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Maracanazo de la selección chilena



Es conocido como Maracanazo de la selección chilena, Condorazo[n 1]​ o Bengalazo el incidente ocurrido en el Estadio de Maracaná en Brasil el 3 de septiembre de 1989, durante el partido entre las selecciones de fútbol local y Chile en la última fecha de la Clasificación de la Conmebol para la Copa Mundial de 1990.

El guardameta chileno Roberto Rojas, apodado el Cóndor, simuló haber sido herido por una bengala que fue arrojada temerariamente cerca suyo y dentro de la cancha desde la tribuna brasileña, por lo que fue marginado del fútbol profesional con 32 años de edad y amnistiado en 2001 por la FIFA, en tanto que la selección chilena al retirarse de la cancha injustificadamente quedó inhabilitada para jugar la Clasificación de la Conmebol para la Copa Mundial de 1994, lo que según los especialistas ha sido el «mayor escándalo en la historia del deporte chileno».[2]

Durante la Copa América de 1987, las selecciones de Brasil y Chile formaron parte del grupo B, junto a Venezuela. Por la tercera fecha, en un sorpresivo resultado, Chile ganó 4-0 a Brasil, logrando clasificar a la semifinal, y dejando eliminado al Scratch.

Chile finalmente fue vicecampeón, perdiendo la final ante Uruguay.

Para la Copa Mundial de Fútbol de 1990 en Italia, la Confederación Sudamericana de Fútbol (Conmebol) dispuso de 3,5 plazas de un total de 24, incluyendo a la selección de Argentina — ya clasificada por ser la campeona del Mundial de 1986—. Las nueve selecciones de la región formaron tres grupos para disputar los 2,5 cupos restantes. Los dos mejores ganadores de los grupos, de acuerdo a la puntuación obtenida, clasificaban directamente al Mundial, mientras que el peor ganador jugaría un repechaje con el ganador de la eliminatoria de Oceanía por otra plaza en el Mundial.

Así, tras un sorteo en el Hotel Plaza de Buenos Aires, quedó conformado el Grupo 3 de las clasificatorias de la Conmebol las selecciones de fútbol de Brasil, Chile y Venezuela. El fixture, del cual se sospecha que el entonces presidente de la ANFP Miguel Nasur arregló en desmedro de las posibilidades chilenas por la suma de US$ 100.000, determinó que el último partido sería Chile visitando a los Brasileños.

En julio de 1989, la selección chilena comenzó su proceso de clasificación con miras al Mundial de 1990. Para dicho objetivo, el entrenador Orlando Aravena había asumido la dirección técnica de la selección chilena en 1988 a tiempo completo.

En el partido inicial del grupo, Brasil derrotó como visita a Venezuela por 4 goles a 0. Una semana después, Chile logró vencer en Caracas a Venezuela por 1-3, por lo que se comenzó a preparar el partido ante Brasil en el Estadio Nacional de Santiago. Antes del partido, los seleccionados chilenos comandados por el arquero suplente Óscar Wirth, pidieron un aumento en los premios concertados, de 20 millones de pesos. El entonces Presidente de la ANFP, Sergio Stoppel, les entregó un cheque por 18,5 millones.

Con un ambiente caldeado por declaraciones de Aravena, quien indicó, dentro del contexto de la pelea en que Evander Holyfield venció por KO al boxeador brasileño Adilson Rodrigues, que la selección brasileña "Así van a caer, como Maguila". Además, Aravena no permitió el ingreso a las prácticas chilenas de los enviados especiales brasileños. A través de los medios, el jugador brasileño Romario declaró "Le cerraré la boca a Aravena", ante lo que el citado respondió "Quiero verlo ante Astengo".

El 13 de agosto se jugó el partido ante Brasil. Chile hizo caso omiso a la recomendación de la FIFA sobre que ambas selecciones saltaran juntas al campo de juego, saliendo primero, ante lo cual Brasil salió luego, recibiendo una rechifla monumental que no paro inclusive en los himnos. Con un juego violento por parte de ambos seleccionados, que terminó con las expulsiones de Romario, Raúl Ormeño y Orlando Aravena, no se sacaron ventaja, empatando 1-1. Los desmanes que generó el público hicieron que la FIFA castigara con la localía a Chile para su próximo partido, trasladando el partido ante Venezuela a la ciudad de Mendoza.

El 20 de agosto, Brasil derrotó como local a Venezuela por 6-0. Una semana después, Chile, jugando de local en el Estadio Malvinas Argentinas de Mendoza, venció por 5-0 al combinado llanero. Aun así, Chile quedaba junto a Brasil a la cabeza de la clasificación con 5 puntos, aunque la diferencia de goles permitía que el equipo brasileño clasificara, obligando a la selección de Chile a ganar el partido de vuelta, mientras que a Brasil le bastaba solo un empate para clasificar.


El 3 de septiembre de 1989, se enfrentaron las selecciones de fútbol de Brasil y Chile en el Estadio Maracaná, en el partido definitorio para la clasificación al Campeonato Mundial de 1990. Tras un primer tiempo empatado sin goles,

el brasileño Careca anotó un gol a los 4 minutos del segundo tiempo, resultado que causaba la eliminación del cuadro chileno, urgido de un triunfo para acceder al Mundial de Italia. En el minuto 67 del partido, el arquero chileno Roberto Rojas cayó al campo, simulando ser herido por una bengala lanzada desde las tribunas de aficionados brasileños. De inmediato, los jugadores chilenos, liderados por el subcapitán Fernando Astengo, decidieron abandonar la cancha[3][n 2]​ argumentando falta de garantías para seguir con el juego, sin que el árbitro argentino Juan Carlos Loustau pudiera convencerlos de continuar el partido. Los jugadores y cuerpo técnico chilenos permanecieron en los vestidores cerca de tres horas para dar a conocer a los comisionados de la FIFA los hechos ocurridos en la cancha.

Los jugadores y cuerpo técnico chilenos permanecieron en los vestidores cerca de tres horas para dar a conocer a los comisionados de la FIFA los hechos ocurridos en la cancha. Mientras tanto, Ricardo Alfieri, reportero gráfico argentino, le entregó el rollo fotográfico de esa noche a la Confederación Brasileña de Fútbol.

Una vez terminado el partido, y azuzados por declaraciones imprudentes de José Toribio Merino, una gran cantidad de personas se congregaron frente a la embajada brasileña, situada en la Alameda, a unos pasos del metro Los Héroes. Un basquetbolista norteamericano que pasaba por allí fue confundido con un brasileño y fue agredido por la turba, mientras el embajador brasileño fue al día siguiente a La Moneda a solicitar protección para la embajada, luego de recibir constantes amenazas a raíz del partido. Durante los días siguientes, diarios y revistas publicaron despectivas notas hacia la FIFA y hacia Havelange, quien incluso fue representado en la revista Minuto 90 como un gángster, luego de que corrieran rumores de que surgiría una candidatura suya al Premio Nobel de la Paz.

Al día siguiente la FIFA y la Conmebol comenzaron la investigación del incidente; las imágenes de televisión y varias fotografías mostraron que efectivamente de la tribuna de hinchas brasileños partía una bengala hacia la zona donde se hallaba el guardameta chileno Roberto Rojas, pero que dicha bengala no caía sobre el jugador presuntamente afectado, sino a poco más de un metro de distancia. Ante la evidencia, los directivos de la Conmebol consideraron inaceptable la versión de Rojas sobre un «ataque» efectuado por hinchas brasileños, cuestionando el verdadero origen de la gran herida que Rojas lucía en su cabeza. Tal herida no mostraba signos de una quemadura ni rastros de pólvora, como cabía esperar si fuera causada por una «bengala», sino indicios de ser generada por un objeto cortante. No obstante, la policía brasileña logró identificar y arrestar a quien lanzó dicha bengala al campo de juego: una aficionada de 24 años llamada Rosenery Mello do Nascimento, quien alcanzó breve fama como la Fogueteira do Maracanã, quien posó para la revista Playboy años después y murió en 2011.[5][6]

Al aumentar las pesquisas sobre la verdad de los hechos, parecía evidente para las autoridades de la Conmebol que la herida del guardameta chileno había sido fingida y no había sido causada por algún objeto lanzado desde las tribunas. Ante la presión, Rojas confesó haber cortado su propio rostro con una cuchilla de afeitar oculta en su guante[7]​ para simular un ataque de los hinchas brasileños; semejante acto respondía a un plan orientado a conseguir la programación de un nuevo partido definitorio en cancha neutral.[8][9]​ En paralelo, se pudo conocer que el entrenador chileno Orlando Aravena pidió a Rojas y al médico Daniel Rodríguez quedarse en el terreno para forzar un escándalo con el cual anular el partido o hasta descalificar al estadio Maracaná.

Descubierta la verdad del incidente, el 8 de diciembre de 1989, la FIFA resolvió que el guardameta Roberto Rojas fuera marginado «a perpetuidad» de las canchas de fútbol profesional —en 2000 recibió una amnistía[10]​— y que el equipo de Chile fuese excluido de jugar las Eliminatorias a la Copa Mundial de Fútbol de 1994 por infringir severamente los reglamentos, además de considerar al partido como ganado por Brasil para efectos oficiales.[n 4]​ Además, fueron sancionados por la FIFA Sergio Stoppel, entonces presidente de la FFCh;[3]​ Orlando Aravena, entrenador; Fernando Astengo, defensa y subcapitán del equipo; Alejandro Koch, kinesiólogo; Nelson Maldonado,[11]​ utilero y Daniel Rodríguez, médico, entre otros.

Durante los días siguientes, se produjeron serios incidentes en el frontis de la embajada brasileña debido a la propaganda emitida por los medios, que inmediatamente se hicieron eco de la versión aportada por Rojas y Sergio Stoppel. Un baloncestista estadounidense fue víctima de la furia popular chilena, cuando pasaba por el barrio de la embajada, pues fue agredido al haber sido confundido con un brasileño.

Tras ser emplazado con anterioridad por Astengo y Aravena a decir la verdad del hecho, el 26 de mayo de 1990, Roberto Rojas declaró al diario La Tercera:

En el libro Historias Secretas del Fútbol Chileno 2, algunos seleccionados indicaron off the record que:

Mientras que Jaime Ramírez, quien formaba parte de la selección chilena en esos tiempos, declaró:

El 2 de abril de 1997, durante un partido válido por las Clasificatorias mundialistas para Francia 1998, entre las selecciones de Bolivia y Argentina en La Paz, ocurrieron incidentes que tuvieron como principal protagonista a Julio Cruz, delantero argentino. Todo comenzó tras un cabezazo del portero Ignacio Carlos González, por la espalda, al delantero boliviano Demetrio Angola luego de que el jugador argentino Gustavo Zapata fuera expulsado e intentara agredir a Angola. En medio de este ambiente tenso, a Cruz, tras recoger un balón e insultar al personal técnico boliviano,[12]​ el chofer de la selección boliviana lo agredió con un puñetazo en el pómulo derecho, luego fue retirado de la cancha, donde no se le aprecia ninguna lesión. Luego en el camarín argentino, el técnico Daniel Pasarella permitió ingresar a los medios, apareciendo Cruz con sangre por una herida en el pómulo izquierdo. Cruz nunca ha aclarado cómo pudo ocurrir ese hecho tan extraño alegando que ya «es pasado».[13]​ Este incidente trajo a la memoria el Maracanazo, aunque no hubo sanción alguna a quienes protagonizaron este hecho.[14]



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