x
1

La ciudad de los tísicos



La ciudad de los tísicos es una novela corta del escritor peruano Abraham Valdelomar, subtitulada La correspondencia de Abel Rossel. Fue escrita en el año 1910 y publicada en Lima, en doce entregas de la revista Variedades, entre el 24 de junio y el 16 de septiembre de 1911. La obra afirmó el éxito de Valdelomar como prosista, hasta entonces conocido como dibujante y cronista periodístico.

El autor planeó después publicarla en un libro formal, en una especie de colección de novelas cortas que incluiría a La ciudad muerta (publicada también por entregas en una revista local) y La ciudad sentimental (obra al parecer no concluida y cuyos originales no se han conservado), pero no concretó dicho proyecto. Posteriormente se han hecho diversas ediciones de la obra, tanto individuales como integrando recopilaciones o selecciones.

Más que novela, se trata más bien de una crónica poemática, buena parte de la cual está escrita de manera epistolar. Se intercalan disertaciones artístico-filosóficas y poemas en verso.

En el plano estilístico, la búsqueda de un refinamiento en el lenguaje artístico (esteticismo), la musicalidad de su prosa y el marcado decadentismo de influencia dannunziana (relacionado con una carga negativa en el ambiente y en la vida interior de los personajes), son sus principales características.

Si bien el relato empieza desarrollándose en Lima y su centro histórico, el núcleo principal de la narración está ambientado en la “Ciudad “B” o la tétrica “Ciudad de los tísicos”, albergue de tuberculosos, cuya localización exacta no se alude en la novela, pero según lo aseveró el mismo autor se ubicaría en Chosica,[1]​ en ese tiempo un aristocrático balneario semiandino, a cuarenta kilómetros al este de Lima. En aquella época se creía que la tuberculosis pulmonar se curaba en los climas altos y secos, por consiguiente, en Chosica (a mil metros de altitud) convergían los tísicos de Lima que no alcanzaban a llegar a Jauja (sierra central del Perú), la ciudad ideal de los tuberculosos.

La novela tiene tres capítulos de extensión muy desigual:

I.- El Perfume.

II.- La Quinta del Virrey Amat.

III.- La Correspondencia de Abel Rosell

Cada capítulo contiene apartados o subcapítulos, igualmente titulados. El último apartado del capítulo III, y por tanto, final de toda la novela, remite directamente al primero y la redondea con algún acierto. El segundo capítulo, en cambio, aparece como una inclusión arbitraria, donde el narrador, al hacer un tour o visita a los museos y otros monumentos históricos de la ciudad, hace especulaciones acerca de la muerte, tema que por lo demás es un elemento insubstituible del conjunto de la obra.

El narrador de la historia empieza compartiendo un recuerdo que le mantiene inquieto: cierta tarde que paseaba por el centro de la ciudad de Lima observa entrar en una tienda de perfumes a una mujer rubia vestida de un ceñido traje de terciopelo negro, a la que cree conocer, sin recordar de dónde. No logra acercársela, pues la mujer se retira apresuradamente, pero averigua su dirección y le envía un regalo y su tarjeta.

Enseguida, el narrador se explaya en evocaciones coloniales al visitar la quinta del Virrey Manuel Amat y Juniet y de La Perricholi, al otro lado de la ciudad. Después, hace una especie de tour artístico por museos e iglesias del centro de Lima: hace en un elogio de las pinturas de Ignacio Merino, de los huacos y tejidos incaicos, de la escultura de la Muerte de Baltazar Gavilán y describe la tumba del conquistador Francisco Pizarro en la Catedral de Lima.

Más adelante el narrador anuncia que debe tomar el tren rumbo a la ciudad “B”, la tétrica “ciudad de los tísicos” para visitar la tumba de su amigo Abel Rosell, fallecido poco tiempo antes, víctima del terrible mal.

Antes de emprender el viaje, el narrador comparte las numerosas cartas que desde la ciudad “B” le había enviado Rosell. En ellas, éste le cuenta historias fantásticas cuyos protagonistas son personajes extraños, todos enfermos de tuberculosis. En especial, el misterio se cierne en torno a una mujer llamada Magdalena de Liniers, quien ingresa cada quince días en el sanatorio en busca de su esposo tísico. Su deseo de viajar nace, pues, de su necesidad de indagar en estos personajes fascinantes.

Pero antes de iniciar el viaje el protagonista debe asistir a una cita con la misteriosa mujer de la tienda de perfumes, quien tras recibir el obsequio, lo ha invitado a su casa. El narrador descubre entonces su verdadera identidad: se trataba de la misma Magdalena de Liniers, quien le aconseja no realizar el viaje a la ciudad “B” "para no romper el encanto de lo misterioso".

Mundo extraño y fantasmal es aquel albergue de tísicos descrito en la correspondencia de Abel Rosell y nombrado como la “ciudad B”, habitado por enfermos procedentes del extranjero, de toda condición social y cultural, y que actúan como poseídos, esperando la muerte inevitable, aunque no por ello dejan de vivir cada momento intensamente. Muchas incógnitas relacionadas con dicha “ciudad” y sus moradores quedan sin responder, siendo evidente la intención del autor de crear un ambiente de misterio. Mencionaremos sumariamente a los habitantes de dicha “ciudad de los tísicos” (exceptuando a Abel Rosell, que ya ha sido mencionado):

Eduardo hijo del cónsul mexicano quien muere días antes del bautismo de elizabeth

Elizabeth hija de armando y margarita la cual va a ser bautizada pero la mayoría de los tísicos mueren antes

Mary mujer muy bonita que está detrás de Gastón el buenmozo.

Esta novela, como muchos críticos lo han señalado, presenta una notable influencia modernista. El refinamiento verbal, el ambiente de misterio, la fantasía decadente, la imagen del artista y la mujer fatal son algunos tópicos modernistas que la novela expresa con claridad. Por otro lado, junto con la intromisión de elementos cosmopolitas (Valdelomar estuvo influenciado sobre todo por los escritores decadentistas de fines del siglo XIX y por Edgar Allan Poe) existe en la novela un intento por asumir una tradición propia, con lo cual Valdelomar se revela como un representante del llamado modernismo hispanoamericano.

El afán por asumir la tradición indígena y la europea se pone de manifiesto en la segunda parte, con los relatos que evocan representaciones artísticas prehispánicas y coloniales. En este sentido, la obra presenta una dimensión no solo estética sino también política, al ingresar, de algún modo, al debate acerca de la tradición y la identidad nacional.

Es preciso aclarar que el fragmentarismo de su estructura (que en un principio puede hacer que la novela parezca un tanto confusa) es una estrategia cuyo objetivo fundamental es capturar la atención y mantener el clima enigmático durante toda la novela.



Escribe un comentario o lo que quieras sobre La ciudad de los tísicos (directo, no tienes que registrarte)


Comentarios
(de más nuevos a más antiguos)


Aún no hay comentarios, ¡deja el primero!