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Teresa Margolles



Teresa Margolles Sierra (Culiacán, Sinaloa, 1963) es una artista conceptual, fotógrafa, videógrafa y diplomada en medicina forense mexicana. Su obra artística se centra en explorar las causas sociales y consecuencias de la muerte denunciando la violencia que azota México con el objetivo de posicionar la situación de violencia en el debate público. De 1990 a 2007 trabaja en las morgues. A partir del aumento de asesinatos en 2006 empieza a trabajar en las calles recogiendo los materiales con los que trabajaba de los cadáveres que se encuentran en el espacio público. La muerte forma parte en ese momento de la vida cotidiana de las personas y tiene consecuencias directas en las familias, la comunidad y en la propia vida de las ciudades.

Margolles nació en Culiacán en Sinaloa desde hace años, cuna de capos del narcotráfico mexicano y un lugar atestado por el crimen organizado. Fue su contexto más inmediato, ha explicado en alguna de sus entrevistas. Cuenta que durante su infancia allí tropezaba constantemente con animales muertos por la calle.[1]

En especial recuerda a un caballo así como el proceso de descomposición de su cadáver. Una tarde, explica, cogió una piedra y la tiró sin dilación sobre el vientre del animal, que se abrió dejando escapar decenas de polillas. Fue el punto de arranque de su trabajo.[1]

Estudió Arte en la Dirección de Fomento a la Cultura Regional del Estado de Sinaloa (DIFOCUR), en 1990 se diplomó en Medicina Forense en el Servicio Mexicano Forense y más tarde, en 1995, estudió Ciencias de la Comunicación en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).[2][3][4]

Desde 1990 trabajó como voluntaria en una casa-post mortem en Ciudad de México donde todos los días veía cadáveres, en su mayoría anónimos, víctimas de crímenes violentos, cadáveres que, con frecuencia, desaparecen en fosas comunes.[5]​ "Primero era fotógrafa. Me llevó la fotografía y las artes visuales a entrar a la morgue y la única manera de entrar en la morgue era estudiando".[6]

La obra de Margolles es conocida en el panorama del arte contemporáneo internacional desde los años 90 por su denuncia explícita de la violencia y especialmente a partir de mediados del 2000 por su investigación sobre las profundas huellas que ésta deja en familias, comunidades y ciudades.[6]​ "Fue dentro de la morgue -explica Margolles- donde el cuerpo se convierte en un cuerpo social".[6]

En 1990 fue cofundadora del colectivo artístico Proyecto SEMEFO (siglas del Servicio Mexicano Forense) junto a Arturo Angulo Gallardo, Carlos López Orozco y Juan Luis García Zavaleta,[7]​ si bien existieron otros miembros del colectivo, cuyo número varió a lo largo de la década que se mantuvo el proyecto.[7]​ A través de diversas obras performativas e instalaciones, el proyecto SEMEFO se dedicó a la exploración de los fluidos corporales, los objetos utilizados en el proceso forense, las pertenencias de los cuerpos y los cuerpos mismos, como materia esencial para tratar la violencia social y la muerte en México. Definieron su trabajo como "una aproximación estética no tanto al tema de la muerte como al de los cadáveres en sus distintas fases, incluyendo sus implicaciones socioculturales".[8]

De este periodo es emblemática su obra Lengua una lengua de un joven punk asesinado. Teresa conoció a la madre del joven en la morgue, allí hablaron y ésta le contó que no tenía dinero para pagarle un ataúd. Teresa intercambió uno de los ataúdes que tenía -de sus antiguas intervenciones- por la lengua del «hermoso joven», como lo describiría la artista. La lengua del joven perforada por un piercing fue expuesta como una de las obras de arte más reconocidas de Margolles.[9]

La práctica artística de Margolles de manera posterior al proyecto SEMEFO, ha continuado con la exploración de estos temas, utilizando material forense y restos humanos.[10]​ Parte de su trabajo se concentra en recolectar imágenes, materiales, material orgánico y objetos que hacen referencia a las interacciones humanas, los rastros de vida, los restos y huellas que deja la violencia, y cómo se afectan las redes humanas a través de ella.[11]​ Las obras Tarjetas para picar cocaína, Autorretratos o Línea Fronteriza, son algunos de los ejemplos sobre cómo aborda y trata estos temas a lo largo de su obra.[12]

En 1994 realizó su primera exposición individual, Lavatio Corporis, en el Museo de Arte Carrillo Gil, en la que utilizó restos de fetos y cuerpos de caballos.[13]

Margolles explica cómo a partir del año 2000 se incrementa el número de asesinatos y sobre todo se produce un cambio en cómo llegan los cuerpos a las morgues de todo México.[6]

En el 2006, con la decisión por parte del estado de militarizar la guerra contra el narco, las cifras de asesinatos se disparan brutalmente y Margolles se dio cuenta de que ya no necesitaba ir a la morgue, sino que podía ir a la calle a recoger los materiales con los que trabajaba. A partir de 2007 decidió trabajar en las calles.

"En las calles el cadaver no pertenecía sólo a la ciencia, ya estaba en el común, ya la gente común en su caminar se topaba con los cuerpos (...) colgados de los puentes, o los niños cuando iban al colegio se los encontraban" explica Teresa "el cadáver que antes era una cosa privada se convierte en una cosa pública".[6]

Con estos nuevos recursos elaboró una de sus obras más famosas: ¿De qué otra cosa podríamos hablar? llevada al pabellón de México en la Bienal de Venecia en el 2009. En ella utilizó sangre derramada en la guerra contra el narcotráfico en la frontera norte de México, recuperada a través de agua caliente y telas, para trapear una vez al día el piso del palacio que albergaba la Bienal.[14][6]

En 2008 denuncia los feminicidios en Ciudad Juárez presentando Sonidos de la muerte, una instalación sonora con audios grabados en el lugar en el que el cuerpo de una mujer asesinada fue encontrado.[6]

Es el inicio de una serie de trabajos en los que denuncia los asesinatos en Ciudad Juárez.

En 2009 en la Bienal de Arte de Venecia intervino el Pabellón de Estados Unidos tapiando puertas y ventanas con telas empapadas en la sangre de personas ejecutadas en la frontera entre EE. UU. y México.[15][6]

En 2009 crea "Muro baleado" con 115 piezas de block con intervenciones de bala. La obra forma parte de la colección permanente del Museo Tamayo de Ciudad de México.[16]

En Esta finca no será demolida (2009-2013) sobre las 115.000 casas abandonadas en Ciudad Juárez en 2011 donde se han producido asesinatos. En 2010 realiza el vídeo ¿Cómo salimos? sobre la infancia en Ciudad Juárez y la dificultad de crecer en una ciudad en la que el asesinato forma parte de la vida cotidiana y los 12.000 huérfanos que quedaron.[6]​ En 2012 en la 9 Bienal de Berlín presenta una recopilación de portadas del periódico PM en Ciudad Juárez de 2010 en el que se produjeron 37.000 asesinatos en PM2010 (2012).[17]​ En otras de sus obras plantea la necesidad de reconstrucción de las personas que sufrieron violencia y de la propia ciudad.[6]

En 2016 realiza Pesquisas una instalación en pared de 30 grandes carteles refotografiados de mujeres desaparecidas[18]​ presentada también en Arco Madrid 2017.[19]

En 2017 las obras Sonidos de la muerte (2008) y Pesquisas (2016) se incluyen en la exposición "Feminicidio en México ¡Ya basta!" en el Museo Memoria y Tolerancia de la Ciudad de México.[20]

En 2017 presentó en PhotoEspaña un nuevo trabajo titulado Pistas de baile, como parte de un programa especial comisariado por Alberto García-Alix en que explora las ruinas de los lugares, aquellas pistas de baile, en los que trabajaban las transexuales de Ciudad Juárez. Se trata de una serie de fotografías reivindicativas con los derechos de la comunidad LGTB de México y, también, de denuncia de la violencia a la que está sometida. Para esta serie trabajó primero con Karla, asesinada por transexual y a quien Margolles edica la obra. Posteriormente trabajó con Sonia Vera, transexual de origen ecuatoriano y residente en Suiza desde hace dos décadas.[9]

Ha realizado numerosas exposiciones de manera individual y en grupo recibiendo distintos premios y reconocimientos a su obra entre ellos dos becas del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes para Jóvenes Creadores, un premio de Adquisición en la VII Bienal de Cuenca en Ecuador y una Mención Honorífica en la Bienal del Noroeste en Culiacán, Sinaloa.[4]

En 2012 representó a México en el Festival de Adelaida, en Australia.[4]​ También en 2012 recibió el Premio Príncipe Claus que otorga la Fundación Príncipe Claus en Países Bajos.[21]

Tiene dos obras (Bandera I y 37 cuerpos) en la colección del Tate.[22]

En 2019 recibió la Mención especial en la Bienal de Arte de Venecia donde presentó un gran muro de hormigón con concertinas en la parte superior para provocar a la gente y que se pregunte sobre las divisiones y violencia que existe en el mundo.[23][24]

Ha recibido críticas importantes respecto a sus obras:



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