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La muerte llama al arzobispo



La muerte llama al arzobispo (título original en inglés, Death Comes for the Archbishop) es una novela de la estadounidense Willa Cather, publicada en 1927. Trata de los intentos de un obispo católico y un sacerdote de establecer una diócesis en el Territorio de Nuevo México. En 2005, la revista Time la situó entre las cien mejores novelas escritas en inglés desde 1923.[1]​ y la lista de la Modern Library de las 100 mejores novelas en inglés del siglo XX,[2]​ y fue elegida por los escritores del oeste de EE. UU. como la 7.ª mejor "Novela del Oeste" del siglo XX.[3]

El principal personaje es un obispo, Jean Marie Latour, quien viaja con su amigo y vicario Joseph Vaillant desde Sandusky, Ohio a Nuevo México para hacerse cargo de la recientemente establecida diócesis de Nuevo México, que acaba de convertirse en un territorio de los Estados Unidos. Los nombres que se dan a los principales proponentes reflejan sus personajes. Vaillant, valiente, no tiene miedo a la hora de promulgar su fe, mientras que Latour, la torre, es más intelectual y reservado que su camarada.

En el momento de marcharse, Cincinnati es el final de la línea ferroviaria hacia el oeste, de manera que Latour debe viajar por el río hasta el golfo de México, y desde allí por tierra a Nuevo México, un viaje que le lleva todo un año. Pasa el resto de su vida estableciendo la iglesia católica en Nuevo México, donde muere a una edad avanzada.

La novela retrata a dos sacerdotes franceses bienintencionados y devotos que se encontrarán enfrente a clérigos hispano-mexicanos bien atrincherados a los que van a suplantar después de que los Estados Unidos adquieran Nuevo México y las diócesis del nuevo estado se reorganizaron por la Santa Sede.[4]

Varios de estos sacerdotes atrincherados están representados de una manera clásica como ejemplos de gula, avaricia y glotonería, mientras que otros viven vidas simples y abstemias entre los nativos americanos. Cather retrata a los pueblos hopi y navajo con simpatía, y sus personajes expresan la práctica futilidad de superponer su religión a la milenaria cultura nativa. Las vívidas descripciones que Cather hace del paisaje son también memorables. Una escena donde uyn sacerdote y su guía nativo americano se refugian en una antigua cueva durante una tormenta de nieve es especialmente memorable por su ´soberbio retrato de las fuerzas combinadas de naturaleza y cultura.



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