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Icod de los Vinos



Drago Milenario, símbolo del municipio.

Icod de los Vinos es un municipio perteneciente a la provincia de Santa Cruz de Tenerife, en la isla de TenerifeCanarias, España—. La capital municipal está localizada en el casco urbano de Icod, situado a unos 233 m.s.n.m.

Icod es conocido como La Ciudad del Drago, por albergar el famoso Drago milenario de Icod de los Vinos, uno de los símbolos más emblemáticos de la isla de Tenerife.

El casco antiguo de la ciudad ha sido declarado Bien de Interés Cultural debido a su importancia histórica y que además acoge una zona comercial, complementarias a las existentes en la Isla Baja.

El municipio toma su nombre de su capital administrativa, que a su vez procede del reino guanche o menceyato que existió en la zona antes de la conquista castellana en el siglo xv. Icod es, por tanto, un término de procedencia guanche, significando según algunos autores 'incendio, quemadura'.[1][2]

Por su parte, el apelativo «de los Vinos» le fue impuesto por los nuevos pobladores europeos ya desde la segunda mitad del siglo xvi, dada la importante producción vinícola de la región.[3]

El escudo heráldico del municipio fue aprobado por Decreto del Ministerio de la Gobernación de 9 de octubre de 1921, siendo su descripción: «Escudo partido. Primero, de azur, el Teide en su color. Segundo, de plata, un drago en su color. Bordura de sinople, con ocho racimos de uvas de oro. Al timbre, corona real cerrada. Como tenantes, cuatro aborígenes canarios, dos a cada flanco, sosteniendo cada uno una rama de palma.»[4]

En cuanto al significado del escudo, el Teide aparece por ser el elemento paisajístico más destacado de Icod, mientras que el drago alude al Drago Milenario, símbolo del término municipal. Por su parte, los racimos de uvas simbolizan la tradición vitivinícola de Icod y a su denominación, y los cuatro aborígenes representan a los cuatro reyes guanches de los bandos de guerra que firmaron la paz con los conquistadores castellanos y culminaron así la fase bélica de la conquista de la isla en 1496.[4]

La bandera municipal fue aprobada por el Gobierno de Canarias por Orden de 22 de abril de 2002, habiendo sido encargado su diseño por el Ayuntamiento de Icod al heraldista garachiquense Pascual González Regalado. La bandera consta de un «paño rectangular de seda, tafetán, raso, lanilla o fibra sintética, según los casos, cuya longitud es vez y media mayor que su ancho, compuesto de tres franjas verticales e iguales, la de los extremos de rojo granate, y la central blanca. Si la bandera ostentara el Escudo Heráldico del municipio, deberá colocarse en el centro del paño, preferentemente en ambas caras, y con una altura de dos tercios del alto de la bandera.»[5]

El color rojo granate simboliza la savia del Drago Milenario, mientras que el blanco simboliza las nieves del Teide.[5]

Está situado en el noroeste de la isla de Tenerife, limitando con los municipios de Santiago del Teide, Garachico, La Guancha y La Orotava.

Tiene una superficie de 95,91 km², lo que lo convierte en el municipio número 9 de la isla de Tenerife en cuanto a extensión, así como el 14 de la provincia.[6]

La mayor altitud del municipio se alcanza en la ladera septentrional del Teide, en la elevación conocida como Cerro de las Chajoras a 2.755 m s. n. m..[7]

El municipio conforma un espacio configurado por un continuo talud de pendiente suave desde una extensa masa forestal de pino canario Pinus canariensis hasta el mar, con casi 10 kilómetros de costa.

El territorio municipal se encuentra surcado de numerosos barrancos y barranquillos, siendo los de mayor entidad el barranco de las Ánimas, que separa Icod de La Guancha, el barranco del Cuarto, el barranco de la Hoya de la Cruz de Juan Dévora, el barranco del Preceptor que desemboca en la playa de San Marcos, y el barranco Asero.[8]

Nos encontraremos con el Drago Milenario

El municipio cuenta con superficie de los espacios naturales protegidos del Monumento Natural del Teide, del parque nacional del Teide, del parque natural de la Corona Forestal y del Paisaje Protegido de los Acantilados de La Culata.[10]

Todos estos espacios se incluyen además en la Red Natura 2000 como Zonas Especiales de Conservación, juntamente con el área que rodea la Cueva del Viento y el Acantilado costero de Los Perros. Asimismo, el parque nacional del Teide y la Corona Forestal son también Zonas de Especial Protección para las Aves.[11]

Icod cuenta también con el Monte de Utilidad Pública denominado «Pinar».[12]

Según la tradición oral contada por los descendientes de los guanches y recogida por el religioso Fray Alonso de Espinosa, Icod aparece como lugar del primer poblamiento de la isla:

De hecho, la Zona Arqueológica de la Cueva de los Guanches en este municipio, ha proporcionado las cronologías más antiguas de Canarias con dataciones en torno al siglo vi a. C.[14]​ La tradición popular también asegura que esa cueva era la morada del mencey de Icod. Por otra parte, en Las Cuevas de Don Gaspar han sido hallados restos vegetales en forma de semillas carbonizadas de trigo, cebada y habas.[15]​ Este hallazgo permite constatar la práctica de la agricultura en la isla de Tenerife en tiempos de los guanches.[16]

La población se empezó a asentar en la moderna zona de Las Angustias debido a que se encuentra en el entorno del barranco de Caforiño, en donde se encontraba gran cantidad de agua durante todo el año, la cual hizo que los habitantes de Icod conocieran este lugar como el río de Icod.[cita requerida]

Alonso Fernández de Lugo, el conquistador de Tenerife, construyó un ingenio azucarero en las proximidades favoreciendo la economía del lugar, lo que la hizo uno de los principales en cuanto al cultivo de este producto. Icod se situaba ya entre las grandes potencias de Tenerife, junto a Garachico, donde a través del puerto de esta localidad obtuvo un gran desarrollo económico, San Cristóbal de La Laguna, La Orotava y en menor medida Santa Cruz de Tenerife.

Hacia 1500 se construye una ermita en honor a san Marcos Evangelista, cuya imagen sostiene la tradición apareció en la playa de San Marcos poco después de la conquista.[17]​ En 1515, dado el crecimiento de la población de Icod, se eleva la ermita al rango de parroquia, comenzando a contar además con alcalde real desde 1520.[18]

Fray Alonso de Espinosa describe Icod a finales del siglo xvi de la siguiente manera:

En 1676 Icod es descrito por el historiador Juan Núñez de la Peña de la siguiente forma:

En 1768 el rey Carlos III crea los cargos públicos de síndico personero, diputado del común y fiel de fechos para los lugares que contaran con alcalde real, siendo elegidos por los propios vecinos mediante sufragio censitario. Se forma así el primer «ayuntamiento» de Icod.[20]

El historiador tinerfeño José de Viera y Clavijo lo describe a finales del siglo xviii así:

El 2 de mayo de 1798 tuvo lugar el incendio más grave de la historia de Icod. Tuvo su comienzo en la celda de una monja bernarda por haber dejado unas brasas encendidas. En dos horas y media el fuego redujo a cenizas a más de 20 edificaciones. Hubiera devorado el pueblo entero si no se hubiera atajado el fuego demoliendo algunas casas más apartadas. Se escapó de él, pese a su proximidad, la parroquia de San Marcos. Sin embargo, sucumbieron las casas consistoriales, con el pósito, carnicería y cárceles.

En 1812 Icod se convierte en municipio independiente sobre la base de la nueva organización municipal surgida de la Constitución de Cádiz, consolidándose como tal a partir de 1836 cuando se le dota de poder económico gracias a la desaparición del régimen municipal único que había sido instaurado en la isla desde la conquista.[20]

A mediados del siglo xix Pascual Madoz dice de Icod en su Diccionario:

A 1 de enero de 2013 Icod de los Vinos tenía un total de 23.092 habitantes, ocupando el 11.er puesto en número de habitantes tanto de la isla de Tenerife como de la provincia de Santa Cruz de Tenerife.[24]​ La población relativa era de 160,4 hab./km².

Por edades existía un 68% de personas entre 15 y 64 años, un 19% mayor de 65 años y un 13% entre 0 y 14 años. Por sexos contaba con 11.408 hombres y 11.684 mujeres. En cuanto al lugar de nacimiento, el 85% de los habitantes del municipio eran nacidos en Canarias, de los cuales el 82% habían nacido en otro municipio de la isla, el 17% en el propio municipio y un 1% procedía de otra isla del archipiélago. El resto de la población la componía un 2% de nacidos en el resto de España y un 13% de nacidos en el Extranjero, de los cuales el 59% era originario de América y un 39% del resto de Europa.[24]

     Población de hecho (1860) Población de derecho (1842 y 1877-1990) o población residente (2000 y 2010) según los censos de población del INE.

El municipio se rige por su ayuntamiento, compuesto por veintiún concejales.

1A partir de 2007 se presenta conjuntamente con el Partido Nacionalista Canario (PNC), y en 2011 también lo hace con el Centro Canario Nacionalista (CCN).
2En 2011 se presenta junto a Por Tenerife (XTF).

Tras las elecciones municipales de 2007 se formó un pacto de gobierno entre CC y el PP.[28]

El 17 de agosto de 2017 se presenta una moción de censura contra el alcalde de Coalición Canaria. Esta moción fue presentada por Somos Icodenses y obtuvo el apoyo de todos los grupos parlamentarios exceptuando Coalición Canaria y 2 miembros del PSOE que se abstuvieron.

Se encuentra incluido en la Comarca de Icod-Daute-Isla Baja, salvo su superficie inmersa en los espacios naturales protegidos del parque nacional del Teide y de la Corona Forestal, que pertenecen a la Comarca del Macizo Central.[29]

El municipio está formado por doce entidades singulares de población, algunas a su vez divididas en núcleos de menor entidad:[24]

Las plataneras, la fruta y la viña (vid) son los cultivos más importantes.

En Icod de los Vinos se encuentra el Hospital del Norte de Tenerife que ofrece cobertura a la población norte de la isla de Tenerife.

El casco histórico de Icod lo forman la iglesia matriz de San Marcos, la plaza Andrés de Lorenzo Cáceres, plaza de la Pila, Convento de San Francisco, Casa-museo Emeterio Gutiérrez Albelo, iglesia de San Agustín, Casa de los Cáceres, ermita de San Antonio de Padua y ermita de las Angustias.

Hacia 1570, se reconstruyó en un hermoso templo de tres naves por el maestro de cantería Miguel Antúnez. A las tres naves principales se añaden dos naves con capillas laterales, separadas todas ellas por columnas y arcos de medio punto. Prevalece en su estructura la línea de inspiración mudéjar, aunque con elementos sobresalientes de otros estilos, como la portada renacentista ("El acceso principal es por el lado de la epístola (aunque primitivamente la tuvo a los pies). La Portada principal labrada en piedra, es anónima y data en el último tercio del siglo XVI. Se trata de una puerta manierista. El vano es el arco de medio punto, jambas y rosca del arco con almohadillado apretado, destacando en la clave, una enorme ménsula, la más desarrollada en la arquitectura de las islas; vista desde abajo toma forma monstruosa (tan del gusto manierista). La puerta es flanqueada por dos columnas sobre pedestal y basa ática, fuste estriado, con medias cañas y capitel toscano, el entablamento se divide en arquitrabe, con gotas, friso con tríglifos y metopas (sin decoración), salvo en la vertical de la ménsula, donde aparece la cabeza de un querubín curvilíneo". (Esta parte está sacada del libro "La arquitectura del renacimiento del Archipiélago Canario", su autor es Juan Sebastián López García. Editado conjuntamente por el Instituto de Estudias Canarios, La Laguna - Tenerife y por Excmo. Cabildo Insular de Gran Canaria; pág. 70 y 71).), la torre inspirada en el gótico francés y los retablos, coro y púlpitos, en su mayoría barrocos.

La Iglesia de San Marcos y los bienes muebles vinculados a la misma fueron declarados Bien de Interés Cultural el 16 de mayo de 2006, con categoría de Monumento.

La iglesia alberga también un museo de arte sacro.

Observaciones: Buena acústica. En la Capilla Mayor destaca: retablo barroco policromado, s. XVII; manifestador de plata repujada; sagrario en filigrana de plata y oro. Otros objetos en exposición en el Museo Sacro. Guarda un ingente patrimonio artístico, uno de los más importantes del Archipiélago, con obras de Martín Andújar (El Nazareno y otras imágenes de La Pasión), de la escuela de Alonso Cano, de Pedro Roldán, de Blas García Ravelo y de Francisco Alonso de la Raya, y algunos otros. También destaca el Señor Difunto hecho en pasta de maíz por los indios Tarascos del estado de Michoacán (México), fue adquirido con anterioridad a 1578.

Otras Cuestiones: El retablo de la capilla mayor de esta parroquia es de estilo barroco isleño. Realizado por el Maestro de Carpintero, Escultor y Ensamblador Antonio Álvarez. Es el más valioso retablo que dentro de las características del barroco, nos ha legado la centuria del seiscientos. Cuya contemplación ha causado comentarios de sorpresa y admiración a tan ilustres visitantes como el Marqués de Lozoya (Historiador, crítico de arte y literato español, nacido y muerto en Segovia.), Fernando Quiroga y Palacios (Arzobispo, Cardenal), Joaquín de Entrambasaguas (catedrático de la Universidad Complutense), Gerardo Diego (catedrático de Literatura en institutos de Soria, Santander y Madrid, finísimo crítico literario y poeta), entre otros. A pesar de la continua búsqueda de datos a que siempre se han dedicado el gran número de inquietos investigadores de esta bella zona de Tenerife, hasta el presente no ha podido documentarse debidamente esta rica joya de arte canario, Sin embargo existe unanimidad en situarlo cronológicamente hacia fines del siglo XVII, excepción hecha del Sr. don Pedro Tarquis, que plantea la posibilidad de que tal vez pudiera haber sido construido en los años anteriores a mediada centuria, añadiendo que << hay quien opina que esta obra de Icod de los Vinos es también de Martín de Andújar >>, que, como sabemos, tiene taller en Garachico entre 1637 y 1641 por lo menos. Sin embargo, si afirma rotundamente que << lo policromó Juan Ixcroft (o Escrote) >>, el cual << hallándose en el trabajo del retablo mayor de Icod murió, y concluyó la obra su hijo Jorge, también pintor >>. Por ello, si Juan Escrote comenzó el policromado de este de Icod - según afirma don Pedro Tarquis, aunque no nos indica documentación, tenía que haber estado realizado, cuando menos, ya avanzada la segunda mitad del siglo XVII o iniciado su tercer cuarto. Pudiera ser. No obstante, nosotros estamos más de parte de la fecha de finales de la centuria, por la bellísima perfección de la traza, por la traza, por la delicadeza y finura de la talla, por lo acabado y maravilloso del dorado y policromado, y porque asimismo lo acepta la opinión mayoritaria, en tanto no puedan aportarse los documentos fehacientes al respeto. Por otro lado, al incluirlo como colofón al apartado que venimos tratando, no es porque lo consideramos consecuencia de la forma de hacer propia del Maestro Álvarez, a quien supera con mucho este retablo, sino más bien por la razón del tipo de columnas, de molduración helicoidal, que en los suyos hallándose y que nos han dado pie para la organización de esta parte de nuestro trabajo. En alguna ocasión se lo ha descrito como de tres cuerpos. Se le suele considerar más bien de dos, porque opinamos que el llamado tercero corresponde más bien a un ático tripartito. Extraordinariamente en su perfecta y equilibrada división en cinco calles (como los desaparecidos retablos de Garachico y Buenavista, solo que el de Icod los supera en armonía). Su desarrollo ocupa totalmente el testero de la capilla mayor, a lo ancho y lo alto. Las calles quedan exactamente defenidas por la estructura exástila, algo más ancha la central, mientras que el canon de las columnas disminuye en el segundo cuerpo con respecto al primero en 1/4, y lo mismo el ático con respecto al segundo. Cada uno de los nichos se cierra con arco polilobulado con un cierto arco de curvada guardamelleta, conteniendo además en su interior todo un repertorio de las más bellas y valiosas imágenes de nuestra estatuario, como el San Diego de Alcalá, de autor anónimo de la escuela madrileña (1710), algunos especialistas atribuyen esta obra maestra al granadino Pedro de Mena, aunque también hay que destacar la atribución hecha por la Dr. Carmen Fraga González a Luisa Roldán "la Roldana", algunos especialistas consideran como una de las mejores obras de la escultura española de todos los tiempos; El grupo de San José y el Niño, es posible que sea del insigne escultor sevillano Martínez Montañés y su taller, pero el Dr. Don Jesús Hernández Perera cree más cercano al arte de Francisco de Ocampo; La Virgen del Rosario, de Fernando Estévez; En el segundo cuerpo y en el centro del retablo, se encuentra la imagen titular de San Marcos Evangelista, pequeña talla gótico-flamenca que según la tradición, apareció en las costas del menceyato de Icoden antes de la conquista; es, por tanto, una de la más antigua de cuantas se conservan en Tenerife. No cabe duda de que todo el repertorio decorativo es en su origen, una vez más, plateresco, pero más por lo que el término connota de calco en los motivos de << platería >> isleña barroca, que por filiación respecto a aquel Renacimiento hispano. Por eso mismo no es correcto calificar de plateresco a este retablo. La primera apreciación precisa que surge de la contemplación de conjunto es su manifiesto gusto lusitano, bien definido en la planitud de su disposición, y en la profusa decoración que lo invade todo con un evidente << horror vacui >>, dejando apenas algún listel (Línea o lista fina que sirve de adorno) en los cornizamientos de entablamentos, y en banquillos. De ahí su barroquismo, amén de lo grueso de la talla, severo si se quiere, pero, por ello mismo, diferenciadora y claramente isleño. Y arriba, entre la curva y contracurva de los aletones del ático y en el remate, una vez más, tupida y con apariencia de unidad del trópico. Mientras el rico dorado va destacando aquí sobre fondos rojos, y sobre fondos verdes en los entrepaños. En 1830 se realizó la maravillosa joya de orfebrería lagunera, que constituye el altar con su frontal, el sagrario y el manifestador hasta el límite superior del primer cuerpo en su hornacina central, y que con la blancura de su plata colabora en hacer resaltar mucho más la espléndida policromía y el dorado del conjunto.

Destaca también, el gran cuadro de Las Ánimas del Purgatorio en el Retablo de la Virgen del Carmen (s.XVIII) es obra de José Tomás Pablo, natural del Puerto de la Cruz, Tenerife, tuvo mucha influencia de Cristóbal Hernández de Quintana). Está formado por un lienzo estructurado en tres planos con la figura del Arcángel San Miguel situado en el centro. El Arcángel San Miguel se alza apoyado en una superficie terrosa o sobre nubes de color plata. En el plano superior nos encontramos con la Gloria, y en medio de ella situada la Santísima Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo): en anciano, joven y paloma, según la norma iconográfica utilizada. Coros de santas y santos se distribuyen de manera equitativa a ambos lados de este eje trinitario, apareciendo también en este plano apóstoles y un sinfín de ángeles. Se encuentra la presencia de María en este plano, junto a su hijo o a los pies de EL. En el plano inferior el Purgatorio. En la representación del infierno, aparecen llamas de fuego, donde ánimas de diferente sexo, estado civil, clase social ... portan a veces objetos en las manos que pueden aludir al motivo de su condensación. Sus rostros, identificables algunos, los que nos llevará a pensar en posibles retertos, muestran un rictus de dolor y amargura en implorantes tienden sus manso a los santos que bordean esta abertura inflamada. Entre los santos protectores o salvadores de ánimas hay que señalar como lo más frecuentes a San Francisco de Asís, Santo Domingo, San Nicolás de Tolentino, San Agustín, San Lorenzo, San Bartolomé, Santa Teresa y San Ignacio de Loyola.

Otras pinturas del templo son, un cuadro de Santa Ana y otro de La Anunciación.

El patrimonio en orfebrería permanece expuesto en el Museo. Donde destaca sobremanera el más valioso ejemplo de cruz de labor en filigrana de plata (<<Cruz de Plata>>) y está catalogada como una de las mejores del mundo. Tanto por su tamaño - 48 kilos y 2.40 metros de altura - como por la elegancia y precisión de su trabajo. Es de plata maciza. Ejecutada entre 1663 y 1665 por talleres poblanos bajo la dirección del artista Jerónimo de Espellosa, y que fue costeada y donada por el obispo de Santiago de Cuba, el icodense Nicolás Estévez Borges, hacia 1673. * (Nota: Historia del Arte en Canarias, AAVV, pág 156)

Aquí, en este entorno, se comienzan a establecer las primeras viviendas de los señores más adinerados, siempre cerca de la parroquia principal, la de San Marcos. La Plaza de la Pila quedó constituida como el principal eje en torno al cual se desarrollaba la vida social, civil y religiosa de los icodenses. Hoy en día, en la plaza encontramos diferentes especies vegetales exóticas entre las que destaca una curiosa palmera en forma de candelabro que se le conoce como abanico de China.

La vida conventual terminó aquí en 1821, los franciscanos pasaron a vivir a otro convento en La Orotava, el único convento de franciscanos que aun quedaba en Canarias.

Ante la grave situación sanitaria que se vivía en la Iglesia de San Marcos por no tener espacio para más enterramientos en el año 1822, se decidió hacer estos enterramientos en el convento de San Francisco, descartando otros conventos como el de San Agustín debido a la gran afluencia de fieles que acudían a él. El convento de San Francisco sirvió como cementerio hasta 1838, año en que se construyó el actual cementerio municipal de Icod en el barrio de San Felipe.

Los usos que se le han dado a lo largo de la historia han sido muchísimos. Primero como convento y luego como colegio, teatro, ayuntamiento, cementerio, cuartel en la etapa de guerra civil, cine, academia de música, etc...

El templo conserva también cuatro interesantes tablas representativas de los Evangelios y una escultura de la Virgen de Gracia del s. XVII.

La seguridad que presta este puerto, resguardado de casi todos los vientos y abrigado por los acantilados que lo circundan, con buenos fondeaderos, y playa, hizo que fuera escogido desde los comienzos de la conquista de Tenerife por los navegantes como refugio en días de tormenta. Estas ventajosas condiciones y la proximidad a los ricos bosques de pinos que entonces poseía Icod, fomentaron el comercio de maderas y la fabricación de embarcaciones, llegándose a construir galeones y fragatas para el servicio del Rey.



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