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Melchor Bravo de Saravia



Felipe II de España

Melchor Bravo de Saravia y Sotomayor (Soria, 1512 - ib., 8 de diciembre de 1577) fue un abogado y funcionario español, que llegó a ser presidente de la Real Audiencia de Lima y a la vez gobernador interino del Virreinato del Perú desde 1553 hasta 1556, y posteriormente, fue nombrado como gobernador de la Capitanía General de Chile desde 1568 hasta 1573 y presidente de la subordinada Real Audiencia de Concepción.

Como presidente-gobernador interino peruano reprimió el levantamiento del encomendero Francisco Hernández Girón contra el rey, y como presidente-gobernador chileno luchó sin éxito contra los mapuches, aunque realizara una obra meritoria como administrador.

Melchor Bravo de Saravia había nacido en el año 1512 en la ciudad de Soria, de la entonces Castilla la Vieja que formaba parte de la Corona castellana, siendo hijo de Juan Bravo de Saravia, señor de Pica y de Almenar, y de María Sotomayor de Vera Morales. Es antepasado directo de los actuales marqueses de la Pica.

Después de cursar Latinidad, se trasladó a Bolonia e ingresó en el Colegio Mayor de San Clemente (para estudiantes españoles) y se doctoró en Leyes.

Nombrado en 1547 oidor de la Real Audiencia de Santa Fe de Bogotá en el Nuevo Reino de Granada, no llegó a tomar posesión de dicha plaza porque inmediatamente recibió la orden de pasar al Perú para desempeñar el mismo cargo en la audiencia limeña, que se reinstaló en Lima en 1549 tras la debelación de la rebelión de Gonzalo Pizarro llevada a cabo por el pacificador Pedro de la Gasca, quien ejerció como presidente de dicha audiencia.

Tras la partida de Gasca en 1550, Bravo de Saravia permaneció en el cargo de oidor, siendo nombrado presidente de la audiencia el oidor Andrés de Cianca en su calidad de oidor decano (el de más antigüedad). Los otros oidores eran los licenciados Pedro Maldonado (quien falleció a principios de 1550) y Hernando de Santillán.

En 1551 arribó al Perú el virrey Antonio de Mendoza. Este, ya achacoso y enfermo, delegó prácticamente el poder en la Audiencia, cuerpo al que se sumó el oidor Diego González Altamirano en reemplazo del fallecido Maldonado. Bravo de Saravia supo moderar las ambiciones de sus colegas oidores, así como el agresivo descontento que entre los colonos suscitó la promulgación de la real cédula que disponía la abolición de los servicios personales de los indios.

El virrey Mendoza murió tras diez meses de gobierno, el 21 de julio de 1552, y una vez más la real audiencia, presidida por Cianca, asumió las tareas de gobierno de manera provisional en espera de la llegada de un nuevo virrey.

Cianca falleció el 11 de abril de 1553, correspondiendo entonces a Bravo de Saravia presidir la Real Audiencia de Lima en su condición de oidor decano, función que desempeñó hasta el 29 de junio de 1556, cuando entregó el poder al virrey Andrés Hurtado de Mendoza, marqués de Cañete. El oidor Mercado de Peñalosa se sumó al cuerpo colegiado de la audiencia, integrado además por Hernando de Santillán y Diego González Altamirano.

Durante este período de gobierno de la audiencia presidida por Bravo de Saravia ocurrieron importantes hechos:

El 23 de diciembre de 1567 fue nombrado presidente de la nueva Real Audiencia de Concepción, que estaba subordinada a la de Lima, y al mismo tiempo ejercía como gobernador de la Capitanía General de Chile, que dependía del Virreinato del Perú pero conservaba cierta autonomía. Se embarcó en el Callao en abril de 1568 para asumir sus nuevas funciones.

Llegó a Chile y se trasladó a Santiago, pero en vez de dedicarse exclusivamente a los asuntos judiciales y civiles, como le correspondía a su cargo, decidió entrar de lleno en cuestiones militares, marginando a los oficiales experimentados, tal vez alentado por su anterior experiencia militar en el Perú. Se dirigió al sur para actuar en la Guerra de Arauco, consiguiendo solo una nueva derrota en el asalto al fuerte mapuche de Marigüeñu, al sur de Concepción (enero de 1569), por el que debieron ser evacuadas Arauco y Cañete.

Al revés militar se sumó el terrible terremoto que asoló Concepción el 8 de febrero de 1570, que causó la destrucción de todas las casas de esa ciudad, aunque solo hubo 30 muertos. Bravo tuvo que afrontar la reconstrucción de la ciudad y posteriormente volvió a activar la guerra con los indios, apoyado por refuerzos enviados desde Perú por el virrey Francisco de Toledo, pero fue derrotado nuevamente en Purén, a principios de 1571.

A partir de entonces adoptó una política defensiva, que puso en manos del general Lorenzo Bernal del Mercado. Él, por su parte, se dedicó enteramente a la administración civil, que fue oportuna y constructiva. En su período de gobierno se inició la construcción de la iglesia de San Francisco en Santiago, que sería finalizada en 1613 (es el único edificio del período de la conquista que se conserva en la actualidad).

Sin embargo, en los libros de historia en Chile también es recordado por incentivar la esclavitud de los indígenas. Autores de la seriedad de Rosales y de Mariño de Lobera coinciden en afirmar que durante su gobierno se estableció la costumbre de coger indios en la guerra. Al embarcarse el gobernador en septiembre de 1571, desde Valdivia para Concepción, muchos de los españoles que lo acompañaban “llevaban también muchos indios contra su voluntad, y aun sin delecto, pues dejaban las mujeres sin los maridos, y a los maridos sin sus mujeres; y lo mesmo hacían con los padres e hijos; sobre lo cual hubo grandes alborotos pretendiendo impedirlo la justicia seglar, e incluso interviniendo la autoridad del obispo de la Imperial, que lo prohibió con censuras, pues estaban tan estragadas las conciencias de algunos, que ni por esas ni por esotras dejaron los indios ni las indias.”[1]

El rey Felipe II, informado de los reveses militares con los mapuches, se convenció de la inconveniencia de que existiera una Audiencia en un territorio en permanente estado de guerra y decidió suprimirla, designando como gobernador de Chile a Rodrigo de Quiroga (1573).

Bravo de Saravia, que ya había solicitado el retiro por motivos de edad, entregó el cargo a su sucesor en 1575 y regresó a España. Murió muy poco tiempo después en Soria, donde estaba la casa de sus mayores. Fue sepultado en el coro de la iglesia mayor de la ciudad, donde tenía sepulcro propio.




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