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Aguarón



Aguarón es un municipio español, en el Campo de Cariñena, provincia de Zaragoza, Aragón. Según el INE, en el año 2018 contaba con una población de 631 habitantes.[2]​ Muestra como fondo el paisaje de la Sierra de Algairén.

Iglesia de San Miguel Arcángel

Ayuntamiento

El día de San Blas (3 de febrero) se celebra la fiesta de quintos que tiene su origen en la celebración del sorteo para ir a la mili. Los quintos se colocaban en el balcón del ayuntamiento, el secretario leía a viva voz la papeleta con el nombre del quinto y el número que le había tocado. El quinto que sacaba el número más alto, se libraba del servicio militar, y los que sacaban los números más bajos iban fuera de la península.

Es una de las tradiciones más bonitas de Aguarón, no solo se ha conservado, sino que se ha popularizado siendo cada año un éxito en participación.

Ya no se diferencia entre hombres y mujeres, "los quintos" se visten con ropas tradicionales con sombrero de fieltro y vara recta con abrazadera de cuero o piel y cintas de colores. Se apareja una burra con albarda, serón de esparto y arreos brillantes. En el centro y a lo alto de la albarda, en un panel ponen un roscón grande que dice: Viva la Quinta del Año xx.

Antiguamente era una fiesta donde los quintos recorrían la localidad pidiendo alimentos (pollos, embutidos, tortas, vino, etc.). Comenzaba a la salida de la iglesia después de la bendición de los "rollos"; la comitiva recorría la ciudad cantando coplas y en las casas de los quintos se ofrecía a los acompañantes pastas y vino. Posteriormente las madres de los quintos con la comida recogida realizaban una comida para los quintos y sus familias. La comida se celebraba normalmente en "El Santo" y al quinto que se libraba lo ataban a una de las puertas de forja y lo dejaban sin comer.

Actualmente han variado algunas cosas: los quintos ya no llenan el serón de alimentos, aunque se ha mantenido la tradición del borrico, después de salir de misa primero se va al Ayuntamiento, luego a las tiendas y establecimientos de la localidad, después en casa de cada quinto se ofrece chocolate, moscatel, pastas y, conforme avanza la mañana, todo tipo de tapas y aperitivos fríos y calientes (eso sí acompañadas de un excelente vino de Aguarón). Las familias de los quintos se esfuerzan en agasajar a los vecinos y visitantes.

Se conserva la tradición del sombrero, y los quintos lucen bonitos pañuelos al cuello y van con su vara vestida con cintas de colores muy vistosas. También se adorna una burra como antiguamente, aunque el serón de esparto lo llevan por conservar la tradición; actualmente ya no se regalan alimentos, sino dinero. En el centro y a lo alto de la albarda, en un panel ponen un roscón grande que dice: Viva la Quinta del Año. Una vez terminada la ronda por las casas de los quintos, los bares y las tiendas, todos los quintos y sus familiares van juntos a comer al pabellón.

El Club de Barra Aragonesa de Aguarón se crea en el año 2009 gracias a la ilusión y el entusiasmo de un grupo de amigos que deciden poner en marcha este ambicioso proyecto, al objeto de fomentar entre la juventud los deportes tradicionales aragoneses y en especial el Tiro de Barra. El club tiene la sede en Aguarón pero participan personas de pueblos cercanos y de la misma comarca que están interesados en los deportes tradicionales y es prácticamente la única opción de las cercanías para poder entrenar, compartir y competir en los torneos organizados por la Federación.

El tiro de barra puede tener orígenes romanos, concretamente en los instrumentos gimnásticos denominados Vectis (palanca de hierro terminada en cuña) y Lingulata (realizado en madera dura).

A diferencia de otros juegos tradicionales, el lanzamiento de barra ha permanecido inalterable con el paso del tiempo, según se desprende de los numerosos datos que se han conservado hasta hoy.

En Aragón el tiro de barra proviene de las barras de los mineros, de los molineros y de las tareas del campo, donde se denominaba también tiro de reja, ya que esta era una parte del arado de donde se sacaban las barras.

El tiro de barra se practica en casi todas las comarcas aragonesas desde la antigüedad. La tradición oral ha transmitido que hacia 1450 en el pueblo de Argavieso (Huesca) tuvo lugar una gran competición. Este pueblo estaba poblado de moriscos, vasallos del caballero cristiano Juan de Gurrea, a cuyo servicio estaba el moro Mahoma Osen, tan buen capataz como tirador de barra. Este tenía un gran contrincante, un tal Pitarque de Blasco, de profesión “zabacequia” o guardia de las acequias. Se organizó una tirada a “diez tandas de cinco tiros” y los vecinos se organizaron en dos bandos. Los moriscos apostaron por Mahoma Osen y los cristianos por Pitarque de Blasco.

La apuesta era de veinte sueldos jaqueses y una comida general. El notario tenía que dar fe del resultado, cobrando diez florines de oro. Los cuidadores del morisco pusieron a su disposición patas de pollo y leche de cabra. Pitarque y los suyos prefirieron velar armas con el vino viejo de La Sarda, lugar del camino entre Argavieso y Fañanás, donde tuvo lugar la tirada. No se sabe el resultado de la apuesta. Calatorao, al igual que este pueblo de Huesca, estaba poblado de moriscos y cristianos, dominando en número de habitantes los primeros, de manera que este relato es un claro ejemplo de lo que aquí pudo pasar.

El material que se usa actualmente para las competiciones es una barra de hierro de forma cónica, con la boca en forma de bisel, de 81 cm (centímetros) de largo, 3 cm de diámetro y 7,257 kg (kilogramos) de peso. Además es necesaria una tabla de madera de 10 × 10 cm y 2 m (metros) de longitud para marcar el inicio del campo de tiro, y un contrapeso de 500 g (gramos) hasta 1,5 kg para facilitar el giro y ayudar al tirador a mantener el equilibrio.

El campo de tiro se ubica al aire libre y en terreno llano. Tiene forma tronco-cónica, con una base recta donde se sitúa el tirador y un frente arqueado. Se debe marcar un campo de tiro y un pasillo de seguridad. El campo de tiro tiene 50 m (metros) de largo y 8 de amplitud máxima, y está subdividido en cuatro partes que, desde el punto de tirada, tienen 5, 10, 15 y 20 m de longitud, respectivamente. El pasillo de seguridad sigue la forma cónica del campo y representa una prolongación de 4 m de amplitud máxima hacia la parte frontal del mismo.

El lanzador cogerá la barra por su punto medio, haciendo coincidir el dedo índice con el punto medio de la misma. Se situará delante de la tabla de madera y la punta de la barra irá a tocar el contrapeso haciendo girar el cuerpo. Seguidamente se lanzará la barra lo más lejos posible, que luego ha de caer vertical o inclinada y pegar en el suelo con el extremo grueso de la barra, sin haber girado en el aire. Se compite a 8 tiros y el ganador será el que alcance la mayor distancia posible. En las tiradas hay dos jueces, uno que controla que el lanzador no separe los pies de la tabla, y el otro cuyo encargo es decir cuándo cae la barra, si el tiro es nulo o válido.



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