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Septina



Las septinas (del inglés "septins"), consideradas el cuarto componente del citoesqueleto,[1]​ fueron descritas en levaduras gemantes de Saccharomyces cerevisiae como filamentos en el cuello de la levadura madre, estas observaciones fueron realizadas durante estudios de control genético del ciclo de división celular.[2]​ Proteínas con secuencias homólogas han sido identificadas en células eucariotas desde levaduras hasta animales incluyendo al hombre, pero no han sido descritas en plantas.[3]​ En bacterias, las paraseptinas son proteínas relacionadas con las septinas, estas últimas se especula que fueron adquiridas por las células eucariotas por transferencia lateral de bacterias.[4]​ El número de genes que codifican para septinas varía ampliamente entre los diferentes organismos, por ejemplo para Caenorhabditis elegans se conocen 2, en Encephalitozoon cuniculi 3, en Drosophila melanogaster 5, S. cerevisiae 7, Homo sapiens 14 y en Danio rerio (Pez cebra) 17.[3]

Las septinas son un grupo de proteínas que contienen una región conservada de unión a GTP, además todas estas proteínas pueden formar complejos heteroméricos, los cuales se asocian con un alto grado de orden estructural. Por ejemplo, filamentos, anillos y horquillas en forma de reloj de arena[5]​ los cuales se localizan en el sitio de división de la membrana plasmática, en los anillos de los espermatozoides y en la base de los cilios y dendritas. Las septinas también pueden asociarse con los filamentos de actina, microtúbulos y con fosfolípidos de la membrana.[1]​ Sin embargo, al igual que los filamentos intermedios, las septinas no presentan polaridad. Aunque se cree que no contribuyen en la generación de fuerza contráctil, se tiene evidencia de su participación en diferentes procesos celulares como la citogénesis, ciliogénesis, neurogénesis, migración celular, mitosis, crecimiento y polarización de las células. Las septinas actúan como andamio y participan en el reclutamiento y organización de proteínas, actuando como barrera de difusión para separar distintos dominios en las membranas[1]​1, evitando la difusión de factores de la citocinesis, proteínas y RNAs ente la célula madre e hija.[5]

El mal funcionamiento de estas proteínas está relacionado con enfermedades neurodegenerativas (Alzheimer y Parkinson), cáncer (colon, oral, leucemias) e infertilidad masculina;[1]​ por lo cual es importante el estudio de estas proteínas como componentes del citoesqueleto.



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