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Primicia



Primicia (más comúnmente usado en plural, Primicias) es la ofrenda que, en el origen de la formación de las religiones o actos espirituales y creencias de los pueblos primitivos, se daba a las divinidades con ocasión de las cosechas, el nacimiento de las crías del ganado o la caza al tiempo de iniciarse estas. De ahí el término primicia, como fruto primero de cualquier actividad, o incluso su ampliación de sentido a la primera noticia que se tiene de un suceso (véase Exclusiva).[1]

El objeto de entregar lo primero de que se dispone era que la ofrenda satisficiese a la divinidad, hasta el punto de que en muchas creencias religiosas no es hasta después de haber realizado el ofrecimiento que el hombre puede disponer libremente del resto de los bienes o frutos que obtenga. Las primicias eran, generalmente, actos propios de la comunidad y el ofrecimiento se realizaban por toda ella con ritos que fueron distintos según culturas y, también, según lo elaborado de su civilización. Se esperaba con la ofrenda dos cosas: que la divinidad consintiera en entregar el resto de los bienes a los hombres y que, al mismo tiempo, los colmase de abundancia.

En el cristianismo, la primicia pasó a ser parte voluntaria que se ofrecía a Dios, la primera entre todas y, con el tiempo, al inicio de la Edad Media, como un tributo obligatorio que constituía un auténtico impuesto incorporado a los beneficios eclesiásticos, como el diezmo, siendo una figura de recaudación fundamental en la Iglesia católica hasta bien entrado el siglo XIX.



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