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Política exterior



La política exterior se define como el conjunto de las decisiones y acciones públicas que toma el gobierno de un Estado en función de los intereses nacionales y en relación con los demás actores del sistema internacional de un país. También puede definirse como un área de actividad gubernamental que es concebida entre relaciones del Estado con otros factores.[1]​Es la variable externa del proyecto que toda nación define en determinado momento de su desarrollo histórico. Como parte integral de un proyecto nacional que tenga un país, la política exterior debe responder, en primer término, a las aspiraciones de paz y seguridad y a las necesidades de desarrollo político, económico y social del país. Esta refleja la solidez de un Estado, integrado como nación, con un gobierno estable y con una soberanía depositada en los ciudadanos y expresada por sus representantes por medio del interés nacional.

La política externa de un Estado debe basarse en un profundo conocimiento de la realidad internacional en la que se desenvuelve y sobre la que pretende influir, solo así una Nación puede sacar pleno provecho de las oportunidades y, en lo posible, evitar los riesgos que se le presenten.

Vista de esa manera, de acuerdo con Andrés Rozental, la esencia de la política exterior es un cálculo político de quienes tienen a su cargo su diseño y puesta en práctica, respecto de la mejor manera de promover los valores y las aspiraciones de paz y desarrollo de las personas de su nación. Por ello, la definición correcta y oportuna de los intereses del país en el escenario mundial, junto con la instrumentación de una estrategia coherente para alcanzar los objetivos marcados, constituyen una de las tareas más complejas y, a la vez, una de las más altas responsabilidades del Estado.[2]

La política exterior de un país debe tener puntos en común, entre los que se pueden mencionar los siguientes:

De esta manera, el conjunto de normas internacionales, acordadas mediante el ejercicio de la soberanía, es parte integrante de la legislación interna de los Estados.

La política exterior está íntimamente ligada con la política interna de cada Estado y con las decisiones que sus gobernantes tomen para el bienestar general de sus habitantes, influidos por factores históricos, geográficos, etc. que les hacen mantener una política estable que no perjudique a los suyos y que al mismo tiempo gocen de los beneficios que el ámbito internacional ofrece, manteniendo así relaciones pacíficas con los demás sujetos internacionales.[3]

La política exterior de un país es instrumental para alcanzar ciertos objetivos nacionales, lo que implica que deberá caracterizarse por su adecuada flexibilidad y mantenerse en evolución al desarrollo del sistema internacional para poder servir eficazmente a los intereses de su nación.

El proceso de toma de decisiones en política exterior implica las fases siguientes:

El análisis de la política exterior implica el estudio de cómo el Estado hace político y de su comportamiento externo, mediante la identificación de categorías[4]​Desde esta perspectiva el Estado es considerado como el actor principal y básico de las relaciones internacionales. Aun así, dada la cantidad y diversidad de los actores que interactúan en el sistema internacional en la actualidad, este análisis no puede excluir aquellas acciones que están dirigidas a otro tipo de actores. El papel de los Estados en los organismos internacionales, la relación con las Organizaciones No Gubernamentales y las acciones contra el crimen organizado o los grupos terroristas, por ejemplo, también forman parte de la agenda y construcción de la política exterior de los Estados.

Debido a que el análisis de la política exterior implica tanto el estudio de la política internacional como de los asuntos domésticos, la disciplina académica se localiza e incide en la intersección entre la teoría de las relaciones internacionales y la política pública. La política exterior se nutre de disciplinas como el estudio de la diplomacia, de la guerra (o del conflicto), de las organizaciones a, y de las sanciones económicas, cada una de las cuales cobran una importancia capital por la cual el Estado puede llevar a cabo su política exterior.

Académicamente hablando, el análisis de la política exterior se encuentra más comúnmente estudiado dentro de la ciencia política y las relaciones internacionales.

El modelo de actor racional se basa en la teoría de la elección racional. El modelo considera al Estado la unidad primaria del análisis, y a las relaciones interestatales (o relaciones internacionales) como el contexto para su análisis. El Estado se ve como un actor unitario monolítico, capaz de tomar decisiones racionales para posicionarse preferentemente y a maximizar su valor.

Según el modelo de actor racional, el Estado usa el proceso de toma de decisión racional, un proceso que incluye:

El modelo de actor racional ha sido susceptible de críticas. Así, Michael Clarke apunta que "el modelo tiende a descuidar una gama de variables políticas, que incluirían: las decisiones políticas, las decisiones no-políticas, los procedimientos burocráticos, la continuación de políticas previas, y del gran accidente".[5]

Lloyd, J. Explaining Foreign Policy. Recuperado el 12 de 10 de 2018, de https://www.erudit.org/fr/revues/ei/1983-v14-n2-ei3013/701523ar/

“Política exterior para un mundo nuevo” CIDAC Centro de investigación para el desarrollo, A.C. Ed. Diana. Pág. 128 y 129

Roja, E. Política Exterior. Academia.edu. Recuperado el 12 de 10 de 2018, de https://www.academia.edu/4358156/RELACIONES_INTERNACIONALES_POLITICA_EXTERIOR_POL%C3%8DTICA_EXTERIOR_POR_ROJAS_HERRERA_EVA_LUZ_Introducci%C3%B3n Página 9-11


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