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Oyeronke Oyewumi



Oyèrónké Oyèwùmi (10 de noviembre de 1957) es una académica feminista nigeriana que trabaja como profesora asociada de Sociología en la Universidad de Stony Brook (Nueva York).

Nació en Nigeria, estudió en la Universidad de Ibadan y en la Universidad de Berkeley (California). Es profesora asociada de Sociología en la Universidad Estatal de Nueva York en Stony Brook, donde ha impartido cursos sobre género y globalización así como sobre teoría feminista.

Obtuvo numerosas becas de investigación como la Rockefeller, la presidencial y la de la Fundación Ford. La última que recibió fue una beca de Humanidades Rockefeller sobre seguridad humana (2003-2004), administrada por el Consejo Nacional de Investigación sobre la Mujer (NCRW). Sus campos de interés son la sociología de género, el conocimiento y la cultura, así como la sociología histórica comparada, la teoría feminista, los feminismos transnacionales, la teoría social, las desigualdades sociales en los sistemas locales, regionales y mundiales, los estudios africanos, y los estudios poscoloniales.[1]

Además, ha recibido premios por sus publicaciones como es el caso de su monografía The Invention of Women: Making an African Sense of Western Gender Discourses, que ganó el Premio del Libro Distinguido de 1998 en la Sección de Género y Sexo de la Asociación Americana de Sociología, así como fue finalista para el Premio Herskovitts de la Asociación de Estudios Africanos ese mismo año.[2]

Su trabajo interdisciplinario se centra en un punto de vista africano muy poco representado en la academia. Sus investigaciones destacan por el reflejo que hace en ellas de experiencias de la vida cotidiana africana para esclarecer cuestiones teóricas hacia una amplia gama de disciplinas como la Sociología, Ciencias Políticas, Estudios de mujeres, Religión, Historia, y Literatura.

Oyèrónké desarrolla sus investigaciones al margen de la influencia de los estudios occidentales. La autora evita de este modo el análisis de la realidad africana desde el prisma de los trabajos europeos y americanos que no contemplan las particularidades culturales.[2]

En 2010 recibió una invitación del Centro de Estudios de Género de la Universidad de Kazajistán para forma parte de un grupo internacional que trabaja con un proyecto conocido como Género, Nación y Descolonialidad en Asia Central gracias a publicaciones como la ya mencionada Invention.

Su análisis sobre los estudios occidentales se basa en argumentar que, estos, se fundamentan en un análisis unilateral y universalista en el que se analiza de la misma forma las culturas occidentales y la africana, lo que supone un grave problema pues elimina cualquier crítica y análisis de la cultura propia de cada región. Ataca también los estudios elitistas que emanan de este mismo enfoque que se imponen en la enseñanza básica de cualquier país o región. Esta idea la plasma en sus propias vivencias.

El plan de estudios se basó en nociones de "civilización occidental" y la universalidad de sus experiencias se dio por sentada. También tomamos varios cursos sobre política africana que me permitieron comprender el importante papel de la colonización en la constitución del Estado en África.

Sin embargo, cuando solicité la postgrado en los Estados Unidos en la década de 1980, decidí ingresar en Sociología y no en ciencia política. ¿Por qué? Durante mi carrera de pregrado en UI, tomé solo un curso de sociología, la "Sociología de la familia" en la que estudiamos textos sociológicos occidentales estándar sobre la familia. Aprendimos poco o nada sobre los sistemas familiares africanos. Sin embargo, el curso de sociología particular me dejó una profunda impresión en relación con los intereses que había comenzado a desarrollar en la familia como institución.

Continuando con su biografía, menciona la falta de criterio de los Estudios de Género occidentales al entender como universal el papel de la mujer a lo largo de la Historia en todos los países.

De esta forma, Oyèrónké también ataca la idea preconcebida de entender y analizar a la mujer como un único ser universal con unas características similares en todas las culturas del mundo. En este caso, analiza su caso personal con las investigaciones que realizó a la tribu de los Yoruba y de cómo este caso no seguía las normas que se habían impuesto desde la Academia para entender los roles de género. También apunta que la Antropología, como disciplina, otorga cierta luz en estos estudios para entender que no todas las culturas siguen los mismos patrones, concluyendo que África se encuentra dentro de una realidad cultural diferente que tampoco es entendida por los occidentales.

La antropología fue la disciplina que trajo a Occidente la idea de que el género se construye socialmente, que las sociedades organizaron las categorías de género de diferentes maneras y que, por lo tanto, el género debe entenderse como una construcción social y no biológica.

Esta afirmación no hizo mella en las afirmaciones universalistas de Occidente cuando los antropólogos dieron la vuelta al mundo para buscar la subordinación de las mujeres y las mujeres. Desde este punto de vista, no había dudas de que las "mujeres" existían como una categoría, como un tema, siempre ya constituido y listo para ser estudiado.

La antropología del curso de género que tomé en Berkeley lo dejó muy en claro cuando examinamos investigaciones que pretendían ser sobre una tribu llamada "mujeres". Uno de los textos más influyentes durante este período fue Mujeres, cultura y sociedad, un tomo antropológico editado por Michele Rosaldo y Louise Lamphere en la que varios eruditos afirmaron que la subordinación de la mujer es universal.

Estaba particularmente intrigada por la constante afirmación de que, a pesar de que las diferencias entre hombres y mujeres no eran tan grandes, las sociedades humanas utilizaban todo tipo de artificios como el lenguaje y la organización familiar para enfatizar y exagerar estas diferencias para mantener a las mujeres impotentes y subordinado Esta afirmación me fascinó porque el idioma yoruba contrarrestaba por completo esa declaración. En lugar de percibir a hombres y mujeres como diferentes, los yoruba en realidad los presentan como lingüísticamente iguales.

Señalé en mis clases que Yoruba era un lenguaje sin género por excelencia en el sentido de que no había pronombres de género o categorías de parentesco por género. Los yoruba no tienen una sola palabra para hijo, hija, hermano o hermana en su vocabulario cotidiano.

De manera similar, las categorías de Yoruba traducidas a marido y mujer en inglés no eran específicas de género porque ambas categorías incluían personas de ambos sexos anatómicos. En todo caso, expliqué en las clases que tomaba que las categorías de parentesco yoruba expresaban la antigüedad y no el género.

Entre sus obras más reconocidas está African Women and Feminism: Reflecting on the Politics of Sisterhood, en la que se analiza la opresión común de todas las mujeres y sus relaciones culturales e internacionales. Describe la representación simbólica y funcional de las mujeres africanas y de la errónea perspectiva feminista occidental a la hora de analizar a las mujeres de África, así como el dominio de hombres y mujeres occidentales en la producción del conocimiento de dicho continente.

También Gender Epistemologies in Africa: Gendering Traditions, Spaces, Social Institutions and Identities. Por otro lado ha sido editora de African Gender Studies Reader y es autora del libro The Invention of Women: Making an African Sense of Western Gender Discourses, donde crea un sentido africano de los discursos de género occidentales.[4]

En esta entrega argumenta que la narrativa de la corporeidad de género que domina la interpretación occidental del mundo social es un discurso cultural y no puede asumirse sin crítica por otras culturas. Concluye que el género no solo se construye socialmente, sino que también es histórico, así como que el despliegue actual de género como categoría social universal y atemporal no puede separarse del predominio de las culturas occidentales en la globalización ni de la ideología del determinismo biológico (sustento del sistema occidental de conocimiento. Esta obra, a su vez, ganó el Premio del Libro Distinguido de 1998 en la Sección de Género y Sexo de la Asociación Americana de Sociología y fue finalista del Premio Herskovitts de la Asociación de Estudios Africanos ese mismo año.[2]



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