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Palacio Ortiz Basualdo (Embajada de Francia)



El Palacio Ortiz Basualdo es un exponente de la arquitectura Beaux Arts. Diseñado en 1912 por el arquitecto francés Paul Pater, para el matrimonio de Daniel Ortiz Basualdo y Mercedes Zapiola, frente a la plaza Carlos Pellegrini. Es sede de la Embajada de Francia en Buenos Aires desde 1939.

Diseñado en 1912 por el arquitecto francés Paul Pater, quien también proyectó el edificio del Tigre Club, donde funcionó hasta 1933 el primer casino que se instaló en el país, siendo hoy en día el Museo de Arte de Tigre. Debido que Pater tuvo que regresar en 1914 a Francia para luchar en la Primera Guerra Mundial, la obra del palacio concluyó 6 años más tarde bajo la dirección de Eugenio Gant Ner, socio de Pater.

La mansión fue escenario de una activa vida social. En 1925, durante la presidencia de Marcelo T. de Alvear, cuando tanto el barrio como el país se hallaban en su apogeo, sirvió de residencia oficial al príncipe de Gales, quien supuestamente demostró su admiración por el refinado confort y la grandiosidad del edificio.

En 1939, luego del fallecimiento de Daniel Ortiz Basualdo, su esposa vendió la residencia al gobierno francés, quien tomaría posesión definitiva del palacio al transformarlo en sede de su embajada en Buenos Aires.

En 1970, ante el proyecto de ensanche de la Avenida 9 de Julio, el edificio corrió el riesgo de ser demolido junto al palacio Alzaga Unzué, actual hotel Four Seasons. Finalmente se evitó la demolición.

La notable y difundida influencia francesa en la arquitectura Argentina tiene un excepcional ejemplo en el Palacio Ortiz Basualdo. Gran exponente de la arquitectura Beaux Arts, en diferente escala, esta obra es, como la Opera de París de Charles Garnier, una lección de inserción en el tejido urbano, y de correspondencia entre masas exteriores y espacios interiores, y una original recreación de elementos arquitectónicos de la tradición francesa.

El edificio, ubicado en Cerrito 1390 esquina Arroyo, se establece como un excelente remate de la Avenida Alvear, y opera como un cierre hacia el este del armónico e impresionante conjunto edilicio que rodea la plaza Carlos Pellegrini.

La idea del arquitecto Pater fue adaptar la tipología del castillo campestre francés a las limitaciones del terreno de 1600 m². El planteo general del edificio es una sagaz reelaboración del tradicional hôtel particulier francés de cuatro niveles: basamento, planta noble, planta de habitaciones particulares y mansarda. Prototipo en vigencia desde el siglo XVII, las versiones más grandiosas emulan las magníficas composiciones de famosos castillos del Grand Siècle, y en este caso resuenan ecos de ejemplos como Vaux-Le-Vicomte o Maisons-Laffitte.

La construcción está estructurada como un edificio compacto de composición central, integrado por dos salas articuladas al cuerpo de la cúpula, y dos pabellones en sus extremos que cierran el inmueble. Los techos a 4 aguas de las alas frentistas están levemente retirados en relación a la cúpula central, destacándose esta por su mayor altura y por su remate del campanario con su pináculo que enfatiza su carácter de pivote de la composición del conjunto. La cubierta es de pizarra y zinguería ornamental en pináculo de cresta, realzando el juego volumétrico de los techos.[1]

Las fachadas principales, de composición simétrica, ensamblan los distintos niveles con la clara intencionalidad de destacar y unir visualmente los pisos principales. Esto se plasma con pilastras jónicas que, partiendo del basamento, enlazan las dos cornisas que recorren horizontalmente las fachadas.

El nivel de uso social posee grandes aberturas de medio punto unidas por balcones corridos, destacándose la herrería trabajada y sostenido por ménsulas recubiertas con guirnaldas, abanicos, hojas de acanto, y otros ornamentos. El segundo piso se abre con balcones individuales con aberturas rectas.

A diferencia del basamento, el resto de las fachadas mantiene las líneas compositivas generales diseñadas contemplando el futuro ensanche de la avenida 9 de julio, salvo la fachada sur, que requirió una intervención para integrarla debido a que el edificio de al lado sufrió demolición.

El basamento es cerrado, solo presenta aberturas ovales, como también el nivel de la mansarda posee un aventamiento ornamental más pequeño y sin balcones.

La piel de todo el edificio es símil piedra, realizada con almohadillado y ornamentación premoldeada que va siendo más sutil a medida que va tomando altura. La herrería del perímetro enmarca el pequeño jardín sobre las calles Arroyo y Cerrito. El jardín posterior se usa como patio de servicio, habilitando aberturas en los salones hacia la calle.

En el basamento se alojaban los servicios, al igual que en el tercer piso (mansarda) que completaba este sector. El piso noble, situado en el primer piso, y destinado a los usos sociales, contaba con múltiples salones. El segundo piso, al que se accede por una escalera independiente, estaba dedicado a la vida familiar.

En la actualidad, tanto el segundo piso como el tercero están destinados a las oficinas de la embajada. Mientras que el primero mantiene su uso social con carácter protocolar.

Uno de los elementos principales de esta tipología es la simetría como elemento ordenador en la disposición de los diferentes locales.

Se realizaron varias intervenciones tanto a principios de la décadas del 90´, y entre los años 1998 y 2000, que pudieron revertir algunos desajustes pero introdujeron otros que no hicieron más que agravar ciertos inconvenientes que ya existían en el edificio.

La primera reforma fue llevada adelante por los arquitectos Juan Carlos Poli, Carlos Cassano y Alfredo Zubillaga en 1994. Esta intervención incluyó la restauración de todos los muros exteriores, carpinterías, balcones, rejas, cubiertas, zinguería, reposición del campanile, entre otras cosas. La mayor modificación que se realizó fue el comportamiento de la fachado sur, que consistió en transformar lo que fuera un muro medianero previo a las demoliciones del sector para la construcción de la Avenida 9 de julio.

La segunda intervención se desarrolló en el interior de la residencia, y estuvo a cargo del estudio Julio Lala, Bief y Asociados, entre 1998 y 2000. Los trabajos realizados fueron los siguientes: La actualización de los servicios sanitarios, la provisión y puesta a punto de un sistema de acondicionamiento del aire central y la renovación de las instalaciones de electricidad, telefonía e iluminación de la Embajada. También se incorporó un subsuelo para poder instalar todos los equipos, llevándose a cabo un gran movimiento de suelos y tareas de submuración.[2]




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