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Ahogo



El ahogamiento es un tipo de asfixia provocado por la inundación de las vías respiratorias.

No hay que confundirlo con el atragantamiento (asfixia por la entrada de un cuerpo extraño en las vías respiratorias). Este tipo de ahogamiento por falta de aire es debido a la obstrucción de vía aérea por cuerpo extraño (OVACE). La desobstrucción de la vía aérea en humanos se realiza mediante primeros auxilios como la maniobra de Heimlich, tras haber animado al paciente a que tosa.

El ahogamiento normalmente sucede por sumersión, cuando el cuerpo se hunde en líquido.

El ahogamiento se produce cuando un ser vivo es incapaz de respirar porque los órganos que suministran aire al cuerpo están sumergidos en un líquido. El concepto de ahogamiento puede referirse al ahogamiento ya sucedido o al que esté sucediendo en el presente. El proceso de ahogamiento puede resultar en muerte o ser interrumpido por algún tipo de auxilio.

Definición: En el Congreso Mundial sobre Ahogamiento del 2002, los expertos citados por la Federación Internacional de Salvamento desarrollaron la siguiente definición de ahogamiento: es el proceso de experimentar impedimento respiratorio por la sumersión o inmersión en un medio líquido.

Ahogamiento y semiahogamiento: En 1939 fueron introducidos los conceptos semiahogamiento y ahogamiento para estudios forenses, de los que se ha demostrado no tener fundamento, agregando equívocos a la terminología y definición. Otros han definido al ahogamiento como la muerte después de la sumersión o la muerte que ocurre después de la admisión hospitalaria, y al semiahogamiento como la supervivencia después de la sumersión.

Inmersión y Sumersión: Los conceptos técnicos de inmersión y sumersión son éstos:

En el habla coloquial en español prácticamente no tienen diferencia, y el diccionario indica que se refieren a meter alguna cosa en líquido.[1][2]

Atragantamiento y ahogamiento: Puede haber en español alguna confusión entre el atragantamiento y el ahogamiento. Ambas palabras se refieren a una asfixia, pero, cuando la provoca un objeto que se atasca, la palabra correcta es atragantamiento,[3][4]​ y no ahogamiento,[5]​ que se refiere, entre otras cosas, a "sumergir algo en el agua".[6]

El error de tomar una palabra en lugar de la otra aparece a veces en las traducciones al español de guías de primeros auxilios escritas en inglés (donde las palabras son choking y drowning). En el caso de esas guías, es importante que sean bien traducidas al español, porque los primeros auxilios para el atragantamiento (desatascar un objeto) son distintos de los primeros auxilios para el ahogamiento (sacar a alguien fuera del agua). Sin embargo, en el habla coloquial no hay problema, y alguien puede avisar de que se ahoga queriendo decir que se asfixia por cualquier motivo.

El ahogamiento se debe principalmente a la imposibilidad de la víctima para nadar o a la disminución de su nivel de consciencia. En la mayoría de los casos se combinan las dos circunstancias, producidas por el “pánico” y por el “agotamiento” posterior de la persona envuelta en una situación de riesgo dentro del agua. El “pánico” se refiere a un miedo que conlleva la incapacidad de una persona para ayudarse a sí mismo o a otros. El “agotamiento” se refiere a la falta generalizada de fuerzas por la fatiga que viene tras realizar un esfuerzo intenso. Ambas causas son las principales de la mayoría de los ahogamientos que pueden suceder en aguas abiertas en un día cualquiera.

El escenario habitual de ahogamiento suele ser el de que a una persona el agua le cubra hasta la cintura o poco más, pero sea empujada por una ola unos metros más adentro; o que alguien esté a poca profundidad en una piscina con desnivel, y caiga hacia un nivel más bajo, y entonces deje de tocar fondo, se asuste y comience a luchar por mantenerse a flote, se canse y se hunda porque le abandonen las fuerzas.

El ahogamiento es un peligro para el que existen medidas de prevención largamente estudiadas y recomendadas por las instituciones:[7][8][9]

El tiempo de vida estando sin respirar bajo el agua depende de varios factores: la energía gastada mientras uno se ahoga, las veces que uno logre respirar, el estado físico, la edad, etc.

Inconsciencia:

Bajo el agua, alguien tardaría en quedar inconsciente entre 1 y 3 minutos (de manera muy general).[11]

Los mayores especialistas del mundo aguantan unos 3 minutos buceando antes de quedar inconscientes y casi 25 minutos si se quedan totalmente estáticos, aunque a la larga pueden sufrir secuelas o percances, siendo sus competiciones muy peligrosas.

Muerte:

Bajo el agua, alguien tardaría en morir hasta 10 minutos o muy poco más (de manera muy general).[11]​ Aunque, en un caso óptimo excepcional, los primeros auxilios reanimaron a un ahogado que estuvo bajo el agua 1 hora y 5 minutos aproximadamente.[12][13]

Cuando una persona se ahoga (sea en una piscina, en el mar, en un río, o donde sea), o desaparece en el agua, es necesario realizar un salvamento acuático[14]​ rápidamente. Esto es una operación de rescate con varias fases, que pueden ser resumidas así:


1. Poner en marcha el salvamento: Analizar la situación para ver qué es posible hacer, y pasar a hacerlo pronto.

Cuando no hay socorrista, es posible que cualquiera intente sacar a la víctima nadando, pero solo si piensa que es capaz de hacerlo bien (técnicamente y físicamente). Si uno cree que no podrá sacar correctamente a la víctima, aún es posible hacer todo lo siguiente:


2. Sacar a la víctima fuera del agua: Si la víctima no está agarrada a algo, ni puede salir del agua, es necesario sacarla de allí. Para ello, alguien tiene que nadar hasta donde está, y hacerle una maniobra con la cual remolcarla[15]​ hasta tierra.

El momento de tomar contacto con la víctima es importante. Cuando la víctima vea acercarse a quien rescata, es normal que intente agarrarlo desesperadamente. Algunos socorristas expertos nadan llevando con ellos algún objeto o toalla para que la víctima se agarre a eso y remolcarla así. Otros empiezan ofreciéndole una mano. Y otros directamente toman su brazo y se lo ponen detrás de la espalda para inmovilizarla antes de comenzar cualquier maniobra. En cualquier caso, el rescatador tiene que manejar ese primer momento y comunicarse con la víctima para intentar coordinar una maniobra de remolque.

En caso de que el agarre inicial falle, y la víctima se cuelgue del rescatador, y el rescatador no logre inmovilizarla ni zafarse de ella, el rescatador puede liberarse con sólo bucear un poco hacia abajo (porque las personas que no saben nadar tienden a moverse en sentido contrario: hacia arriba, para asomarse a la superficie). Tras escaparse así, el rescatador puede volver a intentar el agarre inicial.

Si la víctima está hundida, hay que sacarla a la superficie. En caso de que esté hundida a poca profundidad, valdría con agarrar uno de sus brazos (con cuidado, pues una víctima consciente puede intentar agarrarse desesperadamente al rescatador), y sencillamente ir tirando de ese brazo hacia arriba y en diagonal mientras uno nada (pues los cuerpos tienden a flotar), y seguir nadando así hasta que la víctima ascienda del todo (entonces tiene que quedar boca arriba). Pero puede pasar que la víctima esté aún consciente y se agarre al rescatador desde debajo del agua de manera incómoda, o que esté hundida tan profundo que su brazo no pueda ser alcanzado desde la superficie, así que a veces es necesario sumergirse, sostenerla por detrás y subirla en vertical.

Cuando el rescatador ya ha agarrado a la víctima, hay que remolcarla hasta tierra. Existen varias maniobras de remolque, pero, sea cual sea la elegida, la boca y la nariz de la víctima deben quedar siempre fuera del agua, y la maniobra tiene que permitir al rescatador nadar con fluidez. La maniobra de remolque más habitual es:

Si la víctima está inconsciente, hay opción de hacer algún remolque incluso más fácil, pues en ese caso solo hay que ponerla horizontal boca arriba, y nadar tirando de alguna parte de su cuerpo (normalmente de una muñeca) o de su ropa (normalmente del cuello de su camisa); pero es el rescatador quien tiene que ver cómo puede remolcarla mejor.

Los socorristas profesionales[16]​ conocen varias maniobras más, apropiadas para cada ocasión, y pueden ayudarse de algún instrumento reglamentario.


3. Hacer los primeros auxilios requeridos: Ya en tierra, si la víctima no respira o su corazón no late, hay que hacerle rápidamente una reanimación cardiopulmonar (RCP). Si la víctima respira pero está inconsciente, requiere ser tumbada de lado, para evitar que vomite y pueda atragantarse con el vómito.

En la reanimación cardiopulmonar (RCP), la víctima es tumbada boca arriba y el rescatador se pone a su lado.

Si la víctima no es un bebé, está recomendado comenzar por hacerle 5 ventilaciones normales (pinzar su nariz con los dedos, abrir su boca, cubrirla con la boca del rescatador e insuflarle aire así), para así movilizar el agua que haya entrado a los pulmones. A continuación, se alternan series de 2 ventilaciones (del mismo tipo) con series de 30 compresiones torácicas (presionando con las manos cruzadas sobre la mitad inferior de su esternón, el hueso vertical del pecho). Estas series continúan hasta que la víctima vuelva a respirar correctamente o lleguen los servicios médicos.

Si la víctima es un bebé (un niño de muy poco tamaño, normalmente de menos de 1 año), hay alguna diferencia: en las ventilaciones (las 5 iniciales, y las series de 2 que vienen después), la boca del rescatador cubre su nariz a la vez que su boca (porque la cara de los bebés es muy pequeña); y las series de 30 compresiones torácicas que se alternan se hacen con solo 2 dedos (en la mitad inferior del esternón: el hueso vertical del pecho).

Durante un tiempo se popularizó la idea de que la maniobra de Heimlich contra atragantamientos también funcionaría para reanimar a los ahogados en agua, pero actualmente está desaconsejada para reanimaciones.[12]

El ahogamiento es un problema de salud pública importante que provoca 320 000 muertes al año en todo el mundo.[17]

Aunque está poco reconocido en los países en desarrollo, es la 3ª causa de muerte por lesión involuntaria después de los accidentes de tráfico y las caídas. Esto excluye a los accidentes de transporte acuático.

La gran mayoría (aproximadamente el 97 %) de todas las muertes por ahogamiento sucede en países con ingresos medios y bajos. Las regiones occidentales del Pacífico y de Asia Sur-Oriental suman el 60 % de este tipo de mortalidad. Los varones en África y el Pacífico occidental tienen las tasas de mortalidad por ahogamiento más altas del mundo.

Considerando a las víctimas por grupos de edad, son los niños menores de 5 años de edad los que tienen las tasas de mortalidad por ahogamiento más altas. Entre la mitad y el 60 % del total de fallecidos por ahogamiento son niños de entre 0 y 14 años.

Según informa la Organización Mundial de la Salud en su Censo Global de Lesiones, el ahogamiento es la primera causa de muerte en el mundo para los niños varones con edades entre los 5 y 14 años, y la quinta causa de muerte para las niñas del mismo grupo de edad. Según la OMS, el 0,7 % de todas las muertes en el mundo, o más de 500 000 muertes cada año son debidas a la asfixia por sumersión accidental. Este número no incluye a los ahogamientos que ocurren en inundaciones, tsunamis y accidente de navegación, por lo tanto las cifras reales deben ser mayores.



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