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Soñar no cuesta nada (película de 2006)



Soñar no cuesta nada es una coproducción colombo-argentina producida por CMO Producciones, dirigida por Rodrigo Triana y estrenada en agosto de 2006. Basada en hechos reales, fue la película que registró la taquilla más alta durante el 2006 en Colombia (1.198.172 espectadores), fue nominada en la categoría de Premio Goya a la mejor película extranjera de habla hispana de 2007 y galardonada con el premio del público en la versión número 23 del Chicago Latino Film Festival.[1]​ Debido al éxito comercial alcanzado por la cinta, la productora Clara María Ochoa realizó una secuela presentada como serie de televisión titulada Regreso a la Guaca emitida por el Canal RCN en 2009.

La película está basada en hechos reales ocurridos en abril de 2003. Herlinda viaja hacia una vereda remota siguiendo las instrucciones de su pareja, Helmer Porras. Mientras ella completa su viaje la película se centra en la historia de Porras, Venegas, Lloreda y Perlaza, pertenecientes a un grupo de soldados del ejército nacional de Colombia denominado Destroyer. Los cuatro soldados asisiten a un prostíbulo. Allí, Perlaza inicia una pelea por el brasier de Dayana una prostituta de la que está enamorado.

Días después, el grupo Destroyer se encuentra en la selva cumpliendo la misión de combatir a una cuadrilla de la guerrilla de las FARC-EP en el departamento amazónico de Caquetá que tiene en su poder a unos ciudadanos norteamericanos. Tras repeler al enemigo encuentran una caleta con millones de dólares que pertenecen al grupo insurgente. El grupo Destroyer se reparte el dinero. El único que se niega a aceptar su parte, alegando que apoderarse de la caleta es ilegal es el soldado Porras.

Mientras esperan ser extraídos de la zona de combate, algunos de los soldados se dedican a apostar altas sumas de dinero. Tras unos días de espera el soldado Venegas, deseperado ante las negativas de extracción se dispara en una pierna, dando así una excusa al grupo para solicitar una evacuación. Venegas es evacuado en helicóptero mientras el resto del grupo tiene que hacer el viaje a pie.

De camino a una base militar, Destroyer se detiene en una tienda para alimentarse y pagan a la dueña un buen dinero por los víveres. Una vez en la base, el grupo es requisado. Porras se ofrece voluntario para ser el primero en ser revisado. Mientras la requisa a Porras se realiza, una llamada de un superior que necesita la presencia de estos soldados en otro punto de operaciones los salva de un cateo exhaustivo.

Venegas y el resto del grupo Destroyer se reúnen en las barrcas y luego son enviados en avión a otro sitio. En medio del vuelo, el soldado Lloreda descubre que le han robado su parte del dinero y amenaza con activar una granda. Los otros lo detienen, pero el incidente es reportado y Lloreda es interrogado por una superior. Los demás soldados reúnen dinero suficiente para compensar a Lloreda y así mantener el secreto.

Durante un permiso, los soldados Porras, Lloreda, Venegas y Perlaza se dedican a comprar ropa y asisten a un restaurante caro. Al final del día regresan al prostíbulo donde Dayana trabaja. Perlaza le propone matrimonio a Dayana y le muestra todo el dinero en efectivo que tiene ahora. A la mañana siguiente Perlaza descubre que Dayana huyó con el dinero. Perlaza es detenido por otros militares alertados aparentemente por Dayana.

Lloreda regresa la base militar en una camioneta nueva, cosa que levanta las sospechas de sus superiores que lo detienen e interrogan. Mientras, Venegas esconde su parte del dinero en el interior de un televisor y lo envía por correo para su familia. Es detenido en la calle y llevado a la base.

Todos los soldados del grupo son detenidos. Porras es el único que logra escapar y envía una carta a Herlinda con instrucciones para encontrar el dinero que logró ocultar, a pesar de su reticencia. Herlinda logra encontrar el dinero cerca de la tienda en la que Destroyer se había detenido de camino a la base tras la evacuación de Venegas.

Los soldados del grupo real que encontró la caleta de los guerrilleros fue descubierto debido a que se dedicaron a derrochar el dinero encontrado en lujosos coches, ropa, restaurantes y burdeles. Las sospechas que levantaron estos comportamientos llevaron al inicio de una investigación por la cual terminarán siendo juzgados.[2][3][4][5][6][7][8][9]

Una guaca (tesoro escondido) fue hallada por 129 soldados 15 suboficiales y 3 oficiales pertenecientes a las compañías Buitre y Demoledor del ejército nacional de Colombia en la selva del sur del país en mayo de 2003, se cree que la suma asciende a 16'750.000 dólares representados en billetes de esa moneda y pesos colombianos. El dinero se encontraba enterrado en bidones en las selvas de San Vicente del Caguán (Caquetá). Los soldados acordaron apropiarse del dinero y se dispusieron a derrocharlo en lujosos almacenes restaurantes y burdeles de la ciudad de Popayán, hecho que levantó sospechas que llevarían a una investigación penal en la cual los soldados serían condenados. Los soldados se gastaron unos 500 millones de pesos. Otros 1.380 millones fueron devueltos.

Informe del diario colombiano El Tiempo y el sitio web eltiempo.com en la edición del 10 de agosto de 2006.

126 soldados. Recibieron penas de entre tres años y cuatro meses, y siete años. Los que obtuvieron la condena más baja fueron quienes admitieron su culpabilidad, confesaron y además devolvieron dinero a las autoridades.

Los demás no entregaron ningún recurso y siempre se mantuvieron en la posición de que son inocentes. Se estima que tres de ellos, que ya llevan un año detenidos y que obtuvieron las penas más bajas, podrían salir en seis meses.

15 suboficiales. De este grupo, 12 fueron condenados a unos nueve años de prisión, en tanto que los demás deberán pagar cuatro años. A los más beneficiados se les tuvo en cuenta la colaboración con la justicia.

3 tenientes. El juez condenó a 10 años de prisión a los tenientes Jorge Sanabria Acevedo y Fernando Mojica Calderón, que están prófugos. El subteniente Iván Mauricio Roa fue condenado a nueve años de cárcel pero el juez le redujo la pena a cuatro años y seis meses por colaboración y la devolución de 574 millones de pesos. Roa también permanece prófugo.




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