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Justo Arosemena Quesada



Justo Arosemena Quesada (Panamá, Virreinato de Nueva Granada, 9 de agosto de 1817 - Colón, Colombia, 23 de febrero de 1896) fue un jurista, estadista, escritor, político, profesor, orador, economista, codificador, reformista, historiador y diplomático colombiano. Algunos autores afirman que Arosemena es «el panameño más relevante del siglo xix».[1]​ Dedicó su vida a luchar por la autonomía política de Panamá, por lo que es considerado «el más ilustre de los panameños y padre de la nacionalidad panameña».[2][3]

Arosemena estaba plenamente consciente de la posición estratégica del istmo de Panamá. A mediados del siglo XIX, se evidenciaba el expansionismo estadounidense hacia América; y por otro lado la agresiva influencia inglesa en Centroamérica. En atención a este panorama, idea un modelo de organización política, planteando que Panamá se convirtiera en un estado totalmente independiente, soberano y hanseático bajo la protección de Gran Bretaña, Francia, los Estados Unidos y Cerdeña, siendo dichos estados garantes, mediante un tratado, del libre comercio de todas las naciones del mundo a través del istmo. Esta idea fue planteada en un proyecto de ley que presentó al Congreso Neogranadino en 1857, el mismo no prosperó y fue duramente criticado por proponerlo.[4]

Descendiente de españoles que se establecieron en el istmo de Panamá en el siglo XVII, dentro de los antepasados de Justo Arosemena se encontraban personajes como Felipe Arosemena, quien ejerció como alcalde, y Pablo Joseph Arosemena, quien fuese comerciante, Coronel del Regimiento de Milicias Blancas de Infantería y Caballero de la Real Orden de Carlos III. Respecto a este último, Justo Arosemena afirmó: «estas adquisiciones que se compraban entonces... y el Coronel don Pablo pudo muy bien pagar su Caballería con muchos miles de pesos genuinos que hizo en el comercio».[5]​ El padre de Justo, Mariano Arosemena, al principio de su vida también se dedicó al comercio, pero en uno de sus viajes de negocios, en el que recorrió Perú y Jamaica, conoció a algunos independentistas de Chile, Argentina, Venezuela y Nueva Granada, uniéndose así a la causa patriota. Esta adhesión haría que Mariano Arosemena figurara como uno de los próceres independentistas que firma el acta de Independencia del Istmo el 28 de noviembre de 1821.

Justo Arosemena nació el 9 de agosto de 1817, siendo sus padres don Mariano Arosemena y Dolores Quesada y Velarde. Según la historiadora panameña Argelia Tello Burgos, Arosemena se caracterizó por ser un niño precoz que a los cinco años ya hablaba el inglés, aparte del español, por la estrecha relación que unía a su familia con una pareja británica.[6]​ Realizó sus primeros estudios en el istmo, específicamente en la Escuela de Colombia y el Colegio de Panamá. Posteriormente fue enviado a Bogotá, donde ingresó al Colegio de San Bartolomé; allí recibiría las influencias de autores liberales como Jeremy Bentham y Benjamin Constant, y del materialismo ilustrado francés a través de autores como Destutt de Tracy.[7]​ Para 1833, cuando Arosemena contaba con 16 años, recibió el grado de Bachiller en Humanidades y Filosofía. Este mismo año inició sus estudios de Derecho en la Universidad Central, para recibir en 1836 su grado de Bachiller en Jurisprudencia. Inmediatamente volvió al istmo de Panamá y comenzó a ejercer como abogado en el Consultorio de Esteban Febres. Para 1837 la Universidad del Magdalena e Istmo, hoy Universidad de Cartagena, le otorgó a Arosemena el título de Doctor en Jurisprudencia.

En 1838 Arosemena comenzó su carrera como jurisconsulto y periodista, además de ser catedrático en el colegio del Istmo. En 1840, mientras era colaborador del Estado del Istmo, que se estableció en Panamá por el general Tomás Herrera, Arosemena viajó a Estados Unidos, donde publicaría su primera obra: Apuntamientos para la introducción a las ciencias morales y políticas. En 1842, Arosemena se encontraba en Perú, donde colaboraría con la redacción de periódicos como El Tiempo, El Peruano y La Guardia Nacional.[8]

Justo Arosemena fue elegido diputado ante la Cámara Provincial de Panamá (1850-1851) y posteriormente ante el Congreso Nacional de Colombia (1852-1853). Durante este período realizó diversas recopilaciones de leyes con el fin de mejorar el manejo de las mismas. Igualmente, como estadista, realizó un arduo trabajo por una mayor autonomía de Panamá dentro de Colombia, que se reflejó muy bien en sus ideas sobre el federalismo como sistema de gobierno. Como resultado de las propuestas políticas presentadas por Arosemena al Congreso colombiano, y después de un primer intento que se vería frustrado por la Guerra Civil de 1853, se crearía el Estado Federal de Panamá en 1855, del cual Arosemena sería su primer presidente. No obstante, solo ocupó el cargo durante dos meses, entre julio y septiembre.

En 1863 fue elegido presidente de la Convención Nacional de Rionegro, donde se creó una nueva constitución en la que Colombia pasó a ser un país federal compuesto por nueve Estados Soberanos, y llamado Estados Unidos de Colombia. Posteriormente, en 1864, Arosemena fue el representante de Colombia ante el Congreso Americano que se reunió en Lima, donde publicaría su texto Estudio sobre la idea de una Liga Americana. A partir de 1865 se involucró en la diplomacia. Fue representante de Colombia en Washington, D.C., donde se le encargó negociar las condiciones en que Colombia autorizaba a los Estados Unidos para la excavación de un canal interoceánico en el istmo de Panamá. También fue embajador de Colombia en Chile, Ministro Residente de Colombia en el Reino Unido, Embajador Extraordinario y Plenipotenciario en el Reino Unido y Francia. En 1878 impulsó la fundación de la primera biblioteca pública de Panamá, con la ayuda del educador Manuel José Hurtado y el político Buenaventura Correoso; a dicha biblioteca donó más de 60 volúmenes relacionados con la historia y el derecho. También fue intermediario en el arreglo fronterizo entre Colombia y Venezuela (Tratado Arosemena-Guzmán), así como abogado consultor de la Compañía del Ferrocarril de Panamá (1888).

Con el advenimiento del período conocido como la Regeneración, y promulgada la Constitución de Colombia de 1886, Arosemena se retiró de la política debido a que no comulgaba con las ideas y el régimen nuñista, ni mucho menos con la constitución centralista que regía al país. Durante el tiempo que antecede a su muerte se dedicó a escribir sobre temas jurídicos y económicos, entre otros. De este período cabe resaltar su texto La situación de la Moneda del Istmo, de 1894. Justo Arosemena murió el 23 de febrero de 1896 en Colón.

Su legado como jurista fue reconocido póstumamente al darle su nombre a la sede de la Asamblea Nacional de Panamá como Palacio Justo Arosemena. Además, escuelas privadas de gran prestigio en Ciudad de Panamá llevan su nombre.

En la historiografía panameña, Justo Arosemena es considerado el «padre de la nacionalidad panameña»,[9]​ debido a que fue el primer intelectual istmeño en plantear su existencia a mediados del siglo XIX.

Esta tesis es desarrollada ampliamente en su ensayo «El Estado Federal de Panamá», en donde hace una cronología de los movimientos autonomistas y separatistas, llevados a cabo por los istmeños, desde la colonia hasta el establecimiento de la primera república denominada Estado del Istmo en 1840.

Justo Arosemena afirmó en el citado ensayo, que el pueblo istmeño constituía una nacionalidad distinta a la neogranadina (actual nacionalidad colombiana). Diferentes pasajes de la obra, exponen sus argumentos para fundamentar esta tesis, entre los que se pueden anotar:

1. La Geografía

2. La Cuestión política y el istmo de Panamá como centro de poder administrativo y judicial durante la época colonial española:

3. La independencia de Panamá de España como hecho ajeno a los movimientos libertarios suramericanos:

4. La Separación de Panamá de la Gran Colombia en 1830 y 1831:

5. El establecimiento del Estado del Istmo en 1840:

Para comprender el pensamiento político de Justo Arosemena es necesario remitirse al contexto histórico en el cual vivió, porque en la mayoría de sus reflexiones realiza una lectura de la realidad a partir de las teorías filosóficas y políticas que siguió a lo largo de su vida.

Después de un estancamiento económico, para 1849 Panamá volvió a establecerse como una ruta de paso entre el océano Atlántico y el Pacífico. Este renacimiento se dio como resultado del descubrimiento de oro en California, que sería denominada como La Fiebre del Oro o La Californiana. Dado que atravesar Estados Unidos por tierra era muy difícil, los viajeros usaban Panamá como la principal zona de paso entre Nueva York y San Francisco. Durante las primeras décadas de la fiebre del oro los panameños obtuvieron grandes ganancias económicas, ya que los estadounidenses les pagaban por sus servicios de transporte, fuera por medio de las canoas a lo largo de los ríos, o al usar mulas o sus propias espaldas para transportarlos a través de los caminos.

Para la década de 1850 la Panama Railroad Company of New York City comenzó la construcción del ferrocarril que atravesaría Panamá, y que se inauguraría en 1855. Al mismo tiempo, algunas empresas privadas norteamericanas empezaron a invertir en tabogas –pequeñas embarcaciones a vapor– para que fueran usadas en la zona de tránsito. Así, Panamá dejó de ser una ruta de paso en la cual los viajeros debían permanecer semanas durante las que dependían de los servicios que eran prestados por los panameños, para convertirse entonces en una franja de tierra que se podía atravesar en unas pocas horas. A esto contribuyó también la coordinación de los horarios de salida y llegada de barcos desde y hacia Estados Unidos.[16]​ Estos dos hechos, acompañados de los cambios políticos que se estaban dando en Colombia (Abolición de la Esclavitud en 1852 y Aprobación del Voto Universal Masculino en 1853) crearon tensiones en cuanto a las cuestiones de soberanía y de las relaciones raciales que se presentaban en el istmo. Para el primer caso, la situación geopolítica que ahora ocupaba Panamá hizo latente la pregunta de quién debía ejercer la soberanía sobre este tipo de territorio tan importante para el desarrollo del comercio mundial. De las diferentes respuestas que se ofrecieron cabe resaltar la proporcionada por Justo Arosemena en el ensayo El Estado Federal de Panamá, en la cual proponía la creación de un Estado Federal, autónomo mas no independiente, que ejerciera su soberanía en ciertos campos, pero que en otros siguiera dependiendo de Colombia.[17]

Al tiempo que se presentaba esta coyuntura en Panamá, en Centroamérica, especialmente en Nicaragua, se estaba dando el fenómeno del filibusterismo. Los filibusteros eran veteranos de guerra norteamericanos que invadían porciones de tierra en ciertos países para crear gobiernos independientes, que luego fueran aceptados por el gobierno estadounidense. Para la década de 1850, William Walker, uno de los principales filibusteros, depuso al presidente de Nicaragua e impuso allí su mandato. Este tipo de retos directos a las soberanías de las jóvenes repúblicas americanas creó sentimientos de miedo e inseguridad. Así, según el historiador norteamericano Aims McGuinness, las muestras del expansionismo estadounidense, expresadas en Panamá y Nicaragua durante la década de 1850, crearon una suerte de idea de integración regional entre los países de Centroamérica.[17]​ Igualmente, como resultado de los cambios políticos expresados en la abolición de la esclavitud y el sufragio universal masculino en Colombia, la amenaza filibustera era vista con mayor miedo por las clases populares del istmo, normalmente negros, ya que al crearse gobiernos independientes por parte de filibusteros norteamericanos, estos podrían reimponer la esclavitud. Este miedo estaba fundamentado, principalmente, en los ataques a las soberanías republicanas de América, y en el hecho de que la esclavitud todavía existiera en el sur de Estados Unidos, lo que cambiaría luego de la Guerra de Secesión (1861-1865).

En este contexto de expansión estadounidense acompañado de ataques a las soberanías, inicio de las ideas federales en Colombia, y tensiones raciales y políticas que surgían de todo lo anterior, las propuestas plasmadas por Justo Arosemena en sus escritos son esenciales para comprender su pensamiento político, en especial en lo que se refiere al Federalismo y a la idea de América Latina.

Con su ensayo titulado El Estado Federal de Panamá (1855) Justo Arosemena buscaba explicar los motivos por los cuales él había propuesto, desde 1852, la necesidad de establecer un gobierno autónomo en el istmo de Panamá y, asimismo, un gobierno federal en toda Colombia. El ensayo comienza con una disquisición en la cual Arosemena afirma que a lo largo de la historia, comenzando en la Antigüedad Clásica, se ha visto que el principio de la nacionalidad se encuentra en los pueblos que ocupan reducidos espacios geográficos –polis griegas, por ejemplo–, y que el desarrollo de sentimientos nacionales en grandes espacios solo se da cuando se reúnen, bajo el ejercicio de la violencia y la fuerza, a algunos pueblos con características heterogéneas, razón por la cual dicha unión está destinada a fracasar. Igualmente, Arosemena afirma que las uniones de varios pueblos, expresados en las ligas de ciudades griegas, son concesiones temporales que se diluyen cuando se alcanza el fin que promovió la unión.[18]​ A partir de estos ejemplos, Arosemena afirma que para el caso de Panamá era necesario fundar un Estado Soberano Autónomo, que se enmarcara en un sistema de gobierno federal. Arosemena afirma entonces: «De aquí el sistema moderno conocido con el nombre de federal: sistema propio de las repúblicas, sistema opuesto al central, que es inherente a la monarquía y al despotismo».[19]

A partir de esta definición del federalismo como el sistema de gobierno acorde con las repúblicas, Arosemena afirma: «Busquemos pues, en buena hora, por medio de asociaciones de pueblos, los medios de acercarnos en lo posible al grado de fuerza que admiramos y tememos en las grandes naciones, pero dejando a los asociados su gobierno propio, en toda la extensión compatible con el poder general indispensable para la seguridad común».[20]​ De igual forma, Arosemena realiza toda una disertación sobre la historia de Panamá, y la manera en que, desde su fundación, el istmo contó con una autonomía administrativa, a pesar de que en algunos momentos de la Colonia dependió de otros virreinatos (Perú y Nueva Granada). Por esta larga disertación es que la mayoría de historiadores consideran a Arosemena el padre de la nacionalidad panameña.

Luego de un largo examen de los intentos de Panamá por establecerse como estado autónomo, empezando en 1821 y terminando en 1840, Arosemena afirma que las propuestas que él presentó al Congreso colombiano en 1852, en torno a la creación de un Estado soberano y autónomo en el Istmo de Panamá, respondían a una necesidad de que dicha provincia pudiera tomar decisiones sobre ciertos asuntos, en especial en cuanto al comercio y la asignación de funcionarios públicos. Para sostener estos puntos, Arosemena afirma que el sistema de gobierno existente en Colombia era puramente centralista y, por lo tanto, las decisiones del Congreso, en lo que respectaba a problemas específicos de las provincias, se solucionaban con poca rapidez, además de que dichas decisiones eran tomadas por congresistas que muchas veces no conocían ni habían estudiado la situación del país a cabalidad.

Entonces, la propuesta de Arosemena giraba en torno a la idea de realizar un experimento federal en Panamá, para así demostrar que la delegación de ciertas decisiones en los poderes municipales –mientras que el gobierno central solo se dedicaba a legislar sobre cuestiones de seguridad nacional y del interés general de toda la república– sería útil en la medida en que permitiría que las decisiones administrativas y económicas de las provincias fueran tomadas dentro de estas, permitiendo así mayor velocidad en el ejercicio político, a la vez que las personas que tomaban las decisiones eran personas que conocían a cabalidad la provincia. En resumen, se puede decir que la propuesta de federalismo de Justo Arosemena buscaba una autonomía para los gobiernos municipales, con el fin de que estos pudieran tomar decisiones políticas, a la vez que renunciaban a una parte de su soberanía, cedida al gobierno central, para que este se encargara de las cuestiones de interés nacional.[18]​ Y efectivamente, la propuesta de Arosemena fue aceptada, porque el mismo año en que se publicó el ensayo (1855) se estableció el Estado de Panamá, del cual Justo Arosemena sería el primer presidente.

En contraste con la proposición de Arosemena, los liberales radicales que tomarían el poder en 1863 buscaron responder a tres problemas fundamentales: uno político, uno económico y uno cultural. Como respuesta se creó la Constitución de Rionegro, en la cual se estableció una república federal con un sistema económico liberal, y que promovía la educación laica.[21]​ La Constitución de Rionegro presentaba a Colombia como una federación compuesta por nueve estados: Antioquia, Bolívar, Boyacá, Cauca, Cundinamarca, Magdalena, Santander, Tolima y Panamá. Dicho sistema federal se apoyaba en la idea de que los Estados Soberanos tenían derecho a crear una constitución y unos códigos propios, y a elegir a su presidente de manera autónoma; por su parte, al gobierno central solo le competían los asuntos de relaciones exteriores y comercio, las posibles guerras que se presentaran, el crédito público, las vías fluviales, crear un sistema de pesos y medidas unificado, y, por último, el mantenimiento de la fuerza pública.[22]​ A pesar de todas las libertades que se le concedieron a las provincias, ahora Estados Soberanos, y de que Arosemena haya participado como presidente de la convención que redactó la carta constitucional de 1863, él mismo afirmaría que la Constitución de Rionegro había ampliado mucho los derechos civiles, pero había olvidado dotar de medios y garantías para que estos pudieran ser ejercidos.[23]

El 15 de abril de 1856, en la ciudad de Panamá se presentó el incidente de la tajada de sandía que es uno de los enfrentamientos violentos más recordados en la historia panameña. Básicamente, el enfrentamiento comenzó cuando uno de los estadounidenses que usaban el istmo de Panamá como zona de paso durante la fiebre del oro, pidió a José Manuel Luna una tajada de sandía, a la que solo daría un mordisco antes de escupirla. Luna le dijo al estadounidense que debía pagar por la fruta, pero el hombre le respondió con malas palabras, a lo que Luna contestó: «aquí no estamos en Estados Unidos». El hombre desenfundó una pistola, y le dijo a Luna que él no lo podía tratar así. Gran cantidad de personas se reunieron en torno a lo que estaba ocurriendo, cuando de repente un chileno se abalanzó sobre el norteamericano y le arrebató la pistola. A partir de esto se desencadenaron los hechos violentos, de los cuales resultaron 17 muertos: dos colombianos panameños y quince estadounidenses. Este suceso refleja muy bien la gran cantidad de hechos que estaban ocurriendo en Panamá: el florecimiento de ideas federales, una tensión entre las clases negras pobres y los blancos inmigrantes que cruzaban por el istmo, y las preguntas que se estaban presentado en torno al tema de la soberanía del istmo.[24]

Como respuesta a estos hechos, Justo Arosemena escribió un artículo titulado La Cuestión Americana, en el que argumentaba que en esos momentos se estaba presentando una de las situaciones más problemáticas en territorio americano, y que no solo concernía a los americanos como habitantes del hemisferio occidental, sino a todo el mundo, ya que Centroamérica, y en especial Panamá, ocupaba una posición geopolítica importante como zona de tránsito entre los océanos Atlántico y Pacífico. Dicha situación era la expansión estadounidense, que estaba poniendo en peligro la soberanía de las jóvenes repúblicas americanas. Como solución a ese expansionismo, Arosemena llamaba a la unidad de las repúblicas latinas (incluyendo a Brasil) para formar así una alianza o federación bajo el nombre de Federación Colombiana, retomando una de las ideas planteadas por Francisco Miranda a principios del siglo XIX.[25]​ De igual forma, si dicha federación de repúblicas se asentaba sobre la base de gobiernos federales libres, civiles y pacíficos, esta permitiría que la unión se convirtiera en una potencia continental.

Algunos autores han realizado análisis que giran en torno al pensamiento de unificación continental propuesto por Justo Arosemena. El primero de ellos es Joaquín Santana Castillo, quien afirma que el pensamiento de Arosemena se caracteriza por un intento de desarrollo de la identidad a partir de la diferencia, lo cual quiere decir que la propuesta de integración continental de Arosemena busca crear una identidad latinoamericana, a partir de la diferencia con Estados Unidos.[26]​ El segundo autor que analiza el pensamiento de Arosemena es el norteamericano Aims McGuinness. Él afirma que la propuesta de integración regional de Arosemena es un proyecto político racializado –porque se piensa la diferenciación política en términos de raza– en el que se enfrenta a la raza yankee, que habita Estados Unidos, contra la raza latina, que habita las repúblicas hispanoamericanas.[27]​ En esta dirección, Arosemena califica a la raza yankee como una raza materialista y de salteadores de naciones,[28]​ y afirma:

Y desde el primer día, esa generación, esa raza que de proscrita habrá de convertirse en conquistadora un día, se pone a la obra. En vez de explotar la tierra, porque el oro no se encuentra en su región, funda una sociedad, levanta pueblos, se da un carácter propio, y emprende crear una civilización tan nueva como el terreno que habrá de germinar. Así, al comenzar no más, esa sociedad se acrecienta con los aluviones sociales de otros pueblos, –crece y crece sin cesar:– esa raza se mezcla con todas las poblaciones advenedizas; y careciendo casi desde su origen de tipo y carácter nacional, busca su tipo en el interés industrial, y se da su carácter anónimo en el espíritu invasor de la conquista[29].

Del otro lado, Arosemena califica a la raza latina como una raza espiritual, heroica y caballeresca, pero que se encuentra degenerada.[30]​ Dicha degeneración solo se superará con ayuda de la democracia. Así, Arosemena afirma:

Es entonces que la civilización latina empieza su camino en América, porque es entonces que la raza sentimental encuentra apelando a la Democracia, el elemento de su fuerza de su progreso y de su gloria[30].

Justo Arosemena escribió una serie de ensayos que enmarcan su obra como jurista y sociólogo. El más relevante de todos es El Estado Federal de Panamá, en donde hace una descripción de la historia y la nacionalidad panameña, resaltando la importancia que tiene el istmo de Panamá en convertirse en un país independiente, exponiendo diversos argumentos geográficos, históricos y sociales a favor de la creación de un estado federal panameño dentro de la Confederación Granadina; es así que en 1855 se cristalizan estas ideas con la creación del Estado Federal de Panamá. Este ensayo es considerado el estudio más completo sobre la nacionalidad panameña en el siglo XIX.[3]

Otros ensayos:

Presencia simbólica de Justo Arosemena dentro y fuera de Panamá.

Este sobresaliente istmeño del siglo xix sigue presente en nuestros días bajo diferentes símbolos que expresan sus contribuciones a la identidad nacional, la educación, la conciencia cívica, el derecho y las ciencias políticas.

Sitios y edificaciones

Celebraciones

Condecoraciones

Actividades oficiales relacionadas con la conmemoración del bicentenario de su nacimiento

Bajo la presidencia del Excelentísimo Presidente de la República de Panamá, ingeniero Juan Carlos Varela Rodríguez, se creó mediante Decreto Ejecutivo No.359 de 9 de agosto de 2016, el Comité Organizador de la Conmemoración del Bicentenario del Nacimiento de Don Justo Arosemena, con una vigencia de dos años. El Comité Organizador, presidido por el connotado abogado y constitucionalista, doctor Carlos Bolívar Pedreschi, impulsó la realización de numerosos eventos de académicos dirigidos a la población en general, con el propósito de demostrar la vigencia universal de pensamiento del doctor Justo Arosemena. Este Comité fue también el gestor de varias iniciativas, entre ellas: la aprobación y ejecución de la ley 63 de 2017, que autoriza la acuñación de 1000 monedas para coleccionistas y hasta un millón de balboas en monedas de veinticinco centésimos de circulación corriente, con la efigie de Justo Arosemena a colores; la aprobación por el IFARHU de la Resolución No.268 de 2018, que crea el Programa de Becas Dr. Justo Arosemena, para estudios de posgrado en Ciencias Políticas, derecho constitucional, relaciones internacionales y sociología; una emisión postal conmemorativa del bicentenario de su nacimiento a cargo de la Dirección de Correos y Telégrafos del Ministerio de Gobierno; la impresión también de la efigie del Dr. Justo Arosemena en los billetes y chances de la Lotería Nacional de Beneficencia, correspondiente al sorteo del 9 de agosto de 2017. También el Comité brindó su respaldo a la doctora Marixa Lasso, historiadora panameña para realización en Bogotá, Colombia de la exposición visual internacional: Las preguntas de Don Justo, con la colaboración de la Biblioteca Nacional de Colombia y la Embajada de Panamá en Colombia en el mes de marzo de 2018. Posteriormente esta exposición fue recreada en Panamá, gracias al apoyo del Museo del Canal Interoceánico de Panamá y del Ministerio de la Presidencia, y exhibida en julio de 2018 en el Museo del Canal, luego en la Feria Internacional del Libro que organiza la Cámara Panameña del Libro en agosto de 2018. Actualmente se encuentra en exhibición en la Biblioteca Nacional Ernesto J. Castillero.

El Comité Organizador estuvo compuesto por las siguientes personalidades: Carlos Bolívar Pedreschi (presidente), Dr. Harley James Mitchell D. (Vicepresidente), Lcdo. José Alberto Álvarez, Prof. Fernando Aparicio, doctor Alfredo Castillero Calvo, Dr. Marco Gandásegui, Lcdo. Jorge Giannareas, Lcda. Ana Matilde Gómez Ruiloba, Dr. Carlos Guevara Mann, Licdo. Hernando Franco Muñoz, Lcda. María Luisa Navarro, Lcdo. Luis Eduardo Quirós Bernal, Dra. Ana Victoria Sánchez, Sr. Olimpo Sáez y la Dra. Aura Emérita Guerra de Villalaz.




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