanza para los pueblos libres de la Tierra Media (que lo llamaron Gil Estel, la estrella de la esperanza), y de dudas y temor para los aliados de Morgoth.

A Morgoth el ataque lo tomó completamente por sorpresa; sus huestes cayeron en cuestión de tiempo, aunque al final de la batalla, la última embestida de Morgoth hizo retroceder incluso al ejército de los Valar: los Balrogs azotaron a los elfos con sus látigos de fuego, los licántropos y monstruos de todo tipo salieron de las mazmorras de Angband, y por último, el más grande de los dragones alados, Ancalagon el Negro, con el resto de los de su especie, atacó a las Águilas.

Finalmente los Valar se alzaron con la victoria cuando Eärendil intervino en favor de las Águilas, y, tras un combate de un día y una noche, venció a Ancalagon y lo arrojó del cielo, provocando su caída la destrucción de las torres de Thangorodrim, que se erguían sobre Angband. Solo muy pocos de los Dragones, Balrogs y Orcos sobrevivieron, pues la mayoría fue barrida como paja en un incendio ante el viento poderoso del ejército de Valinor. El ejército victorioso descendió a la más profunda mazmorra de Angband, y allí Morgoth fue atado con la cadena Angainor (la única que podía mantenerlo cautivo). Le rebanaron los pies y con su corona de hierro hicieron un collar, hundiéndole la cabeza entre las rodillas. Los Silmarils pudieron brillar libres otra vez.

Morgoth fue lanzado al Vacío eterno más allá de las Puertas de la Noche, donde se dice que permanecerá preso por siempre hasta el fin del mundo, vigilado por Eärendil. A Sauron, el maia, el más poderoso de sus siervos (que desempeñaría un gran papel en la continuación de la historia), lo conminaron a regresar a Valinor para ser juzgado por los Valar; pero, aunque al principio mostró arrepentimiento (aunque solo por temor ante la contundente victoria del ejército valinoreano), decidió finalmente permanecer en la Tierra Media y recaer en el mal, pues había tenido mucho poder bajo Morgoth y las ligaduras de maldad con que él lo había atado eran muy fuertes. Así, se escondió hasta la partida del ejército.

La ira del ejército de los Valar fue tan grande que los mares comenzaron a anegar gran parte de Beleriand y las Tierras del Norte, y la forma de la Tierra Media cambió. Solo se mantuvo emergida Ossiriand, llamada en adelante Lindon, y algunas pocas islas. Este suceso formó la Tierra Media tal y como se conoce en las posteriores narraciones de El Señor de los Anillos.



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