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Sibila



La sibila es un personaje de la mitología griega y romana. Se trata de una profetisa, inspirada en ocasiones por Apolo,[1]​ capaz de conocer el futuro.

Según algunas tradiciones, hubo una joven hija del troyano Dárdano y de Neso[2]​ (hija del gobernador Teucro) que estaba dotada del don de la profecía y tenía una gran reputación como adivina. Esta joven se llamaba Sibila y por eso desde entonces vienen llamándose así a todas las mujeres que ejercieron esa capacidad de profetizar.

La más importante de todas en la mitología romana era la sibila cumana. Otras tradiciones afirman que su padre fue Zeus, fruto de su relación con una hija de Poseidón llamada Lamia, por lo que su don es de origen divino. También hay tradiciones que citan a Herófila como hija de Zeus.[3]

Las sibilas tenían su vivienda en las grutas o cerca de corrientes de agua.[4]​ Las profecías eran manifestadas siempre en estado de trance y expresadas en hexámetros griegos[5]​ que se transmitían por escrito.

El mito de la sibila nació en Asia Menor y de allí pasó a Grecia y después a Roma. Los Padres de la Iglesia, en el cristianismo, adoptaron las sibilas de la Antigüedad clásica dándoles el cometido de profetisas al igual que los profetas bíblicos. Los cristianos fueron advertidos de la existencia de estas sibilas que misteriosamente habían anunciado la llegada del Salvador.[6]

La iconografía cristiana a través del arte representó a las sibilas durante toda la Edad Media y durante los siglos siguientes, siendo el gran apogeo en el Renacimiento. En la Edad Media se las representaba como simbolismo del mesianismo de Jesús. En el siglo xiii la sibila Eritrea aparece en el Dies Irae de Tomás de Celano anunciando el fin del mundo.

En el siglo xv a veces se la confunde con la Anunciación.[6]

También es frecuente ver a las sibilas en grupo, mezcladas con los profetas o emparejadas con filósofos de la Antigüedad como puede apreciarse en un manuscrito de Raban Maur (siglo xi que se encuentra en Monasterio de Montecassino.[6]​ En la época renacentista son abundantes las representaciones de sibilas. Los grandes pintores como Rafael (iglesia de Santa María de la Pace en Roma) y Miguel Ángel (Bóveda de la Capilla Sixtina del Vaticano) así lo demostraron en sus obras.[7]​ Miguel Ángel pintó en esta bóveda, intercaladas con cinco profetas, las cinco sibilas[8]​ más representativas en su época, que son:

Sibila délfica

Sibila eritrea

Sibila libia

Sibila pérsica

Los primeros escritores griegos solo hablan de una sibila. Se cree que se refieren a la sibila llamada Herófila, quien profetizó la guerra de Troya.[14]​ Más tarde fueron surgiendo otras, siempre con su nombre de procedencia. Una lista realizada por Varrón recogida en una obra de Lactancio, llega hasta diez:[15]

Heráclito (Siglo V a. C.) es el primer autor griego del que tengamos referencias que hable de la sibila y solo menciona a una.[17]​ Igualmente Platón habla de solo una sibila.[18]​ Con el tiempo el número se incrementa a tres, diez y hasta doce. En todos los casos, más que por su nombre, que no poseían, se conocían por el gentilicio del paraje donde moraban.[19]

El dramaturgo Pedro Calderón de la Barca escribió dos obras teatrales que tenían como protagonista central a la Sibila. Se trata de la comedia La sibila del Oriente y del auto sacramental El árbol del mejor fruto, siendo ambos textos dos versiones teatralses del mismo tema con buena parte del texto en común. El argumento central gira alrededor de la construcción del mítico Templo de Salomón. Una visionaria Reina de Sabá visualiza un árbol mágico, mezcla de ciprés, palma y cedro, nacido de las semillas del Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal, que será el que se habrá de utilizar para la construcción del templo, pero también aquel en el será crucificado Jesucristo.[20]




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