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Segunda revolución comunera de Paraguay



La Segunda revolución comunera del Paraguay fue un movimiento de encomenderos en Paraguay, que tomó el término comunero a ejemplo de las Comunidades de Castilla, en lo que podría considerarse el camino a la Independencia.

A comienzos del siglo XVII el fraile franciscano Luis de Bolaños fundó 7 pueblos en los territorios comprendidos entre los ríos Paraguay y Uruguay. Bajo la dirección de los padres de la Compañía de Jesús y con un trabajo suave de los indios se alcanzó un bienestar social y económico en poco tiempo. Sin embargo, la burguesía mercantil de Asunción estaba descontenta y hostigaba a la Compañía de Jesús, por considerar que las reducciones ocupaban la mejor parte del suelo paraguayo y que impedían que explotaran a los indígenas, usándolos como mano de obra barata.

En 1717, estos encomenderos sintiéndose resentidos por la competencia en la explotación de los indígenas y demás recursos, por parte de la Compañía de Jesús y del nuevo gobernador Diego de los Reyes Balmaceda, iniciaron un pleito en su contra. Cuatro años más tarde la Audiencia de Charcas envió al juez de indios José de Antequera, quien procesó y destituyó a Reyes. Este pudo huir y trató de recuperar el cargo.

Las denuncias formuladas por los vecinos de Asunción contra el gobernador Reyes de Balmaceda eran:

Las acusaciones contra Reyes Balmaceda buscaban defender los intereses económicos de los propietarios de tierras y encomiendas, regidores del cabildo, comerciantes e ilustrados criollos de la provincia, contra la agobiante competencia en la explotación de los indígenas y los recursos, ejercida por la Provincia Jesuítica del Paraguay.

La guerra desatada contra los payaguá en sus tolderías, era un escarmiento por los constantes ataques y pillajes, que estos cometían en el tráfico fluvial, causando víctimas y pérdidas comerciales. A este pueblo se lo denominaba piratas del río Paraguay.

Probablemente, lo que más molestó a los colonos fue la entrega de los prisioneros payaguá a los jesuitas, en vez de entregárselos a ellos para aumentar sus encomiendas. Pero como el gobernador no gozaba de la simpatía de los vecinos, aprovechó la ocasión para vengarse de algunos de ellos, y así desató una más de las contiendas acaecidas en América en la primera mitad del siglo XVIII.

En 1721, ante la desobediencia de Balmaceda a las órdenes de García Miranda, la Audiencia de Charcas envió a José de Antequera y Castro como «juez pesquisidor», para investigar las denuncias. Como resultado de la investigación, Antequera y Castro separó a Reyes de Balmaceda por ser acusado y culpable de la revolución comunera.

En 1724, Antequera organizó un ejército para enfrentar a las tropas enviadas contra él, a las que venció. Pero unos meses después, un ejército más poderoso, organizado en las misiones por el gobernador del Río de la Plata, Bruno Mauricio de Zabala, lo obligó a huir a Córdoba, ante la imposibilidad de ofrecer resistencia. Zabala entró en Asunción y nombró gobernador del Paraguay a [[Martín de Barúa

Antequera permaneció un tiempo en Córdoba, y luego se presentó ante la Audiencia de Charcas para pedir protección, pero fue hecho prisionero y enviado a Lima, donde se inició un proceso por su actuación en el Paraguay.

Estando en la cárcel, conoció al abogado Fernando de Mompox y Zayas, a quien convenció de sus ideales e intereses. Mompox escapó en 1730 y se dirigió al Paraguay donde se unió a los comuneros, al frente de los cuales luchó por imponer el “poder común”. Fue apresado en 1731 y enviado a Buenos Aires primero y luego a Lima, aunque desde Cuyo logró fugarse al Brasil.

Antequera y Juan de Mena fueron condenados a muerte y ejecutados en 1731. Cuando esta noticia fue conocida en Asunción, los comuneros se alzaron nuevamente y en un encuentro en 1733 en Guayaibity (Pirayú) fue muerto el Gobernador del Paraguay Manuel Agustín de Ruiloba. Desde Buenos Aires tuvo que venir por segunda vez Bruno Mauricio de Zabala, quien venció a los Comuneros en Tavapy en 1735.

Bruno Mauricio de Zabala dispuso medidas extremas contra la provincia, entre ellas:

Los trágicos resultados de la Revolución comunera del siglo XVIII se proyectaron por muchos años. A las drásticas medidas dictadas por Bruno Mauricio de Zabala se sumó en 1739, el mandato de la Audiencia de Charcas de restaurar el Puerto Preciso de Santa Fe, con lo que las embarcaciones paraguayas eran obligadas a desembarcar a mitad de camino y los comerciantes eran agobiados con altos impuestos y obligados a transportar las mercaderías en carretas desde Santa Fe hasta Buenos Aires.

En octubre de 1776 Carlos III ordenó la creación del Virreinato del Río de la Plata, que comprendía los territorios de Buenos Aires, Paraguay, Tucumán, Potosí, Santa Cruz de la Sierra, Charcas y Cuyo, con la finalidad de dividir el Virreinato del Perú y facilitar la gobernabilidad del Imperio.



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