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Teatro Principal (Barcelona)



El Teatro Principal de Barcelona, antiguo Teatro de la Santa Cruz (Teatre de la Santa Creu, en catalán), es el teatro más antiguo de la ciudad y uno de los más antiguos de toda España.

El teatro se fundó por una donación de un terreno y unas casas en la Rambla de Barcelona, realizada por Joan Bosch a favor del Hospital de la Santa Cruz, entonces el más importante hospital de la ciudad, para que edificara en él un teatro; con los beneficios de las representaciones, el hospital podía sufragar parte de sus gastos. Por otra parte, para que estos beneficios fueran mayores, el teatro naciente tendría la exclusiva de las representaciones teatrales en la ciudad. Esto le fue concedido por privilegios extendidos por Felipe II en 1568 y 1587. Estaba regido por una junta de canónigos que lo arrendaba al empresario que ofrecía las mejores condiciones.

Las obras empezaron en 1597 y acabaron en 1603: desde entonces e ininterrumpidamente, el lugar ha sido ocupado por un teatro y la plaza situada delante ha sido conocida como Pla de las Comèdies ('Llano de las Comedias') y, actualmente, como Plaça del Teatre. El edificio original tendría la estructura de un corral de comedias, de madera, y fue reconstruido varias veces; en 1728–1729 se amplió y el edificio se edificó en piedra. El 27 de octubre de 1787 sufrió un incendio que lo destruyó por completo. Reconstruido gracias a las donaciones de nobles como el Marqués de Ciutadilla y el Conde de El Asalto, el nuevo teatro, más suntuoso, fue inaugurado el 4 de noviembre de 1788.

Durante el siglo XVIII acogió espectáculos de ópera, preferentemente italiana: desde 1750, además de la temporada de teatro, también se programaba una temporada anual de ópera, con una compañía dedicada exclusivamente a ello. Desde finales del XVIII se introdujeron conciertos vocales e instrumentales. En el siglo XIX se popularizaron las comedias de magia y la zarzuela; la ópera se mantenía, en competencia, desde 1837, con el Gran Teatro del Liceo, que se mantuvo hasta final de siglo. La comedia de Pitarra Liceístas y cruzados satiriza los enfrentamientos entre los partidarios de los dos teatros.

Conocido como Corral de Comèdies y luego como Cases de l'Òpera ('Casas de la Ópera'), fue llamado Teatre de la Santa Creu. En 1840 recibió el nombre de Teatro Principal, que ha mantenido. La reforma y cambio de nombre se debió a que se estaba edificando en la ciudad —y fue inaugurado en 1847— un nuevo teatro, el Gran Teatro del Liceo, que sería, durante decenios, el rival del antiguo teatro, contratando grandes artistas y programando nuevas óperas. En 1847 fue reformado y su fachada adoptó la estructura que aún se conserva.

En el último cuarto del siglo XIX empezó su decadencia. Una campaña popular impidió que fuera derribado en 1889. A principios del siglo XX continuó su declive, coincidiendo con el paso de la propiedad del hospital a manos particulares. Abandonó su dedicación a la ópera y tuvo un papel importante en la renovación del teatro en catalán. Un nuevo incendio en 1915, el 4 de noviembre, marcó el principio del fin; reconstruido, ya no volvió nunca a tener el prestigio precedente; cambió su nombre por el de Teatro Principal Palace. En 1924 y 1933 (18 de septiembre) padeció dos incendios, el último de los cuales destruyó por completo el interior. En la reforma, se abandonó la estructura a la italiana y se construyó una sala moderna, con platea y un único piso superior que llegaba a cubrir media platea, mejorando la visibilidad general. El 1 de junio de 1934 volvió a abrir con la revista Las mujeres del zodíaco.

Posteriormente la sala, reformada, se dedicó al cine, las variedades y el género ínfimo, y una parte del edificio alojó un frontón. En una planta superior se instaló un cabaret. Hacia los años ochenta y noventa del siglo XX empezó a acoger esporádicamente conciertos, recitales e incluso espectáculos teatrales y operísticos (en 1998–1999 se representaron cuatro óperas traducidas al catalán). Se barajó la posibilidad de restaurarlo como sala para espectáculos operísticos de formato reducido, dependiendo del Gran Teatro del Liceo, y fue durante un tiempo local de ensayos de la orquesta y coro del Gran Teatro del Liceo. En enero de 2006 cerró de nuevo sus puertas como teatro.

De 1872 a 1906, en el local de la planta superior se instaló la sede del Ateneo Barcelonés.

Antiguos grabados muestran la fachada del siglo XVIII: plana y con dos cuerpos, con tres arcos semicirculares y columnas jónicas pareadas flanqueándolos en el inferior, y pilastras jónicas y ventanas con frontones en el segundo (mayor la central), con barandilla sobre el arquitrabe del primer cuerpo. Remataba la fachada un frontón semicircular en centro, y balaustrada con jarrones a los lados. En 1847 se añadió un balcón a la fachada y decoración con piezas de terracota: bustos de actores y personajes en el cuerpo bajo (algunos se conservan aún) y bajorrelieves con figuras aladas en el superior, ya desaparecidos. La fachada adoptó una forma convexa en su parte central. En los incendios y sucesivas reformas del siglo XX, estos elementos desaparecieron en su mayoría, manteniéndose la forma curvada de la fachada y las aberturas de puertas y ventanas.

El escenario alternó las representaciones de teatro, en castellano y catalán, con las de ópera, que fueron las que le dieron más prestigio y éxitos de público.

El empresario había de programar una temporada teatral que iba de Pascua a la cuaresma del año siguiente. Desde 1750 se mantenían dos compañías estables: una de ópera italiana y otra de comedia (teatro de texto). En algunas épocas se añadió una tercera compañía, generalmente italiana, de baile. Los actores de ópera y baile eran generalmente contratados en Italia; los de teatro, a menudo, provenían de Madrid.

Desde 1797 se introdujo la costumbre de celebrar conciertos vocales e instrumentales para evitar el cierre durante la Cuaresma. También se celebraban espectáculos de circo, exhibiciones gimnásticas, juegos de manos, variedades, etc.

A partir del siglo XVIII el Teatre de la Santa Creu se renovó, favorecido por la llegada de los Bibiena, traídos por el archiduque Carlos de Austria, entonces Conde de Barcelona y pretendiente al trono de España, que ubicó la corte real en Barcelona. La derrota de los austracistas rompió el intento de conexión con los teatros europeos. Gracias al comercio con Génova y Nápoles, se intensificaron los lazos con Italia y la influencia del teatro y la música italianas.

En el siglo XIX empezaron a estrenarse sainetes y comedias costumbristas de autores como Francesc Renard, Josep Arrau i Estrada, Manuel Andreu Igual, Ignasi Plana, etc. Hacia 1820 se estrenaron las comedias de Josep Robrenyo, que alcanzaron gran popularidad. El uso de la tramoya, introducida por el occitano Juan de Grimaldi, popularizó las comedias de magia. La nueva generación de autores de sainetes está representada por Josep Bernat i Baldoví.

Alrededor de 1860, se da el auge de los autores en catalán: Frederic Soler, Eduardo Vidal Valenciano y Conrad Roure, que evolucionan desde el sainete al drama romántico, burgués e historicista. En 1865, Eduardp Vidal Valenciano, estrena su primer drama en catalán, Tal faràs, tal trobaràs. Como homenaje a esta generación de autores, en la plaza que hay delante del teatro, en La Rambla, se levantó un monumento a su representante más conocido: Frederic Soler, conocido como «Serafí Pitarra».

En 1906 se instaló en el teatro una compañía innovadora: Espectacles i Audicions Graner. Ofrecían espectáculos teatrales con abundante música, obras nuevas, en texto y música, de los mejores autores catalanes del momento: Josep Carner, Adrià Gual, Apeles Mestres, etc., en los textos, y Enric Morera, Enrique Granados, Felipe Pedrell, etc., en la música.

A partir del incendio de 1915, la decadencia del teatro se acentuó. Aun así, en su última etapa (1935) vio el estreno absoluto de Doña Rosita la soltera de Federico García Lorca, estrenado por Margarita Xirgu.

La ópera había entrado en Barcelona en 1708, con el estreno de la ópera de Antonio Caldara Il più bel nome en el salón del edificio de la Lonja. Durante los años siguientes se cantaron varias óperas italianas de Caldara, Carlo Pollarini, Francesco Gasparini, Andreas Fiore, etc. En el mismo escenario se estrenó la Dafne de Emmanuele d'Astorga. A partir de 1714, con la toma de Barcelona con que acaba la Guerra de Sucesión, se interrumpe la actividad operística en la ciudad.

En 1750 encontramos, ya en el Teatro de la Santa Cruz, una compañía de ópera italiana, organizada por Niccolò Setaro, que se estableció durante tres años. A partir de entonces, se sucedió la contratación de empresarios y compañías italianas, de manera que se podía hablar de una temporada estable de ópera, junto a la de teatro de texto.

El repertorio alternaba ópera seria y bufa, con predominio de esta última. Barbara Narici, Francesca Santarelli, Anna Bastiglia, Antonio Catena, Giuseppe Baratti fueron algunos de los primeros cantantes de ópera que cantaron en el teatro. La primera función operística de la que tenemos constancia es la del 30 de mayo de 1750, cuando se estrenó El estudiante a la moda, con música de diferentes autores (de hecho, un pasticcio). La segunda ópera estrenada fue el pasticcio Don Bertoldo, en el intermedio de la cual se dio La serva padrona de Giovanni Battista Pergolesi. La finta cameriera de Gaetano Latilla y La vedova prudente de Bertoni fueron otras óperas dadas esa temporada. Demofoonte de Baldassare Galuppi se representó en 1751, con escenografía de Francesc Tramullas. Destacan en esos años las representaciones de Merope de Niccolò Jommelli (1751), Il tracollo de Giovanni Battista Pergolesi (1754), El conde Caramelo de Baldassare Galuppi (1754), Ifigenia de Niccolò Jommelli (1755), Il trionfo di Camila de Nicola Porpora (1755), y obras de Scarlatti, Giuseppe Scolari, Giuseppe Bono, Cocchi, etc.

Se consolidó así una actividad operística que, sin contar con el apoyo oficial de una corte, ganó el aplauso del público y creó una afición en la ciudad. El teatro se convirtió, además, en la puerta de entrada a España de numerosos autores musicales: en él se dieron, por primera vez en toda España, obras de Porpora, Galuppi, Pergolesi, Cimarosa, Gluck, Mozart, Salieri, Rossini, Bellini, Donizetti, Verdi, entre otros.

En 1760 se programó Buovo d'Antona de Tommaso Traetta y Le nozze di Dorina de Galuppi, junto al primer estreno de un autor español: L'Antigono de Josep Duran. Entre otras, representaciones posteriores destacan: La buona figliuola (1761) y Il curioso dal proprio male (1762) de Niccolò Piccinni, Temistocle de Josep Duran (1762), Il filosofo di campagna de Galuppi (1770), Sesostri de Domènec Terradellas (1774), Lo sposo burlato de Piccinni (1776), La finta semplice de Paisiello (1778) y óperas de Jommelli, Scolari, Gregorio Sciroli, Brusa, Fischietti, Gennaro Asteritta, entre otros. 1780 vio el estreno en España de una obra de Christoph Willibald Gluck: Orfeo ed Euridice. La italiana in Londra de Domenico Cimarosa se representó en 1782 y, del mismo autor, en 1783, Il pittore di Parigi, estrenada en Roma el mismo año. Il barbiere di Siviglia de Paisiello se representó en 1787 (y luego en 1798). Tras el incendio de 1788, en 1791 se estrenaron las óperas de Vicente Martín Soler: L'arbore de l'Amore y Una cosa rara; del mismo, en 1795, Il burbero de buon cuore y La capricciosa corretta (1798). En 1798 se vio la primera representación en España de una ópera de Mozart: Così fan tutte. También se vieron títulos de Antonio Salieri, Giuseppe Gazzaniga, Ferdinando Paer, Valentino Fioravanti, etc.

En 1802 actuó una compañía francesa que representó óperas de François-Adrien Boïeldieu, Dalayrac, Campini, Grétry, etc. En 1808, la prohibición de que actuaran compañías y artistas extranjeros, junto a la guerra, privó al teatro de su compañía de ópera, cerrado hasta 1810. Entonces empezaron a darse obras francesas para distracción de las tropas y funcionarios franceses que ocupaban la ciudad (durante la Guerra de la Independencia, Cataluña pasó a ser una provincia de Francia, separada de España[cita requerida]): Le calife de Bagdad de Boïeldieu, Richard Coeur de Lion, Silvain y La fausse magicienne de Grétry, Oedipe à Colonne de Giovanni Sacchini y óperas y operetas de Arquier, Dezede, Gaveaux, Devienne, etc. En 1814, ya pasada la guerra, la situación volvió a la normalidad.

1815 ve la primera representación española de una obra de Rossini: La italiana en Algeri, seguida en la misma temporada por las de L'inganno felice y La cambiale del matrimonio, junto con obras de Mosca, Pavesi, Generali y Mayer. Tancredi se dio en 1817 y La cenerentola, Torvaldo e Dorliska e Il barbiere di Siviglia rossinianos en 1818–1819, La gazza ladra en 1819–1820, Il turco in Italia en 1820–1821, etc. En este período se dieron óperas de Coccia, Giovanni Pacini, Vincenzo Puccita, Guglielmi, Portogallo, Ramón Carnicer (entonces director musical del teatro), etc. En 1823 se da la primera ópera de Saverio Mercadante, Elisa e Claudio, a la que continuarán muchas otras del mismo autor en los años sucesivos. En 1825 hace su aparición Giacomo Meyerbeer con Marguerite d'Anjou. Donizetti se ve en 1828 con La ajo nell'imbarazzo. Caraffa, Persiani, Vaccai son otros autores que se representan. Vincenzo Bellini, con Bianca e Fernando, hace su aparición en 1830.

Entre los estrenos dados, destacan los de: L'elisir d'amore (1833) y Anna Bolena (1835) de Donizetti, Guillaume Tell de Rossini (1834), Norma de Bellini (1835).

La competencia con el Gran Teatro del Liceo, que empieza sus actividades en un local provisional en 1837, produce que la empresa intente programar más estrenos y contratar mejores cantantes. Lucia di Lammermoor y Roberto Devereux de Donizetti se dan en 1838; Lucrezia Borgia, del mismo, y La muette de Portici d'Auber, en 1840. En 1842 se representa la primera ópera de Verdi: Oberto, conte di San Bonifacio; en 1844, dará Nabucco; desde entonces, Verdi se convertirá en un habitual en la programación (I lombardi en 1845, etc.).

En 1850, el Teatro Principal y el Gran Teatro del Liceo pasan a manos de un único empresario: la falta de rivalidad hace que no se estrenen tantas obras nuevas: Luisa Miller de Verdi (1851), Poliuto de Donizetti (1856), Stiffelio de Verdi (1856). La juive de Halévy (1859) o Martha de Friedrich von Flotow (1860), Le caïd de Thomas (1864), Si j'étais roi de Adolphe Adam, Les diamants de la couronne de Auber (1866). Durante estos años, toma la iniciativa el Gran Teatro del Liceo y el Principal continúa con su programación operística, pero sin tantos estrenos. Aun así, en 1876 estrena en Barcelona la Aida de Verdi y el Roméo et Juliette de Gounod y en 1882 estrena la primera ópera wagneriana en la ciudad: Lohengrin, y el Hamlet de Thomas. Cantaron entonces en el teatro figuras importantes: Enrico Tamberlick, Stagno, Uetam, Adelina Patti, Angelo Masini o Julián Gayarre.

La decadencia ya era mayor: la competencia del Gran Teatro del Liceo y la de otros teatros que también ofrecían ópera —el Teatro Nuevo, el Tívoli, el Novedades, etc.— hicieron que la empresa de decantara hacia el teatro de texto. En 1906 se instaló en el teatro una compañía innovadora: Audicions Graner. Ofrecían espectáculos teatrales con abundante música, obras nuevas, en texto y música, de autores catalanes: Josep Carner, Adrià Gual, Apel·les Mestres, etc., en los textos, y Enric Morera, Enrique Granados, Felip Pedrell, etc. en la música.

Tras el incendio del 3 de noviembre de 1915, el Principal ya no volvió a ofrecer espactáculos operísticos.

Entre los músicos que dirigieron el teatro se encuentran: Antonio Tozzi, Pietro Generali, Ramón Carnicer, etc.

El Principal fue un lugar donde se representaron y oyeron por primera vez en España algunas de las grandes obras del repertorio operístico y musical, en algunos casos con poco tiempo de diferencia desde su estreno absoluto (esta fecha se da entre paréntesis). Entre ellas:



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