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Madame de...



Madame de... es una película dramática francoitaliana de 1953 dirigida por Max Ophüls, está basada en la novela homónima de Louise de Vilmorin.[1]

Los personajes principales que forman el relato son tres: La condesa "Louise de...", Danielle Darrieux, su esposo, el conde y general "André de...", Charles Boyer, y el barón y diplomático italiano Fabrizio Donati, Vittorio De Sica,. También tiene importancia un joyero. Se describe un ambiente de lujo y diversión muy elegante en el París de la Belle Époque -entre 1871 y 1914, o sea, entre dos guerras, la Franco-Prusiana y la Primera Guerra Mundial- durante el cual puede verse una sociedad de lujo y apariencias, totalmente ajeno a la vida del pueblo llano y medio. Apurada por la necesidad de dinero para cubrir sus cuantiosos gastos, la condesa vende unos valiosísimos pendientes con un diamante en cada uno, de gran tamaño y en forma de corazón (por lo que son muy fácilmente identificables) que le regaló su marido. El joyero, indiscreto (pero habiendo presumido de una absoluta discreción casi de confesor), le cuenta al conde lo sucedido, y le vende los pendientes. La condesa tiene la habilidad de desmayarse muy bien para salir de cualquier apuro, virtud que prodiga en el film. El general -suelen llamarle así y no conde- aprovecha para regalar tan valioso presente a su amante Lola que parte en tren hacia Constantinopla. Louise, para dar alguna razón a la falta de los pendientes, finge, en el palco del teatro tocarse los lóbulos y notar que le faltan las joyas, comenzando por buscar en el suelo, a su alrededor, con la mirada; cosa absurda pues uno puede desprenderse, pero los dos es prácticamente imposible. Su esposo, a pesar de que conoce la historia, se apresura a buscarlos como si creyese el hecho: en el palco de al lado, en la casa; incluso interrogando a la servidumbre. La cuestión es que hasta en los periódicos sale la desaparición de las joyas. Lola, en Constantinopla, también juega en un casino y como pierde apostando al número trece -el general le ha dicho en el apartamento número trece del ferrocarril, donde ella iba a viajar, que era su número de la suerte, o un número que trae suerte- ha de vender allí mismo tales pendientes ya que no le admiten ningún otro de sus adornos, quizá porque no eran de valor. El caso es que van a caer en las manos del diplomático. Este, cuando vuelve a París, queda enamorado de Louise y le regala los colgantes, entablándose entre ellos una relación de casto amor que el general consiente pues la excusa por tener un refinado confidente. Louise aparenta, ante su esposo, hallar las joyas en el fondo de unos largos guantes y este finge creerlo, aunque conociendo que el diplomático ha llegado de Constantinopla, todo hace pensar que sospecha el periplo de ellas. Pero en un momento dado, el general se cansa de la situación y, sin explicación alguna, reta en duelo a muerte a Fabrizio. El general hace una breve entrenamiento durante el cual acierta los tras disparos que hace en el corazón de un muñeco alejado a la distancia que se presume en la contienda. El diplomático, por el contrario, no tiene experiencia. Mientras se está celebrando el duelo llega Louise en un carruaje por intentar evitarlo y corre hacia ellos en el boscoso lugar, sin llegar a ver nada, pero escucha los disparos, por los cuales se sospecha que el general ha matado a Frabrizi. Ella se derrumba junto al árbol hasta el que había llegado.



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