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Textura del suelo



La textura del suelo se refiere a la cantidad y tamaño de las sustancias inorgánicas que posee: arena, limo y arcilla.

Una clasificación más detallada de los suelos se presenta en la tabla siguiente, la que da una primera indicación de las características de la constitución de los suelos y de la influencia que estas tienen en las propiedades de carácter agronómico de los mismos, como son la aeración del terreno, la permeabilidad, la capacidad de retención del agua, etc. Sin embargo, esta clasificación no tiene en cuenta la calidad y propiedad de determinados componentes del suelo, los cuales pueden provocar acciones determinantes sobre la dinámica del suelo mismo y sobre la relación agua suelo.

En síntesis se pueden distinguir los siguientes 5 grupos:

En los Estados Unidos, el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos define doce clasificaciones principales de la textura del suelo:[1]​ arenoso, arenoso-franco, franco-arenoso, franco, franco-limoso, limoso, franco-arcillo-arenoso, franco-arcilloso, franco-arcillo-limoso, arcillo-arenoso, arcillo-limoso y arcilloso.[2]​ Las texturas del suelo se clasifican por las fracciones de cada suelo por separado (arena, limo y arcilla) presentes en un suelo. Las clasificaciones se denominan típicamente por el tamaño de partícula del constituyente primario o una combinación de los tamaños de partículas más abundantes, p. Ej. "arcilla arenosa" o "arcilla limosa". Un cuarto término, franco, se usa para describir propiedades iguales de arena, limo y arcilla en una muestra de suelo, y se presta a nombrar aún más clasificaciones, p. Ej. "franco arcilloso" o "franco limoso".

La determinación de la textura del suelo a menudo se realiza con el uso de un diagrama ternario triangular de textura del suelo.[2]​ Un ejemplo de un triángulo de suelo se encuentra en el lado derecho de la página. Un lado del triángulo representa el porcentaje de arena, el segundo lado representa el porcentaje de arcilla y el tercero representa el porcentaje de limo. Si se conocen los porcentajes de arena, arcilla y limo en la muestra de suelo, entonces se puede usar el triángulo para determinar la clasificación de la textura del suelo.

El esqueleto y la arena, representan la parte inerte del suelo y tienen por lo tanto solamente funciones mecánicas, constituyen el armazón interno sobre las cuales se apoyan las otras fracciones finas del suelo, facilitando la circulación del agua y del aire.

El limo participa solo en forma limitada en la actividad química del suelo, con las partículas de diámetro inferior, mientras que su influencia en la relación agua – suelo no es insignificante, y se incrementa con el aumento de las diámetros menores de este.

La arcilla comprende toda la parte coloidal mineral del suelo, y representa la fracción más activa, tanto desde el punto de vista físico como del químico, participando en el intercambio iónico, y reaccionando en forma más o menos evidente a la presencia del agua, según su naturaleza. Por ejemplo las arcillas del grupo de las caolinitas tienen una capacidad de intercambio iónico bastante reducida, y se hinchan poco en presencia del agua, mientras que las arcillas pertenecientes a otros grupos tienen una elevada capacidad de intercambio iónico y elevada capacidad hidratante.

Las propiedades químicas y físicas de un suelo están relacionadas con su textura. El tamaño y la distribución de las partículas afectarán a la capacidad del suelo para retener el agua y los nutrientes. Los suelos de textura fina, generalmente tienen una mayor capacidad de retención de agua, mientras que los suelos arenosos contienen grandes espacios porosos que permiten la lixiviación.

La textura del suelo tiene, a su vez, un aspecto fundamental en otros aspectos físicos del suelo: la superficie activa y la porosidad.[3]

La superficie activa de una partícula se define como el total de superficie de las partículas que lo componen por unidad de volumen (m2/m3) o por unidad de masa (m2/g), por lo que a menor tamaño de partículas, mayor será su superficie específica. También depende de la forma de estas partículas. La superficie activa de un suelo tiene un papel fundamental porque todas las reacciones químicas tienen lugar en la superficie del suelo. La cantidad de agua y de nutrientes que el suelo puede retener son directamente proporcionales a la superficie activa. Las arcillas, al ser laminadas, se caracterizan por presentar una elevada superficie activa. Algunas, como la montmorillonita, presenta superficie activa interna además de externa.

La porosidad, representada por el volumen de espacios vacíos del suelo, también depende del tamaño de partícula, y se expresa como porcentaje del volumen total del suelo. La porosidad puede dividirse en dos subcategorías: macroporosidad (diámetros de partícula medio de más de 8 micras) y, que fundamentalmente contiene la atmósfera del suelo; y microporosidad (diámetros de partícula medio de menos de 8 micras) que son los que tienden a retener el agua y los nutrientes. Cuando los tamaños de partícula son grandes, el número de poros es menor y de mayor tamaño que cuando las partículas son pequeñas.



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