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Nirisimha



Narasinja es el avatar mitad hombre y mitad león del dios hindú Visnú. Su nombre o sus leyendas no son mencionados en el extensísimo Rig-veda (el texto más antiguo de la India, de mediados del II milenio a. C.). Aparece recién en los Puranás (últimos siglos a. C.).

Sus armas son el chakra (disco) y la maza.

Según el Bhágavat-purana (siglo XI d. C.) fue el decimocuarto avatar:

En cambio de acuerdo con el Garuda-purana fue el cuarto avatar.

Es una de las deidades más populares del hinduismo, como evidencia su presencia en textos épicos, iconografía y adoración en festivales durante más de un milenio.[3]

Generalmente se lo muestra con la forma humana, pero con rostro parecido a un león y garras.[4]​ Esta imagen es adorada como una deidad en muchos grupos visnuistas, especialmente en el sur de la India. Es conocido y adorado como protector, siendo una forma de Visnú que específicamente protege a sus devotos en momentos de necesidad.[5]

Se encuentran referencias a Narasinja en una gran variedad de escrituras puránicas. Hay 17 versiones de la misma leyenda, algunas con más detalles que las otras:[6]

Los visnuistas pretenden que este dios ya aparecía en el Rig-veda (1, 154, 2a) podría ser una mención a Narasiñja: «Como alguna bestia salvaje, mortal, al acecho, dando vueltas en las montañas» (Rig-veda 154, 2a).

Hay una alusión a la historia de Namuchi en el Rig-veda (8, 14, 13): «Con espuma del agua tú cortaste, oh Indra, la cabeza de Namuchi, conquistando a todos los ejércitos enemigos». Los visnuistas creen que ―con el paso de los siglos― esta referencia rigvédica se convirtió en la leyenda puránica de este avatar Narasiñja.[7]

La historia de Narasinja se cuenta en el Bhágavat-purana de la siguiente manera:

Cuando el dios Visnú descendió a la Tierra como su avatara jabalí Varaja, mató a un rákshasa conocido como Jirania Akshá. El hermano de Jirania Akshá, Jirania Kashipú, muy enojado por esto, comenzó a odiar a Visnú y a sus seguidores. Decidió entonces matar a Visnú mediante la obtención de poderes místicos. Él sabía que si llevaba a cabo muchos años de austeridades y penitencias, Brahmá (el principal de los devás) le otorgaría cualquier poder. Se puso de puntas de pies durante miles de años. Esto generó una cantidad tan grande de siddhis que la temperatura de todo el universo empezó a elevarse. Los devás fueron en grupo a quejarse ante el dios Brahmá. Este descendió, muy complacido con las austeridades de Jirania Kashipú, y le dijo que pidiera lo que quisiera, que él mismo se encargaría de hacerlo realidad.

Mientras Jirania Kashipú estaba en la montaña Mandara Achala, Indra y otros devás atacaron su palacio y lo destruyeron. Tomaron a su esposa Kaiadu (que estaba embarazada) para matarla, pero el sabio volador Nárada intervino para protegerla. Nárada la llevó a su ásrama, donde Prajlada (el hijo aún no nacido de Jirania Kashipú), escuchó desde el útero de Kaiadu todas las instrucciones espirituales que el sabio le dio a su madre.

Cuando Jirania Kashipú volvió de sus austeridades, Prajlada nació y fue el orgullo del demonio. Pero cuando creció, empezó a mostrar en la escuela los síntomas de haber sido aleccionado desde el vientre por Nárada, lo cual enojó muchísimo a su padre.[9]

Jirania Kashipú finalmente se enojó tanto con la devoción que su hijo sentía por Visnú (a quien él veía como su enemigo mortal, por haber matado a su malvado hermano Jirania Akshá), que decidió matarlo.[10]​ Pero cada vez que él lo mandaba a matar, Visnú protegía al niño Prajlada (de 5 años) con su poder místico.

Finalmente, Prajlada se negó a considerar que su padre era el amo del universo, y dijo que Visnú era omnipenetrante y omnipresente. Entonces Jirania Kashipú apuntó a una columna cercana y le preguntó a Prajlada si «su Visnú» se encontraba allí: «Oh, desafortunado Prajlada, tú siempre hablas de un ser supremo distinto de mí, un ser supremo que está por encima de todo, que es el controlador de todos, y que es omnipenetrante. Pero ¿dónde está? Si está en todas partes, ¿por qué no está presente ante mí en esta columna?»[11]

Prajlada respondió: «Él estuvo, él está, y él estará» (Según otra versión, respondió: «Él está dentro de las columnas y está en la más pequeña brizna de hierba» Jirania Kashipú, incapaz de controlar su ira, destruyó una columna de su palacio con su maza. Inmediatamente en medio del humo de los escombros se oyó un rugido terrible y Jirania Kashipú vio ante sí a su enemigo Visnú. Este, para matar a Jirania Kashipú y no contradecir la bendición dada por Brahmá, eligió su forma eterna como Narasinja: no era una criatura creada por Brahmá. No lo mató en el piso, en el agua ni en el aire, sino en su regazo. Jirania Kashipú no murió por un arma, sino por las garras de Dios (las uñas no están vivas ni muertas). Tenía forma mitad hombre y mitad león, así que no era un hombre ni un animal. No era una criatura viva o no viva, ni por un devá o demonio o gran serpiente del infierno, sino Dios mismo. No era de día ni de noche, sino el atardecer. Narasinja arrastró a Jirania Kashipú hasta el umbral hacia el patio —así no lo mataría dentro ni fuera de una residencia—, lo abrió en dos, le sacó los intestinos y se los puso como guirnaldas,[12]​ y presumiblemente (ya que como león no sería vegetariano) se lo comió todavía vivo.

El Kurma-purana describe la batalla precedente entre Narasinjá y las fuerzas demoníacas, en la cual él escapó de la poderosa arma llamada pashupata y describe cómo los hermanos de Prajlada, liderados por Anujrada y miles de otros demonios fueron llevados a la morada de la muerte (iama alaia) por el león producido del cuerpo del avatara hombre-león.[7]

El mismo episodio se cuenta en el Matsiá-purana (179), varios capítulos después de su versión del advenimiento de Narasinja.[7]

Después de la matanza, ninguno de los devás presentes podía acercarse para calmar la furia de Narasinja, ni siquiera el Señor Shivá. Así que todos los dioses y diosas llamaron a la consorte de Visnú, Laksmí. Pero ella tampoco pudo acercarse. Entonces, por pedido de Brahmá, Prajlada se puso delante de Narasinja, y este lo alzó en su regazo y se calmó con las canciones de su devoto.[13]​ Antes de partir, Narasinja recompensó al sabio Prajlada y lo coronó como rey.[14]

Basándose en esta leyenda, los vaisnavas creen que Narasinja protege a sus devotos cuando están en serio peligro.

El joven religioso Adi Sankara (siglo IX) compuso el poema Laksmí-Narasinja-stotra en honor a Narasinja, porque creía que este dios lo había salvado de ser sacrificado a la diosa Kalí por un kapalika.

Debido a la naturaleza irascible de esta estatua de Visnú, es esencial que la adoración se lleve a cabo con un nivel de atención mucho más alto que el que corresponde a otras deidades. En muchos templos, solo se les permite entrar al altar (para realizar la puya diaria) a devotos con muchos años de brahmacharia (celibato). Incluso entre los devotos existe el mito de que los que adoran a Nrisinja no se lastiman, ni se cortan al cocinarle los alimentos para ofrecerle o siempre están libre de toda clase de enfermedades, no se quiebran los huesos,no tienen accidentes.

Igual sucede lo mismo en los templos donde se adora la forma de Narasinja tranquilo, donde él se encuentra sentado, con la diosa Laksmí o el niño Prajlada sentados en su regazo.

Hay varias oraciones conocidas que se dedican al avatar Narasinja:


Uno de los intentos de Jirania Kashipú para matar a Prajlada fue que su hermana Joliká lo aferró sentada en una pira, para quemarlo vivo. Joliká tenía un don especial que le permitía no ser quemada por el fuego. La pira funeraria fue encendida mientras Prajlada repetía el nombre de Visnú. Se empezaron a escuchar los gritos de Joliká, por lo que los demonios trataron de apagar el inmenso incendio, pero no podían acercarse a las llamas. Cuando la hoguera se extinguió, encontraron el cadáver carbonizado de Joliká, y a Prajlada aún cantando el nombre de Visnú.

En toda la India se festeja esta leyenda como el festival Joli (escrito en inglés: Holi festival).



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